Juan Velarde Fuertes

Juan Velarde Fuertes

JUAN VELARDE FUERTES es catedrático Emérito de la Universidad Complutense y miembro de la Fundación de Estudios Sociológicos

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TRIBUNA ECONÓMICA

Suecia, como ejemplo de reforma

11-03-2008

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No podemos pasar por alto la reciente aparición del libro de Mauricio Rojas, un diputado del partido liberal sueco, aunque nacido en Chile, Reinventar el Estado de Bienestar. La experiencia de Suecia (FAES, 2008). Pero, ¿no era maravilloso lo que allí existía?

Debemos a un gran economista sueco, Assar Lindbeck, una frase que contiene una acerada crítica. Según él, el lema del Estado de Bienestar era “siempre más, nunca bastante”. Ahora toma el relevo Rojas, graduado como doctor en la Universidad de Lund, donde impartió enseñanza el gran Åkerman, y en la que fue Rojas profesor. Ahora dirige el Instituto Timbro en Estocolmo, donde apareció en 2001 un ensayo que comenzó a llamar la atención, Beyond the Welfare State. Después, con este libro, el mensaje que insinuaba Lindbeck llega con claridad a España, justamente cuando la propaganda socialista se ha hecho fuerte en el Estado de Bienestar tradicional. Cuando Solbes intentaba poner en un brete con esto a Pizarro, me recordaba a Felipe González haciendo lo mismo, frente a Aznar, agitando el desatinado parón nuclear.

Gracias a Rojas, pueden los españoles enterarse de la considerable revolución sucedida precisamente en el Estado de Bienestar sueco. El sistema socializado anterior había concluido por originar una muy seria crisis económica, un proceso que se explica minuciosamente y claramente en las páginas 42-54 y que, en el caso de España, ahora mismo puede perfectamente reproducirse. De ahí la opción nueva que se expone en este libro en cuatro aspectos básicos de cualquier sociedad de bienestar. El primero es el de la educación, donde muestra cómo ahora ha triunfado el cheque o vale escolar (páginas 64 76) y se proyecta un cambio fundamental hacia el esfuerzo en vez de aceptar la “escuela progresista”, basada en la libertad del estudiante.

En la salud existe un cambio radical hacia la colaboración con grandes empresas privadas, como Capio (páginas 87-91). Asimismo, aquí todo se encamina hacia una libertad creciente, aunque con muchos casos de copago (página 95, por ejemplo). En realidad ha surgido un seguro privado de enfermedad financiado a través de vales por el Estado. Finalmente, dado que se aproxima un serio problema para nuestro sistema de pensiones —la bibliografía que existe sobre esto es enorme , la consulta en esta obra de las págs. 107-118 resulta, no ya obligada, sino urgente. El sistema mixto de reparto y capitalización, parece algo obligado. Existe una interesante propuesta de Barea que va por ahí. Finalmente, están las prestaciones de desempleo. Su reforma, sencillamente, intenta alterar la forma de la curva de oferta de trabajo, con medidas coercitivas muy fuertes (páginas 124 127).

En resumen, para entender del todo este funcionamiento de lo que Rojas llama capitalismo del Bienestar, no vendría mal que los responsables de estas cuestiones visiten Suecia, y como estamos en régimen de autonomías, contemplasen lo que sucede en Estocolmo ¿un ejemplo para la Comunidad de Madrid? y más concretamente en el municipio de Nacka (páginas 97-99).

El libro es muy claro, documentado y abre perspectivas nuevas sobre ese tan admirado modelo socialdemócrata sueco. Por ejemplo, un fundamental adalid de la socialdemocracia sueca ha sido Myrdal, con su famoso informe a la Comisión de Desempleo en 1934, “Finans politikens ekonomiska ver Kningar”, traducido al español con el título de “Los efectos económicos de la política fiscal” (Aguilar).

Pues bien; Myrdal anduvo previamente por los meandros de un nacionalsocialismo derivado directamente del germano. Cuando en este libro se lee en las páginas 26-29 las derivaciones del mensaje generado por el “folkhemnet”, emparentado con el “Volkgemeinschaft”, o “comunidad de raza” y de la creación del “Hombre nuevo del futuro”, tanto por la educación como por la genética, como se observa con las leyes suecas de esterilización forzosa vigentes de 1935 a 1975, las cosas parecen bastante claras. ¿No es, pues, esto de la socialdemocracia, un camino equivocado? ¿No deberíamos aprender en España de los suecos? ¿No son éstas, ahora mismo, como adjetivaría Azorín, dos preguntas formidables?







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