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El fusilamiento de Ney

miércoles 19 de noviembre de 2008, 22:20h
El 7 de diciembre de 1815, el mariscal Ney era fusilado en París. Su cuerpo recibiría sepultura en el famoso cementerio de Père-Lachaise, en una fugaz ceremonia a la que ni su propia esposa pudo asistir. Casi al mismo tiempo, comenzaron a circular extraños rumores. Se decía que Michel Ney, si bien pasado por las armas, sobrevivió, y que todo era un montaje para simular su muerte. Así, el pelotón de fusilamiento habría empleado balas de fogueo, y la sangre que manchaba la guerrera del antiguo mariscal de Napoleón provenía de una bolsa con un líquido rojo que el propio Ney vertió sobre sí. Fue la masonería quien presuntamente le ayudó; los defensores de esta peregrina teoría atisban incluso vínculos con el Duque de Wellington, vencedor en Waterloo –donde, por cierto, Ney mandaba el flanco izquierdo-. Más aún, existe el testimonio de un empleado del camposanto parisino que presuntamente abrió su ataúd, hallando únicamente piedras en su interior.

Pero ¿Quién fue Ney en realidad? De orígenes humildes –su padre era un comerciante de licores alemán-, pronto se destacó como un soldado intrépido e impulsivo en el 5º Regimiento de Húsares. Pero amen de su probado valor, Ney era un hombre sumamente inteligente, cuyas aptitudes eran muy apreciadas por el mismísimo Napoleón. De hecho, participó con notable éxito en infinidad de combates, pero fue en la retirada de la Grande Armée -o lo que quedaba de ella- hacia Francia lo que le valió el reconocimiento definitivo. Acosado a diario por los regimientos cosacos del Ejército Ruso, Ney se erigió en el auténtico bastión de la retaguardia gala, dando así ejemplo a sus hombres, que comenzaban a desertar. Fue el último de los soldados franceses en pisar suelo ruso. El Emperador afirmaría entonces que “Francia está llena de hombres valientes, pero ciertamente, Ney es el más valiente de entre los valientes”.

Años después, en 1819, a la localidad norteamericana de Cheraw –South Carolina- llegaría un europeo llamado Peter Stewart Ney. Hombre culto y refinado, hablaba alemán y latín, y aunque en teoría no dominaba el francés, sí era frecuente verle consultando libros en ese idioma, sobre todo referidos a las campañas napoleónicas. Amante de la esgrima, era un consumado tirador de sable, y su forma de montar dejaba bien claro que aquel extranjero había recibido instrucción militar. En alguna ocasión, fruto del exceso de alcohol, dicen que llego a confesar quién era realmente, y que tal confesión la repetiría en su lecho de muerte. Allí fue donde el médico que certificó su fallecimiento descubriría una vieja herida en el brazo, igual que la que se produjo el Mariscal Ney en Maguncia. Posteriormente, grafólogos que tuvieron ocasión de comparar las escrituras de “ambos hombres” vieron asombrosas coincidencias entre ambas. ¿Verdad o leyenda? Lo cierto es que el fusilamiento de Ney tuvo bastantes visos de realidad, y lo más probable es que muriese comandando su propio pelotón de ejecución. No obstante, en el cementerio de la Iglesia de Third Creek, en Cheraw, aún se conserva la lápida de un tal “Peter Stewart Ney, soldado de la Revolución Francesa que sirvió bajo el mando de Napoleón Bonaparte”. Curioso.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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