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    30 de julio de 2014

La alegría en la casa del pobre

Nos informa el periódico de que se destinará la ganancia de una inminente subasta de fotos de famosas modelos desnudas a “proyectos humanitarios”. Iniciativa que con parecer hermosa no deja de ser una adaptación de la provechosa máxima “el fin justifica los medios”.

Y de filosofía tan práctica, curiosamente, las mil ocurrencias solidarias; entre otras, la de los reportajes de princesas y cantantes con niños de la India, por razón de que al ir la celebridad se sanea el lugar y se conciencia el personal, lo que de otro modo, parece ser, no se lograría. Aun sin dudarlo, no se puede evitar suponer que de visita en visita “poco durará la alegría en la casa del pobre”.

En esta línea están también las galas de la cruz roja, a millón el cubierto y a millón el modelito pertinente para la ocasión; como cuanta fiesta, concierto o sarao se organiza en nombre de tal enfermedad o cual penalidad. Esta vía de darse un gusto a la par de hacer caridad, recuerda, en cambio más, a la resuelta fórmula de “matar dos pájaros de un tiro”.

Pese a este simpático cinismo reinante, no deja de ser un espectáculo exponer la discreta bondad a la luz de los focos hasta bien confundirla con otra cosa. La secta del pragmatismo simplificador -que decía Ortega- al final lo que consigue es enrarecer la atmósfera. Pues en la creencia de que “más vale pájaro en mano” se educa en la artificial competitividad suplantando la natural colaboración. Como recuerda con obviedad Scheler, para el que gusta de compadecer es preciso que otro padezca sin interrupción. Y por eso se prefiere, como Umbral, un pájaro volando a cien presos en la mano.
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