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Entrevista a israelíes
"Los líderes palestinos son el problema"

Entrevista a tres israelíes sobre su opinión acerca del futuro y presente de su país, su visión sobre el conflicto palestino-israelí, sus vecinos árabes y cómo perciben la vida sesenta años después de la creación del único estado judío del mundo.
Los tres son amigos y los tres son israelíes, aunque tienen puntos de vista diferentes sobre su país, Israel, y el futuro de éste. Gabriel Erez es israelí, nacido de inmigrantes rusos y estudiante de física, Daria Cohen llegó hace diez años después de hacer aliá (la ley del retorno judía) desde Eslovenia y Julia Filippone, argentina, licenciada en historia pero dibujante de profesión, se casó con un israelí, aunque según ella ¨soy tan israelí como cualquiera de los que están aquí¨.
Al principio Gabriel se muestra reticente a hacer la entrevista. Según él, ¨los medios no están dando toda la verdad sobre lo que pasa aquí, es demasiado complejo. Para mí, los medios de comunicación son tan culpables como los líderes ineptos, por crear una opinión muy desfavorable de Israel¨. Daria y Julia asienten en que muchos medios fallan a la hora de explicar el embrollado entramado que forma la sociedad israelí y cómo se vive el conflicto desde su país. ¨Es que hay que venir a verlo, la gente se sorprendería al ver que somos tan normales como ellos, que no nos comemos a nadie¨, sonríe Daria.
¿Cómo veis Israel dentro de otros sesenta años?
Gabriel: Buff, vaya pregunta más complicada, ¿no te puedo decir dentro de cinco o seis? Yo creo que por fin habrá paz, al menos lo espero. Vamos, que sesenta años son mucho tiempo, nadie quiere estar en un conflicto tan largo.
Daria: Pues yo no lo creo. Hay demasiados intereses en esta zona, demasiados países involucrados a los que no les conviene. Israel es como el muro de contención estadounidense. Si no ha habido paz hasta ahora no creo la haya en sesenta años, también por que no nos dejarían tenerla.
Julia: Ahora mismo la gente está muy decepcionada con el gobierno y hacia dónde va el país. Israel fue creado con mucho idealismo, mucho entusiasmo, espíritu sionista y todo lo que quieras, pero ahora después de sesenta años se comporta como un estado moderno. Esto quiere decir que hay corrupción (como en todos lados, señala Julia) y que no es perfecto, ni es ya la tierra de intrépidos colonos con ideales socialistas. Se han enfrentado a la realidad de un estado y no les gusta tanto como las historias de sus abuelos. Al principio de la creación del estado, el objetivo era sobrevivir a toda costa y ahora que más o menos tienen la supervivencia asegurada, la pregunta es ¿y ahora qué hacemos?
Mientras hablamos sentados en un café en el popular barrio de Najlaot, donde convive la bohemia de Jerusalén con ultraortodoxos, inmigrantes etíopes y rusos, Yitzik Elbas, el dueño del local se acerca para dar también su opinión. ¨Pues yo estoy convencido de que será un país bastante feo y habrá todavía más corrupción por todas partes. A mí me gusta la gente, no el gobierno que tenemos¨, afirma Yitzik, que todavía se aventura a decir que ¨de hecho no creo que Israel exista dentro de sesenta años, no duraremos tanto, probablemente nos borrarán del mapa en otra guerra¨.
Daria y Julia hacen aspavientos y le dicen que es un exagerado, ante lo que Yitzik se encoge de hombros y afirma que está convencido de ello. ¨Si no es eso, será la pasividad de los israelíes, que no se quejan de nada nunca y dejan que el país se vaya por el desagüe, porque no tenemos unidad, estamos muy separados¨.
Hablando de unidad, ¿cómo es posible que Israel no tenga una constitución? ¿Y la sociedad israelí? ¿Cómo es y cómo creéis que será en el futuro?
Daria: Los Haredis (los ultraortodoxos) especialmente, pero también los religiosos serán un problema. Ya lo son, pero todavía no lo vemos del todo porque estamos demasiado ocupados con los palestinos, el terrorismo, Irán, Hezbolá y el resto, como para darnos verdadera cuenta del alcance de esto. Yo creo que cuando fundaron el país no pensaron realmente que una buena porción de la población sería Haredi. La brecha entre esta gente y los laicos se hace más grande cada día, pero nadie se sienta a hablar y negociar nada. Como si no existiese el problema.
Julia: Si, es como si aquí no pasase nada, pero un día estallará. Es que son dos formas radicalmente diferentes de ver el mundo y la sociedad y jamás casarán juntas. La mayoría de los países que tuvieron su independencia vivieron luego una guerra civil y en Israel aunque no la ha habido ni la habrá, sí existirá mucha tensión. Ya la hay.
Gabriel: ¿Cómo vamos a ponernos de acuerdo en una constitución si mi concepto del judaísmo y la vida no tiene nada que ver con lo que es para un ultraortodoxo? Además, tendríamos que definir quién es ciudadano israelí y lo que supone serlo, así que los árabes israelíes también protestarían. Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de los ultraortodoxos no son sionistas, por lo que ni siquiera consideran que el estado israelí debería existir hasta que no llegue el Mesías.
Daria: Ah, también hay que tener en cuenta que la sociedad israelí es un mosaico de identidades y culturas diferentes. Con la aliá, llegan miles y miles de personas cada año a este país, desde sus lugares de origen, con su idioma y su propia cultura. Vienen de Rusia, América Latina, Irán, Iraq, Ucrania, Francia… La lista es enorme, así que imagínate la mezcla que es Israel. Es muy difícil contentar a todos.
¿Habrá paz dentro de diez años? ¿Creéis que veremos dos estados, uno israelí y otro palestino?
Gabriel: Eso es mejor que dentro de sesenta (se ríe). Israel ha cambiado muchísimo en estos sesenta años, ha pasado tres guerras. La verdad, yo sí que creo que en diez años ya tendremos paz con los palestino, además es que nos conviene. Demográficamente no nos podemos quedar ni con Gaza ni con Cisjordania, sería un desastre para nosotros. Serán demasiados, ya lo son ahora, en unos veinte años su población será más que la nuestra, hay que poner fronteras. Pero se tiene que dar la circunstancia de que coincidan dos líderes inteligentes, lo cual es bastante difícil.
Julia: Claro, en Israel hablar de sesenta años es como hablar de sesenta siglos. Aquí tenemos la sensación de que en cualquier momento desapareceremos, a cualquiera que se lo preguntes te dirá que esa es la sensación general.
Daria: No creo que se de la solución de los dos estados, porque en ambos bandos los religiosos son fanáticos y extremistas. No pienso que los árabes se contenten con lo que se les de, porque sus líderes nunca estarán contentos.
¿Por qué no ha habido paz hasta ahora?
Julia: Los palestinos no están organizados, están divididos también entre ellos. No se puede llegar a nada si no hay organización.
Gabriel: Mira, es muy complejo y no creo que se pueda explicar en unos párrafos solo. Yo sólo diré que creo que el problema son los líderes palestinos.
Julia: Tampoco son sólo ellos, tampoco vamos a poner la culpa sobre los palestinos. Ahora también están cambiando, se han dado cuenta de que con la actitud del principio no se puede llegar a nada, cuando decían que querían todo Israel. Ahora al menos la mayoría acepta la solución de los dos estados.
Daria: Si es que ellos no pueden hacer nada, ¿no lo entendéis? Son la herramienta de los países árabes, que ni siquiera les ayudaron durante mucho tiempo. Yo creo que es por su culpa por la que los palestinos no pueden negociar abiertamente.
Muchos israelíes o bien viven ya en el extranjero o afirman que quieren ir a vivir fuera. ¿Compartís esa opinión?
Gabriel: a mí sí me gustaría quedarme aquí. Es mi país, sea como sea y es mi lengua y mi cultura, pero no hay ninguna ideología detrás, no soy sionista. Como mis padres son rusos y crecieron durante la época soviética, cualquier expresión religiosa estaba prohibida, así que la mayoría de los rusos no son religiosos ni sionistas.
Daria: Yo tampoco lo soy, aunque no nací aquí, me gusta. No, creo que por el momento estoy a gusto aquí.
Julia: Lo mío es diferente. Yo no soy judía, vine aquí por mi marido, y a pesar de que estoy bien en este país, echo de menos Argentina. Echo de menos la gente, que es más abierta y relajada. Pero sobre todo, echo de menos las barbacoas de cerdo.



