Antonio Hualde
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación José Ortega y Gasset.
eppur si muove
Los Reyes Magos
Mucho se ha escrito sobre todo lo que rodeó al nacimiento de Jesús en Belén. Hoy parece claro que su “cumpleaños”, celebrado el 25 de diciembre, no debió de ser exactamente en esa fecha, sino que tal día se escogió coincidiendo con una celebración solar pagana. En base a ello, su nacimiento se dataría en torno al mes primaveral judío de Nisán, que curiosamente, suele coincidir con los inicios de la Semana Santa. Pero ¿Y los famosos Reyes Magos? ¿Existieron realmente? ¿Quiénes y cuántos fueron, y cuál era su origen? Estas y otras preguntas tienen difícil respuesta, toda vez que la documentación relativa a los Magos de Oriente es escasa y no siempre fiable.
La única mención que de ellos se hace en las Sagradas Escrituras corresponde al Evangelio de San Mateo, nada más. Lo único seguro es que venían de Oriente, y más concretamente de Persia -tres iraníes entrando en Israel…lo que son las cosas-. Abundando en esta teoría, un conocido mosaico de la iglesia de San Apolinar, en Rávena, los representa tocados con un gorro frigio, y todos de tez clara. Sería Orígenes, un teólogo egipcio que vivió en el siglo III, quien acotaría su número a tres. Para los armenios son doce, sin ir más lejos. Y lo del “rey negro” se debe al monje inglés Beda el Venerable, que en el siglo VIII escribía sobre "Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar, más joven y rubio; Baltasar, negro".
En cuanto a lo de “reyes” y “magos”, no eran ni lo uno ni lo otro. La voz “mago” bien pudo venir del griego magoi, referida a hombres sabios, de ciencia, probablemente astrólogos. De ahí que siguieran a una estrella, aunque si lo hicieron según el relato bíblico, estaríamos sin duda ante un fenómeno sobrenatural. Es imposible que un cometa, meteorito o cuerpo estelar alguno describa los movimientos que hizo la Estrella de Oriente. Su entronización como reyes es una interpretación del teólogo cartaginés Tertuliano, allá por el siglo II, de un pasaje del Libro de los Salmos: “Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Saba y de Seba ofrecerán dones”.
Otra leyenda cuenta que, tras la resurrección de Jesús, fueron consagrados obispos en Saba por Santo Tomás. Allí fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Sus restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena, de donde Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladaría a Colonia, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. La Catedral de Colonia se convertía así, junto con Santiago en España y San Pedro en Roma, en uno de los tres pilares -con permiso de Zaragoza- del cristianismo europeo. Y a quien no se porte bien, sea de donde sea, le traerán carbón.




