Se ha referido a los ministros que dimiten de su escaño en el Congreso de los Diputados con la ira contenida. Pero ha dicho sin piedad: “No hay que hacer caso. Son las ratas que abandonan el barco”.
Alguien en el PSOE debería recordarle a Zapatero que las ratas se escapan del barco cuando barruntan que se va a hundir. Por otra parte, el presidente circunflejo debería pensar que entre las “ratas” se encuentra el prudente, el sagaz, el sabio Solbes, el ministro de los éxitos económicos de la primera legislatura, el que se esforzó después por contener las ocurrencias zapaterescas, por taponar la hemorragia provocada por el presidente de las dádivas y las mercedes.
Desde la ignorancia más supina en materia económica, José Luis Rodríguez Zapatero da palos de ciego, toma medidas a diestro y siniestro, las rectifica a los dos días y produce generalizada sensación de improvisación y caos, lo que ha enervado a los dirigentes socialistas más responsables. Si el presidente hubiera podido, pero Europa no le ha dejado, estaríamos hoy en un corralito argentino y el dólar nos costaría por encima de las quinientas antiguas pesetas.
No, no son ratas. Se van para no votar en contra de los Presupuestos absurdos que propugna Zapatero. Solbes es un hombre leal al partido, también a sus ideas. No puede comulgar con las ruedas de molino de unos Presupuestos que contienen medidas disparatadas para salir de la crisis a la que nos condujo en gran medida la tórpida actuación personal de Zapatero. Malos tiempos para un hombre que siempre se ha visto adornado por la suerte. La caravana de sus colaboradores que escapan, tal vez haga meditar a Zapatero, agazapado ante la estampida en su madriguera de Moncloa.
Luis María ANSON
de la Real Academia Española
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