Expresé mi rechazó sin fisuras al golpe de Estado hondureño. Lo he reiterado muchas veces en este periódico y en programas de radio y televisión. Sigo en la misma posición. Pero mentiría si no añadiera de sólito la impresión que me ha causado una fotografía de Zelaya publicada en el diario El Mundo.
El presidente derrocado aparece en actitud chulesca con una metralleta en la mano derecha, un pistolón al costado y otro cruzado sobre el torso. Los ojos desafiantes, el bigote enhiesto y fanfarrón, la amenaza en todos los poros de la piel. Da miedo.
La fotografía no tiene mucho tiempo y va acompañada de un reportaje que instala a Zelaya en la frontera de las redes del narcotráfico, cercano a las Farc y a la larga mano de Chávez. No se puede descartar el propósito de los capos de la droga de convertir a Honduras en un país bisagra para el narcotráfico. Los tentáculos del mundo de la droga aprietan en los más diversos lugares.
Honduras necesita una solución democrática a la situación creada tras el condenable golpe de Estado. El órdago que ha jugado Zelaya, infiltrándose en su Sierra Maestra de la Embajada brasileña, no es de recibo. La violencia puede desencadenarse en cualquier momento. Lo que necesita Honduras, país que conozco bien, es diálogo, concordia, conciliación. Y elecciones ejemplarmente libres, avaladas por instancias internacionales de prestigio. Eso está bien lejos de la imagen atroz de Zelaya con su metralleta y sus pistolas, al peor estilo de su ídolo Fidel Castro. Los hombres que defienden la libertad no pueden aceptar ni a los golpistas ni a los castristas.
Luis María ANSON
de la Real Academia Española
Todos los artículos de este autor