México: la disputa por el petróleo
domingo 20 de abril de 2008, 22:15h
La sola propuesta de abrir el sector energético al capital privado, al margen de términos y condiciones, provocó grandes reacciones políticas, sorprendentes para cualquier extranjero. La iniciativa del presidente Felipe Calderón presentada al Congreso llevó a la toma de la tribuna, la movilización popular y la amenaza de otras acciones de “resistencia civil” por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD), encabezadas por su ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador.
Las reacciones al proyecto no sólo son políticas ni pueden tacharse de mitos revolucionarios. La oposición a las reformas se inscribe en una profunda cultura política con raíces en el pasado colonial. En éste, la propiedad originaria del suelo y del subsuelo pertenecía a la Corona española, principio que retomó la Constitución de 1917, promulgada al concluir la Revolución en favor de la nación. El reparto agrario y la nacionalización del petróleo en 1938, realizados por el presidente Cárdenas, se constituyeron en los pilares de una endeble soberanía y alimentaron un nacionalismo vulnerado por las intervenciones extranjeras del siglo XIX. Gracias a Cárdenas, el Estado mexicano adquirió, por vez primera, una gran autonomía con respecto a todos los actores sociales y a los grupos de interés nacionales y extranjeros. No en balde Cárdenas proclamó que el Estado era “el árbitro y regulador de la vida social”.
Además del reparto de tierras, la favorable legislación laboral, la educación popular, la seguridad social y otras medidas enriquecieron la cultura política de las mayorías a lo largo del siglo XX. El último presidente que perteneció al Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ernesto Zedillo, y el primero que provino del Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox, creyeron poder destruir los “mitos” revolucionarios que, ahora, han resurgido violentamente al plantearse un nuevo intento, moderado por cierto, de permitir el capital privado en ciertas actividades de Pemex.
No es de extrañar. Para los excluidos de la modernidad, el Estado de la Revolución mexicana, aunque sea un mito lejano, sigue siendo la única esperanza de mejorar. Por algo el PRD, cuyos dirigentes son ex priístas, se reclama el auténtico heredero de la Revolución.
El partido en el gobierno desde el 2000, el PAN, ha sumado a su falta de oficio político, la ineficacia y la corrupción que denunció como privativas del PRI. Las derechas que acompañaron al ex presidente Fox intentaron cambiar todo, hasta la Constitución, convencidas de las tonterías acerca de la presidencia omnipotente y de “la dictadura perfecta” (Vargas Llosa). Para alcanzar sus fines pretendieron gobernar con la “ciudadanía”, al margen de las instituciones y de los partidos, comenzando por excluir al PAN. El fracaso no se hizo esperar y el PAN pagó los platos rotos: perdió casi todas las elecciones locales, no obtuvo mayoría en la Cámara de Diputados y estuvo en un tris de perder la presidencial del 2006 (0,56% de diferencia), en una elección sembrada de impugnaciones. El PRD niega aún legitimidad al presidente Calderón.
La antipolítica de las derechas ha desembocado en la balcanización y en la “feudalización” de los gobiernos de las entidades federativas. Si se agrega el desempleo creciente, la escandalosa concentración del ingreso, la casi inevitable recesión estadounidense (principal mercado para México) sumados al narcotráfico omnipresente, la estabilidad del país no está garantizada. En este ambiente la propuesta petrolera del presidente Calderón se encuentra tambaleante.