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    22 de agosto de 2014

¿Estamos ante un inminente ataque terrorista CBRN?

Desde los atentados con gas sarín por la secta de Aum Shinrikyo en Japón, de 1994 a 1995, el envío de cartas con ántrax en los Estados Unidos, en octubre de 2001, y los ataques con cloro por miembros de al-Qaeda en Iraq, entre 2006 y 2007, no ha habido en el mundo ningún incidente grave de tipo químico, biológico, radiológico o nuclear (CBRN). Aunque limitados en cuanto a su alcance y sus resultados letales, estos ataques materializaron, si bien tarde, la potencial amenaza de CBRN percibida desde principios de la década de 1970.

Los actuales sucesos en el Gran Oriente Medio han conjurado el espectro de un peligro actual mucho mayor.

Tras la caída del régimen de Gadafi se supo que, pese a sus obligaciones internacionales, mantenía oculta una parte de su arsenal armamentístico químico. En Libia fueron hallados dos emplazamientos que contenían armas químicas, lo que fue notificado a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW) y a los Estados Unidos.

Los inspectores de la OPCW visitaron Libia a mediados de enero de 2012 y encontraron provisiones de gas mostaza. Ahora Libia tiene de plazo hasta el 29 de abril de 2012 para presentar un plan detallado y fijar una fecha para que el material quede completamente destruido.

Sin embargo, nadie está seguro de si esas provisiones no podrían llegar a manos de elementos terroristas, del mismo modo que armamento pesado, misiles tierra-aire y misiles antitanque llegaron a manos de los yihadistas en la Franja de Gaza y, posiblemente, a manos de elementos de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), en la región del Sáhara. Por ejemplo, en febrero de 2012 fueron hallados 43 misiles antiaéreos SA-24 y misiles portátiles SAM-7 en un escondite en la ciudad de In Amenas, al sur de Argelia, cerca de la frontera con Libia.

La situación de Libia podría guardar relación con las armas químicas (agentes nerviosos y vesicantes), biológicas e incluso radiológicas encontradas en manos del atribulado régimen de Assad en Siria. Ya en mayo de 2011, en una entrevista de la CNN, el secretario para la defensa de EE.UU. Robert Gates advertía de la posibilidad de que Hezbollah estuviera armado con más misiles y cohetes que la mayor parte de los Estados, posiblemente con ojivas químicas o biológicas.

En caso de que se produzca un vacío de poder en Siria, existe la posibilidad de una proliferación de armas en manos de Hezbollah u otros grupos militantes regionales. En el pasado, Damasco ya ha proporcionado misiles balísticos a Hezbollah. Un alto funcionario de la Defensa israelí amenazó con que Israel no iba a tolerar ninguna transferencia de armas químicas sirias a Hezbollah en el Líbano.

El futuro estatus de las armas químicas sirias se ha convertido en una grave preocupación también para Estados Unidos, que está presionando a las naciones limítrofes con Siria para que estén atentos a aquellas armas no convencionales que puedan entrar de contrabando en sus territorios. Siria, uno de los pocos países que no firmaron la Convención de Armas Químicas, tiene depósitos de municiones químicas en Khan Abu Shamat y Furqlus e instalaciones para fabricar agentes químicos en al-Safira, Hama, Homs y Latakia. Según la información recibida, EE.UU. y algunos aliados de Oriente Medio están intensificando la vigilancia por satélite de los arsenales químicos y biológicos de Siria.

La Comisión Estadounidense para Prevenir la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva (WMD) y el Terrorismo, de 2008, centró sus hallazgos en varias zonas de riesgo cada vez mayor para los Estados Unidos y, sobre todo, en “las encrucijadas del terrorismo y la proliferación [de dichas armas] en las partes débilmente gobernadas de Paquistán”, descritas como “la fuente más probable de adquisición de WMD”.

Recordemos que el científico nuclear paquistaní Bashiruddin Mahmood, ex jefe del reactor de plutonio Khushab de Paquistán, mantenía estrechos vínculos con al Qaeda y los talibanes. Junto con otros científicos y oficiales del ejército y del servicio de inteligencia, creó la ONG humanitaria paquistaní Umma Tameer e Nau (UTN). El ex director general de la Dirección del Servicio de Inteligencia Paquistaní (ISID), Hamid Gul, figuraba entre los miembros de la junta directiva y patrocinadores de UTN. Antes del 11 de septiembre, Mahmood se ofreció para crear programas de armas químicas, biológicas y nucleares para al Qaeda. Después del 11 de septiembre, fue detenido junto con otros asociados por el Servicio de Inteligencia Paquistaní a petición del gobierno estadounidense, pero más tarde fue liberado.

Rolf Mowatt-Larssen, investigador del Centro Belfer para Asuntos Científicos e Internacionales de Harvard y ex director de Inteligencia y Contrainteligencia en el Departamento de Energía de EE.UU., mencionaba varias “pesadillas nucleares que [le] desvelaban por la noche”: Que Paquistán pierda el control de su bomba; el creciente arsenal nuclear paquistaní (más lugares en los que algo puede fallar); el aumento del extremismo, y la peligrosa relación entre los militares y la población civil.

De hecho, Paquistán es considerado por oficiales y expertos internacionales como la principal amenaza en este campo.

Los EE.UU. han aplicado un programa de 100 millones de dólares para asegurar los laboratorios y las armas nucleares paquistaníes (por ejemplo, separando las ojivas de los misiles), mientras que “los oficiales estadounidenses siguen preocupados por los científicos entrenados en el extranjero que apoyan causas radicales islámicas que se están infiltrando en el sistema nuclear paquistaní, y, de manera más general, por la remota (pero no impensable) posibilidad de una crisis política aguda que amenace al régimen, durante la cual se ponga en peligro la seguridad nuclear y una ojiva caiga en manos de extremistas islámicos.”

En un editorial del 20 de febrero de 2011, significativamente titulado “La temeridad nuclear de Paquistán”, The New York Times advierte de que Paquistán, que tiene entre 95 y más de 110 armas nucleares desplegadas, ha fabricado combustible suficiente para otras 40 a 100 armas. “La última pesadilla es que los extremistas vayan a derribar el gobierno de Paquistán y hacerse con las armas nucleares”, afirmaba NYT.

Una situación más realista es que los terroristas radicales islamistas ataquen algunas instalaciones nucleares y provoquen un accidente nuclear grave o se hagan con parte del material fisible.

Ocho personas murieron en 2007 en un bombardeo suicida contra un arsenal de misiles nucleares situado al sur de la capital paquistaní. En 2008, bombarderos suicidas atacaron puntos de acceso a la base aérea paquistaní de Kamra –un supuesto arsenal de armas nucleares- y a las instalaciones del acantonamiento de Wah, consideradas como implicadas en la elaboración de armas nucleares.

Dos sonados ataques llevados a cabo por terroristas en bases militares paquistaníes de alta seguridad, como el Cuartel General del Ejército Paquistaní en Riwalpindi, en octubre de 2009, y la base de la aviación naval en la PNS Mehran (Estación Naval Paquistaní de Mehran), cerca de Karachi, en mayo de 2011, han reanudado la inquietud acerca de la seguridad del arsenal nuclear de Paquistán. Algunos terroristas aprendieron sus tácticas de los comandos de élite del ejército paquistaní, el Grupo de Servicios Especiales (SSG), que habían entrenado en tácticas similares a generaciones anteriores de militantes cachemires-paquistaníes para llevar a cabo operaciones contra la India.
A la luz de los acontecimientos revolucionarios y de la creciente inestabilidad en numerosos lugares del Gran Oriente Medio y del Sur de Asia, así como de la creciente amenaza de que los Estados débiles pierdan el control sobre sus activos químicos, biológicos y nucleares, un esfuerzo internacional encaminado a vigilar, controlar e impedir ataques terroristas CBRN resulta esencial para la seguridad de la comunidad internacional.
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