Antonio D. Olano
ANTONIO D. OLANO es periodista de larga trayectoria en el ámbito cultural. Amigo personal de Pablo Picasso, es especialista en la figura del malagueño, de quien ha publicado una docena de libros.
LO INSÓLITO COTIDIANO
Ha muerto Luis XIV
Era larga la relación de los cortesanos de una corte singular e irrepetible, la de Salvador Dalí. Aunque ese irrepetible genio de la prórroga del Renacimiento (“es el último artista renacentista”, decía de él Picasso) no se había autoproclamado, como su colega y amigo malagueño, el Rey. Con esta leyenda “Yo el Rey, yo el Rey, yo el Rey” orló uno de sus autorretratos.
La Corte del Rey Dalí tenía artistas, misses, deportistas, prestimanos, bufones, toreros, peluqueros y, desde siempre, un Monarca: Luís XIV. Así le llamaba, y hacía que le llamásemos, a una mujer singular: Nanita Kalachnikoff uno de esos seres humanos con los que se volcó la naturaleza: inteligencia, belleza, elegancia. Y, sobre todo, fidelidad, amistad…
Con meses de retraso-ni ella ni sus familiares deseaban que se publicase la noticia, porque estaba hecha para la felicidad, no para causar dolor- me informa ese gran personaje conocido por “Pitito” que Nanita ha muerto. La más viajera de los ciudadanos del mundo, la fiel acompañante de Salvador Dalí cerró sus bellísimos ojos en “Los llanos” la finca albaceteña de su hija marquesa de Paul.
Fernanda Carretero era su identidad de nacimiento. Una de las hermosas hijas de un periodista y escritor tan famoso como polémico, “El caballero audaz” firmaba J.M. Carretero, casada con un aristócrata y magnate ruso que le dio su apellido, Kalachnikoff, fue la feliz madre de unas chicas que le igualaban en belleza y, desde muy jóvenes, rindieron a sus pies a ese mundo mágico de la fama y el dinero.
Nanita (no lo olviden: Luis XIV ) era imprescindible en la vida de Dali y de todos sus amigos. Hubiese podido escribir la verdadera vida, la casi desconocida biografía del máximo genio de varios siglos. La bastaba con permanecer, honesta, castamente, a su lado. Todos los dalinianos nos veíamos constantemente frecuentando la ruta de artista: Nueva York, París, Port Lligat, Barcelona, Madrid…En todos los lugares de la ruta daliniana, el artista anunciaba su presenciaba así:.
-Aplausos para Su Majestad el Rey Luis XIX.
Su larga, maravillosa sombra, era la luz de Dalí, de su numerosa familia, una descendencia de bellezones femeninas. Desde hacía varios años Nanita había fijado su residencia en Marbella. Nunca renunció a moverse por todas las geografías en las que era conocida, respetada, admirada. Nanita era imprescindible para sus amigos, de posición y rango superiores jamás quiso alternar dentro de esa rutina, igualmente respetable, que es la “alta sociedad”.
Ha sido, y seguirá siendo ya dentro de la mejor Historia española, uno de sus representantes más apasionantes y cuya privacidad exigió que se respetase hasta la hora en la que en los espacios infinitos la recibieron los suyos tras adelantarse Salvador Dalí exigiendo un cerrado aplauso para Su Majestad Luis XIV.




