Martín-Miguel Rubio Esteban

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MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN es doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.

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Mirada escolástica

Bodegas Solís

23-05-2008

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Ejemplo de modernidad y de futuro prometedor en uno de los sectores más tradicionales de la economía nacional, el vino, es hoy la bodega valdepeñera FÉLIX SOLÍS S. A., con sucursales en otras autonomías, como Castilla y León, en donde hace vino de Ribera de Duero de excelente calidad, como “Altos del Tamarón”, cercano a Rueda, que aún se conserva en los viejos recetarios de nuestros Hospitales por su eficacia en las convalecencias, e incluso en países tan lejanos como China, en donde el vino nace del arroz, Sudáfrica, Nueva Zelanda o Chile. Su nave de producción de Valdepeñas es la más grande del mundo y un verdadero prodigio tecnológico. Su almacén robotizado y climatizado a 20 grados cuenta con un sistema de movimiento de palets inspirado en la industria automovilística japonesa. Treinta millones de botellas de insuperable néctar báquico pueden esperar en este almacén ciclópeo su distribución a los cinco continentes. Verdaderamente para el sector del vino, las Bodegas Solís representan uno de los mejores paradigmas de la industria moderna española, como lo demuestra el hecho de que el 40 por ciento de la facturación de esta Bodega emblemática de la modernidad vinatera se obtiene de los mercados exteriores. En la actualidad, la entrada en el ámbito de los vinos espumosos y cavas es un objetivo prioritario del grupo vitivinícola ante el crecimiento de la demanda.

Félix Solís Ramos, el nieto del fundador de la Compañía, ha sido el verdadero responsable y promotor de este inmenso despliegue del vino español en los mercados del mundo. Un vino que es el mejor antídoto para combatir esa mezcolanza de males que se puede resumir en la tristeza de vivir. Y que con él, en dosis moderadas, bebiéndolo bajo el dominio de nuestra voluntad, podemos convocar a la alegría, a la euforia y al optimismo, bienes del alma de las que nuestra salud no puede pasar ni renunciar. Para el hombre saludable, desde luego, tiene mayor atracción una bodega que una farmacia; lo mismo les ocurre al buen gusto y a la estética vital. Quizás por ello Valdepeñas tenga mayor alegría que Basilea, y España mayor euforia parlanchina que Suiza. Mayor eutrapelia. Y aunque los humanistas reprochaban con cierta envidia y juegos de homofonía a los españoles imperiales el hecho de beber buenos caldos con frecuencia (“Beati Hispani apud quos vivere est bibere”), sin embargo, es verdad divina, o por lo menos bíblica, que “bonum vinum laetificat cor hominis”.

La alegría (inequívocamente española) de los vinos de Félix Solís parece ya hacerse palpable en Huangdu (China), gracias a la Shanghai Félix Solís Winery. El vino se transporta desde España en contenedores en cuyo interior se sitúa una bolsa gigante de 24.000 litros. La travesía dura un mes y, una vez en la citada planta china -cuyos trabajadores son todos chinos, incluido el director gerente-, el vino es tratado antes de su envasado y distribución en el mercado. Es así que España está conquistando el gigante asiático con su mejor tarjeta de visita, y la que mejor nos identifica.







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