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Siria, a la deriva
La Liga Arabe ha anunciado la repatriación de sus observadores desplegados en Siria, ante la nueva escalada de violencia que vive el país. El número de civiles muertos -es muy difícil contrastar datos, habida cuenta de la censura impuesta desde Damasco- aumenta cada semana, sin que la situación parezca tener visos de revertir. Antes al contrario, nada cambia en Siria. El régimen de Bashir al Assad acumula tantas promesas de cambio como incumplimientos, sabedor de la impunidad con que puede seguir actuando.
Al menos, esa impunidad parece tener sus días contados entre la mayor parte de miembros de la Liga Arabe. Conscientes del menoscabo de credibilidad que suponía su connivencia con el régimen sirio, decidieron dar carta de naturaleza al informe presentado por los observadores y denunciar las atrocidades que se están cometiendo por parte de las fuerzas leales a Bashir al Assad. En esta ocasión, nada hay que reprochar a la Liga Arabe. Sí, en cambio, a Rusia y China, valedores de un tirano que cada vez está más solo. Si Bashir al Assad no quiere acabar como Gadafi, quizá debería reflexionar antes de seguir masacrando a su propia gente.




