Durante la campaña electoral a José Luis Rodríguez Zapatero se le llenaba la boca afirmando que en el año 2010 su Gobierno conseguiría el pleno empleo. Las asustantes cifras de paro dejadas por el felipismo en 1996 fueron reducidas poco a poco por la gestión de José María Aznar. Desde el paro aterrador, la seguridad social en quiebra y el déficit público alarmante, la gestión aznarí se deslizó hacia el superávit, la seguridad social con grandes reservas y un paro decreciente.
Zapatero vivió durante la primera legislatura de la herencia de Aznar y de la inercia de sus medidas sociales y económicas. Se dedicó a despilfarrar, a conceder mercedes a diestro y siniestro, a otorgar dádivas, a comprar votos con el mayor descaro.
El resultado a la vista está. Las cifras de paro —el 12´8%- se acercan ya a las que el Gobierno de Felipe González dejó a Aznar y el vaticinio más serio señala un 15% para el año 2010. Del pleno empleo, en fin, a la catástrofe.
Ese es el cáncer de la economía española que Zapatero intenta paliar tarde y mal con dinero público en lugar de auxiliar a las pequeñas y medianas empresas que son las creadoras de empleo verdadero. Al paro galopante —estamos destacadamente a la cabeza de Europa-, hay que añadir la falta de competitividad de nuestro productos. La balanza comercial ha multiplicado por cuatro su desnivel en los últimos años. El turismo ya no alcanza a nivelar la balanza de pagos. Entre derechos laborales sin control y la mandanga y la picaresca, nuestra productividad se arrastra por los suelos. Zapatero piensa ya en retirarse en 2012 para que sea otro u otra quien lidie con el marrajo de su herencia.
Luis María ANSON
de la Real Academia Española
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