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la compañía delabarca adapta el auto sacramental del dramaturgo

El Año Santo en Madrid, de Calderón de la Barca, en la iglesia de los Jerónimos

La iglesia de los Jerónimos de Madrid ha acogido este miércoles la representación del auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca “El Año santo en Madrid”. Ante un auditorio a rebosar, la joven compañía delabarca ha deleitado a los presentes con una escenografía muy cuidada a la que ha acompañado una iluminación y una musicalidad acertadas.

EL IMPARCIAL / Fotos: Manuel Engo

07-10-2009

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Los protagonistas del auto sacramental de Pedro Calderón de la Barca “El Año santo en Madrid” no tienen nombre ni apellidos: son el Pecado, la Gracia, el Hombre, el Albedrío, la Lascivia y las Virtudes. Este miércoles y mañana, la compañía delabarca lo representa en un escenario de excepción, la iglesia de los Jerónimos de Madrid, donde da cuenta de un talento joven que se atreve con un texto del gran dramaturgo del Siglo de Oro.

Con una adaptación a cargo de Nuria Alkorta y un extenso equipo artístico y técnico, la obra adquiere su máxima representatividad gracias a una cuidada iluminación y a la musicalidad aportada por el órgano del templo. La puesta en escena pone de manifiesto la atención prestada a los detalles. Ha sido cuidado el diseño de utilería, a cargo de Javier Chavarría; el de vestuario, responsabilidad de Elizabeth Wittlin Lipton; o la dirección musical, de Guillermo Bautista. Además, la representación cuenta con asesores especializados como el literario y artístico, Antonio Regalado; el de lucha escénica, Mon Ceballos; y el de voz y verso; Concha Doñaque.

Un momento de la representación de El Año Santo en Madrid (Foto: Manuel Engo)

Bajo el retablo del templo madrileño, dos disputas toman protagonismo: la del Pecado y la Gracia, y la del Hombre consigo mismo. Las calles de Madrid conforman el hipotético escenario de una escena en la que el Hombre se debate en el eterno dilema de los vicios o el decoro. Ayudado por el Albedrío, virará su destino para dirigirse hacia el deseo y los placeres a riesgo de perder el sentido de su peregrinación. Pronto, el Pecado, la belleza de Lascivia y los siete Vicios introducen al Hombre en un aparente camino sin retorno. Pero mientras el Pecado se jacta de su aparente victoria, la Gracia intercede ante el Oído y la Iglesia y obtiene la concesión de un Año Santo en Madrid. El Hombre, hastiado de sus Vicios, implora el auxilio de la Gracia de Dios. La Gracia demuestra así por fin al Pecado el triunfo de la Iglesia y del Hombre.



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