Mariano Torralba

Mariano Torralba

MARIANO TORRALBA es empresario teatral.

Todos los artículos de Mariano Torralba

PORTADA » opinión

el chivato

Garantía del doblaje

31-01-2011

imprima esta noticia ENVIAR O COMPARTIR ENLACE

La riña de los actores de doblaje frente a los del cine y la TV es ya una rutina en ambos gremios. Los primeros perdieron su permanente reivindicación de figurar en los rótulos de crédito, por culpa de algunos mimados —ganadores de grandes premios- que, con discordantes timbres de voz, sin proyección o con una deficiente vocalización, no podían consentir que su público conociese la artimaña sucedánea. En dichos casos, los grandes del doblaje, al sustituir en el mismo idioma, a los consagrados de la pantalla, reclaman —y reciben- el doble de lo estipulado en los escandallos vigentes. Ah, como penalización al engaño, el pago de su anonimato, debe hacerse en metálico y al término de cada sesión.

Los del cine y la TV —no todos- pretenden acabar con las voces de los dobladores; es decir, con el doblaje. No recapacitan en que, parte de los éxitos de las películas y las series de televisión que nos llegan de fuera, se deben a la buena interpretación de los actores de doblaje que, desde los planos correspondientes, son capaces de hacernos llegar hasta la última sílaba de sus expresiones.

No es difícil experimentar las diferencias entre ambos procesos. Si cerramos los ojos durante la emisión de una serie o película foránea —serie o película doblada- entenderemos todo cuanto se habla y hasta cuanto sucede en la acción. Cerremos los ojos, por el contrario, durante la emisión de una serie española, de las más costosas de reciente producción: como los actores no proyectan la voz o no vocalizan —muchas veces por recibir órdenes de “no actuar” de algunos directores muy modernos- no nos podremos enterar de nada de lo que en la situación sucede, solo susurros y palabras mutiladas de su sílaba final.

Lo malo es contagioso y, en ausencia de buenos profesores, hasta los informadores han adquirido los vicios de aquello que oyen —o de lo que no oyen-; así, cada frase comienza en tono normal que se va elevando hasta detenerse en la penúltima palabra, aquí se produce un breve silencio y se concluye con el último vocablo en tono bajo que resuelve. Y, aun no es todo. Ya pocos son los que saben pronunciar la X, o los capaces de pronunciar la R antes de la S, sin hacer pausa, quienes —casi todos- apocopan pronombres con verbos, o preposiciones con adverbios: “m’a pasao”, “m’a dicho”, “p’a” cuando, “p’a donde”… Todo, una alarma que está contaminando la fonética del rico idioma español. ¡Cuidado actores! ¡Guardaos de diletantes y directorcillos!







enlaces patrocinados