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España gana en seguridad vial
Los datos de siniestralidad al volante presentados por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, son realmente esperanzadores, sobre todo si se toma la referencia de anteriores ediciones. Así, la cifra de muertos en accidentes de tráfico en las carreteras españolas durante el pasado 2009 fue de 1.897, lo que supone un 13% menos que en 2008 y la primera vez que desde 1964 se cierra un año con menos de 2.000 muertos. Lejos de lanzar las campanas al vuelo, y con una mesura y sentido de la oportunidad dignos de mención, Rubalcaba añadía que “aún queda mucho por hacer cuando se habla de tantos muertos y heridos en las carreteras”.
No le falta razón al ministro. En seguridad vial, como en tantos otros aspectos, lo importante no es llegar sino mantenerse y, precisamente por ello, lo ideal sería que este 2010 que ahora empieza mantenga la tónica descendente en accidentes mortales. Para ello, es importantísimo que se siga con la concienciación social de lo peligrosas que resultan determinadas conductas: no llevar el cinturón de seguridad, respetar los límites de velocidad y, fundamentalmente, evitar el alcohol si se va a conducir.
En este sentido, conviene precisar que han sido determinantes las modificaciones legales en materia de tráfico -carnet por puntos o endurecimiento de las sanciones, con tipificación penal para algunas de ellas-, y que gracias a ellas la siniestralidad al volante puede haberse reducido. Pero donde realmente hay que buscar una de las causas fundamentales de esta reducción de accidentes de tráfico es en el cambio de percepción de ciertas conductas. No hace mucho, rebasar con mucho los límites de velocidad o conducir bajo los efectos del alcohol no estaban tan mal vistos socialmente como ahora. Es la concienciación de que este tipo de hábitos resultan un peligro para todos la verdadera clave del éxito de Tráfico. Por eso tanto Interior como la DGT deben seguir profundizando más en educación vial, y quizá un poco menos en determinadas sanciones económicas que bordean peligrosamente el límite entre lo disuasorio y lo meramente recaudatorio. También aquí es conveniente conducirse con prudencia.
Con todo, el éxito del Gobierno español en esta materia es indudable y elogiable. Con ello se demuestra que, cuando se cree en algo con firmeza y buen sentido, y se trabaja con celo e inteligencia, las cosas terminan por salir bien. Muchas de las medidas emprendidas por Tráfico eran impopulares. Sin embargo, el Gobierno ha mantenido el pulso, atendiendo más a sus convicciones y buen hacer que a la obsesión distorsionada de los sondeos.




