opinión
Publicado el Lunes, 15 de febrero de 2010
AL AIRE LIBRE
ALMODÓVAR, EXLUIDO POR LOS MEDIOCRES

No me extraña nada que esa Academia de pitiminí que selecciona candidatos al Oscar haya excluido a Pedro Almodóvar. No es la primera vez que ocurre. Y para más inri, el director vejado consiguió ese año su segundo Oscar por otra vía. Era fácil pronosticar lo que ha ocurrido en la presente convocatoria. El pasado 29 de marzo dirigí una carta a Pedro Almodóvar, que reproduzco a continuación:

     Querido Pedro…

     Te has convertido en una gran figura internacional. Nadie en el cine español, ni siquiera Buñuel, alcanzó los éxitos que tú has cosechado. Te sacuden las ráfagas del genio. Eres razonador, incandescente, imaginativo. Has puesto los pies en la realidad y andas siempre con un bisturí entre las manos, sajando las carnes más altivas, los tumores más íntimos. Tu carrera profesional es un fulgor. Como persona todavía eres mejor y los tuyos te quieren hasta las fronteras del sentimiento profundo. Hace muchos años escribí que eres el disparate, la fantasía, la provocación, el jadeo, la saturnal. Eres la utopía, el delirio, el enojo, la mosca cojonera. Eres la excitación, la ironía, el antojo, el deseo, el alboroto, el furor sexual, abovedado y ambiguo. Eres la alucinación, la desmesura, el clímax, la plasticidad, el fornicario, el relicario. Eres la avispa que deja el aguijón clavado en el celuloide. Te has inyectado el cine en vena.

     Y claro. Ya han empezado a robustecerte con las envidias histéricas, los vacíos rencores, la suficiencia de la pedantería. No podía ser de otra forma. Eres demasiado inteligente para no saber que empezarías a recibir críticas injustas de los que no pueden digerir tu éxito.

     Me sumergí ayer en Los abrazos rotos. ¡Qué gran película! La interpretación no tiene un fallo. Blanca Portillo y José Luis Gómez, qué tíos. Pero todos, todos, están que se salen. Y aparte, Penélope Cruz, que es como un milagro en la pantalla. Siempre me pareció una actriz excepcional. Lo he escrito tantas veces… Me hablaste de Penélope hace muchos años en mi despacho de ABC. “Ninguna como ella”, me dijiste. La seguí desde entonces. Tenías razón. El guión de Los abrazos rotos está sabiamente construido y es interesante aunque, en algunos pasajes, desigual. La dirección, tan moderna, tan en la vanguardia, tan minuciosamente trabajada, tal vez sea la mejor de tu larga carrera profesional.

     No te habría escrito esta carta, querido Pedro, si no hubiera leído ciertas críticas dictadas por el rencor o la envidia. Es lógico que a algunos espectadores, que a algunos críticos, no les guste Los abrazos rotos. Y que lo digan. Pero desde el respeto a la cima intelectual dónde estás instalado. Lo que no es de recibo es la descalificación, el ninguneo, la invectiva, esa tendencia tan española a tirar de los pies al que se ha encumbrado.

     Los abrazos rotos, en fin, es un ejercicio artístico de gran calibre, un medido alarde de dirección e interpretación, un tributo a la calidad, un derroche de sensibilidad e inteligencia. Almodóvar, tu eres Pedro, y sobre esa piedra aquel muchachito receloso, con cara de pillete de barrio, pelo glotón, orejas desdeñosas, labios coñones y blandenguerías carnales, ha edificado ya una de las grandes construcciones del cine contemporáneo en la que alientan de nuevo Rosellini y Borzage, Fassbinder y Sirk.


Luis María ANSON
de la Real Academia Española

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