Antonio Hualde

Antonio Hualde

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación José Ortega y Gasset.

Todos los artículos de Antonio Hualde

PORTADA » opinión

Eppur si muove

La isla de Oak

24-09-2008

imprima esta noticia ENVIAR O COMPARTIR ENLACE

Allá por 1795, el joven Daniel McGinnis decidió un buen día salir a navegar con su bote. La travesía sería corta; desde su pueblo, Chester —Nueva Escocia, Canadá- hasta la vecina y deshabitada isla de Oak. Era una excursión muy común entre los lugareños, pero esta vez, Daniel halló algo que llamó su atención. De un viejo roble —Oak es roble en inglés- pendían una soga y una antigua polea, ya oxidada. Bajo ellas, una pequeña depresión, originada sin ninguna duda por la mano del hombre. Dado que en la comarca eran populares las historias de piratas que habían surcado aquellas aguas, el joven Daniel empezó a excavar, con la esperanza de hallar algún tesoro escondido. Y vaya si lo hizo. Su hallazgo sorprendería a más de uno.

No, no es un guión de una película de Spielberg. Es real. Tan real como desconcertante. Tras cavar medio metro, Daniel McGinnis encontró una primera capa de cantos rodados, a la que seguiría una segunda más compacta, 3 metros después, hecha de fibra de coco, roble y arcilla. Aquí lo dejaría y tomaría el relevo un hombre de negocios canadiense, que iría descubriendo sucesivas plataformas cada 3 metros, pero esta vez de carbón, masilla y fibra de coco. Por fin, a 30 metros, dio con una losa de piedra compacta, con extrañas inscripciones, que aún a día de hoy no han podido ser descifradas. Y dio también con la auténtica pesadilla del que sería bautizado como “Hells hole” —agujero del infierno-: agua. Gracias a una complejísima obra de ingeniería, al llegar a aquella distancia, en el pozo comenzaba a filtrarse agua, hasta el punto de inundarlo casi 10 metros. Posteriores “cazatesoros” darían con un antiguo dique cerca de la costa, lo que significa que, quien construyó aquel ingenio, no tenía el más mínimo interés en que se descubriese el secreto que allí se guardaba.

¿Y cuál era ese secreto? Ni siquiera con las tecnologías actuales se ha podido seguir excavando. Eso da idea de que los autores no debieron de ser simples piratas que, por lo demás, solían esconder sus tesoros de un modo mucho más rudimentario. Sirva como muestra el rosario de extraños objetos encontrados allí, y que se exhiben en el museo local de Chester. Se barajan toda suerte de teorías, algunas de ellas sumamente peregrinas, que van desde los vikingos hasta los templarios. Pero quizá la que más sentido pueda tener es la que sitúa por aquellos pagos a un teniente de ingenieros de la marina real británica, con la misión de guardar un fuerte cargamento de oro, destinado a financiar los intereses del imperio en la Guerra de Independencia norteamericana. Sea como fuere, la Isla de Oak sigue aún sin revelar su enigma. De momento…







enlaces patrocinados