Entre adoquines
Las mentiras de Zapatero no salen gratis
Con la frase “No se tocan los pilares del Estado de Bienestar”, escrita en mayúsculas y negrita, con una tipografía bastante mayor que la del resto de los encabezamientos, se inicia el documento que Zapatero presentó ayer en el Congreso para anunciar las medidas que, obligado por Europa e incluso Estados Unidos, va a tomar el Gobierno para reducir el déficit. Es sólo una muestra más de que el PSOE sigue tratando a los españoles como si fuéramos unos ignorantes que a la hora de ponerse a leer las instrucciones para fabricar una bomba, nos creemos que se trata de la apetitosa receta de un pastel, sólo porque así se titula lo que tenemos delante de las narices. ¿De verdad pretende con ese demagógico encabezamiento hacernos creer que no se están recortando derechos adquiridos de muchos ciudadanos?
A estas alturas, que Zapatero o alguno de sus ministros mientan no es ninguna novedad. Sin embargo, nunca como ayer resultó más patético y descarado, porque, en otras ocasiones, había pasado un tiempo entre el “digo” y el “diego”, que para sus incondicionales era bastante para olvidar que, una vez más, su acción iba en contra de lo que sus palabras habían anunciado con la única intención de seguir acariciando las orejas de sus votantes. Esta vez no ha habido tiempo. En sólo cinco días ha pasado de negar con rotundidad la necesidad de hacer drásticos e inmediatos recortes para rebajar el déficit, como le exigió Rajoy en La Moncloa, a comparecer en el Congreso para presentar su plan de medidas que, según reza el documento, “suponen un esfuerzo colectivo sin precedentes”. Y con tan poco margen que dejar a la débil memoria de los que, llueva o truene, siempre encuentran argumentos para defenderle, puede que, por fin, algunos se quiten la venda y sean capaces de reconocer que, por mucho que sea el líder de su partido, no se merece, bajo ningún concepto, seguir al frente de la nación. Pero, sobre todo, somos los españoles los que no nos lo merecemos.
Rosa Díez, en una intervención corta pero contundente durante la que le ha acusado de ser él, Zapatero, lo mismo que los inversionistas a quienes culpa de todos los males del país, un auténtico especulador, le ha pedido lo que en este momento debería ser naturalmente aceptado por todos: que convoque elecciones para que sean los ciudadanos quienes decidan cómo y con quién desean salir de la crisis. “Sea patriota”, le ha pedido la diputada, pero mucho me parece que pide a quien, desde que subió al poder, ha demostrado que España es, demasiadas veces, la última de sus preocupaciones.
En todo caso, tampoco las medidas tomadas parecen haber convencido a nadie fuera de su entorno más próximo. Los sectores más a la izquierda del PSOE han declarado que no comparten las duras medidas anunciadas y Juan Antonio Barrio, portavoz de Izquierda Socialista, ha dicho bien alto que no entiende que sean “los funcionarios, los pensionistas y las madres quienes tengan que pagar las veleidades del mercado”. Mucho menos la ineficacia y la falsedad de Zapatero, habría que añadir. Y a nadie se le ha pasado por alto que clásicos veteranos del socialismo, como Alfonso Guerra y Francisco Fernández Marugán, fueran los únicos diputados del PSOE que no se levantaron para aplaudir a su líder tras la primera intervención. No es mucho, pero por algo se empieza.




