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Fusiones bancarias

William Chislett
sábado 25 de octubre de 2008, 18:30h
Hay que preparase para fusiones de entidades bancarias, según dice José Luis Rodríguez Zapatero quien, por fin, esta enfrentándose a la realidad y ha dejado de estar in denial como se dice en ingles. Y si esto pasa será por problemas propios de España y no porque la solvencia de bancos y cajas de ahorro se vea afectada de forma directa por la crisis de las hipotecas de alto riesgo (sub-prime) iniciada en Estados Unidos.

Es bien reconocido dentro y fuera de España que el sistema financiero español es relativamente más sólido que cualquier otro, al menos en Europa y Estados Unidos. Entre sus fortalezas está el régimen regulatorio y de supervisión, gracias al Banco de España que merece un premio por su prudencia y sensatez, en particular por haber introducido en el año 2000 provisiones contra cíclicas para créditos. Las entidades financieras dotan más provisiones durante las fases expansivas para el aumento del riesgo que está produciéndose en sus carteras y que sólo se revelará con el paso del tiempo. Se dotan más provisiones de lo necesario cuando la economía funciona bien, y se emplean cuando cambia el ciclo, como ahora ocurre. Los gobernadores del Banco de España han sido mucho más sabios que Alan Greenspan, antiguo Presidente de la Reserva Federal, quien dijo en 2004, “no solo las instituciones financieras individuales son ahora menos vulnerables a los sobresaltos de los factores de riesgo subyacentes, sino también el sistema financiero en su conjunto ha llegado a ser más sólido.”¡Vaya exaltación irracional!

Los autores de un estudio publicado en 2006 para el Banco de España, Gabriel Jiménez y Jesús Saurina, comprobaron que en los períodos de expansión se produce “una mayor relajación de los estándares crediticios”, tanto en términos de evaluación de la situación de los clientes, “como en la exigencia de garantías”.

El problema para el sistema financiero español es que el mercado de la vivienda ha experimentado en los últimos años un aumento del nivel de precios tan intenso o más que el de la gran mayoría de países de la OCDE y la previsible corrección de tales excesos terminará provocando graves pérdidas en las carteras de préstamos respaldados por esos activos actualmente sobrevalorados. Solo en 2006, se construyeron más casas en España que en el Reino Unido, Alemania, Italia y Francia juntos, y al finales del 2008 habrá mas de 900,000 casas terminadas que no se han vendido. Como escribió Fernando Fernández, el rector de la Universidad Lebrija y muy sabio economista, en el Wall Street Journal (edición europea de 16 de octubre), “Algunas instituciones están indudablemente sobreexpuestas al sector de la construcción, en particular a promotores inmobiliarios, cuyo colateral (el valor del terreno) ha sido destruido. En el actual estado de nerviosismo, cualquier fallo individual tiene consecuencias sistémicas potenciales.”

La experiencia internacional indica que las crisis inmobiliarias siempre llevan a crisis de solvencia de algunas entidades de crédito y es difícil que España pueda sustraerse a ese fenómeno. Tal vez los más vulnerables sean algunas cajas de ahorro (hay 45 en comparación con 70 al finales de los años 70) – ya circulan varios nombres.

Al mismo tiempo, como ha demostrado Grupo Santander, las circunstancias actuales presentan oportunidades para los más fuertes. Santander ha comprado dos bancos débiles en el Reino Unido (Alliance & Leicester y Bradford & Bingley) y el 75% del banco estadounidense Sovereign que no tenia. Tras estas adquisiciones, que aportan unas 450 sucursales, la red de Abbey (comprado en 2004) en Reino Unido se sitúa en 1.286 oficinas y Santander ha alcanzado masa crítica, incrementando la cuota estimada en el negocio de Personal Financial Services del 6% a entorno el 10%.

Las medidas urgentes aprobadas por el Gobierno para apoyar a las entidades financieras españolas (entre ellas, la creación de un Fondo para la Adquisición de Activos Financieros y el otorgamiento de aval del Estado a las operaciones de refinanciación) han sido necesarias y útiles para restablecer la confianza en las entidades de crédito españolas. Pero hacen falta más detalles y transparencia: parece que un pequeño grupo de funcionarios tomaran todas las decisiones importantes, abriendo la puerta al favoritismo y clientelismo, particularmente en el sector de las cajas de ahorro (controlan en torno a la mitad de los activos y pasivos totales y disfrutan de una relación cómoda con los políticos locales). Y al no tener acciones no pueden ser absorbidos por los bancos comerciales (estos sí pueden ser absorbidos por las cajas).
Ahora toca buscar medidas eficaces que contribuyan a que la crisis económica no se vea agravada por el estrangulamiento financiero de las empresas con serios problemas de liquidez.

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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