José María Zavala

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José María Zavala es sociólogo e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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tribuna

Berlín, veinte años después

05-11-2009

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Recientemente se cumplieron veinte años de la caída del muro de Berlín. Con frecuencia me han preguntado si aún se perciben diferencias entre las zonas divididas en el pasado, a lo que yo siempre respondía de forma afirmativa, pero es algo que debe ser matizado y continuamente replanteado. Como es lógico, la situación de la capital no es comparable a la del resto del estado, pues en el resto de la antigua RDA los contrastes son mucho más apreciables.

Es importante recordar que Alemania del Este no se “unificó” con la Alemania Occidental, tal como se suele expresar, sino que, por razones obvias, fue absorbida por ésta. A modo de reacción contra los numerosos cambios existe actualmente un fenómeno llamado Ostalgie, (término que viene a unificar los términos “nostalgia” y “este” en alemán), que trata de mirar con buenos ojos el pasado socialista, a través de un ejercicio de memoria sesgada. Esta Ostalgie tiene dos vertientes, una puramente sentimental, la de gente más bien mayor que no encuentra fácilmente su lugar en el “nuevo mundo” y otra comercial, la de gente joven que se divierte comprando y ostentando símbolos de la RDA, convertidos ahora en verdaderos iconos “kitsch”. En su tarea de absorción, el capitalismo trata de mercantilizar incluso el pasado de su territorio conquistado. Por otro lado, quienes intentan gestionar la memoria histórica desde una posición crítica, recordando la falta de libertades, los excesos de la Stasi o las privaciones, han de librar una extraña lucha simbólica con quienes tratan de hacer dinero vendiendo miniaturas y reproducciones de los referentes más conocidos de Alemania del Este.

Una vez caídos los muros de la política, los muros de la especulación crecen con aparente invisibilidad. Las casas de las que huían las familias con grandes aspiraciones son ahora una gallina de los huevos de oro y la revalorización de los espacios es planificada meticulosamente. Actualmente algunas zonas del Este de Berlín, sobretodo en barrios como Mitte, Friedrichshain y Prenzlauerberg son símbolo del triunfo del capitalismo más banal. Galerías de arte, cafés y pubs ejercen con eficiencia y sutilidad su función al servicio de la especulación urbanística. Viviendo allí olvida uno cualquier percepción dialéctica de la realidad, para lo cual tendrá que ser especialmente hábil y recurrir a la foucaultiana microfísica del poder. La contemplación parece el modo de vida imperante. Los anglicismos han desplazado con gentil violencia al trasfondo rusificado, y una vez al mes se celebra la “larga noche de las compras”. Los movimientos de resistencia surgidos en los 90 se diluyen poco a poco y se ven condenados al ostracismo.

Vacías quedan algunas de las peores torres del Este, ya en la frontera con Brandemburgo. Esos terribles panales que la gente enseguida asocia con el comunismo, pero que tanto abundan en Occidente. Las familias de la periferia prefieren meterse en chalets individuales, y vemos que fuera del insomne corazón de la ciudad, ocurre lo mismo que en el resto de Europa: desestructuración, desintegración, autodestrucción. Son los cinturones urbanos de los coches tuneados, los centros comerciales, los rostros mustios a las seis de la mañana en el metro y los fines de semana de ocio masivo y compulsivo.

Ahora en Berlín quedan decenas de islas en el paisaje esperando a que los “especialistas” les den un uso, una forma, algún tipo de continuidad urbanística, y sobretodo, valor en el mercado. Ejemplo de ello es el proyecto Media Spree, que sin miedo a la ambición pretende encauzar el río que atraviesa la capital alemana mediante rascacielos con oficinas, hoteles y viviendas de lujo, y espacios para ocio de alta gama. Otra forma de unificar Berlín, pero con nuevas divisiones.

Cuando uno traspasa con la bicicleta el antiguo muro, ya sea cruzando la puerta de Brandemburgo, El Checkpoint Charlie, o alguno de los puentes que antes suponían una frontera, ha de hacer un verdadero esfuerzo para imaginar que en esos puntos existía una división entre dos mundos. Pero no será menor que el esfuerzo necesario para vislumbrar las nuevas fronteras, quizás también fruto de una inocente servilleta en un encuentro entre gobernantes y estalinistas de los negocios.



Para contactar con el autor: jmzavala@gmx.net




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