cabecera
    24 de octubre de 2014

Cuadernos desde China (IV)

La gestión de las fronteras y de las relaciones de vecindad ha sido uno de los ejes tradicionales de la milenaria administración China. En éste aspecto, el régimen Chino muestra signos de preocupación: a pocos meses del cada vez más incierto –y opaco- cambio de cetro en los dos puestos cumbre del PCCh, el reciente acercamiento entre sus dos grandes vecinos nucleares del Sur, la India y Pakistán, inquieta en los gigantescos pasillos de Beijing.

No es éste un asunto nuevo. China y la India son dos titanes destinados a convivir forzosamente: así lo ha querido la Madre Naturaleza, al colocar una barrera de ocho mil metros como tabique del edificio común. El omnisciente The Economist ya ha definido las relaciones Sino-Indias como “El combate del siglo”, colocando respectivamente a cada una de las dos potencias el cartel de Alí y Foreman del siglo XXI.

A casi nadie se le escapa ya que el 37% de la población mundial y dos de cada tres asiáticos viven en los dos países mencionados. Los datos hablan por sí solos, y siempre que dos gallos con tanto plumaje habitan el mismo corral, la tensión está asegurada. Las siempre controvertidas y montañosas fronteras –con reminiscencias constantes por la parte India a la humillante invasión China de 1962- y la disputa subterránea por la hegemonía regional en materia económica, política y militar son asuntos que levantan ampollas a ambos lados del Himalaya.

Sin embargo, parecía que las tensiones habían quedado momentáneamente aparcadas al albur del crecimiento económico del continente. A pesar de las barreras tarifarias y la desconfianza mutua, el comercio bilateral generó un flujo de más de 60 mil millones de dólares en 2011 (según estimaciones oficiales). El Primer Ministro indio Manmohan Singh aludió a ello hace poco, describiendo a China como el “mayor socio comercial de bienes primarios” de la India y abogando por la consolidación de potentes “lazos de cooperación con EEUU y China” para formar una tríada destinada a encabezar las relaciones globales en el futuro -de la cual excluyó a la UE.

En realidad, a China no le hace ninguna gracia que la India comience a erigirse como su gran rival en Asia. Tras haber denostado las capacidades del subcontinente durante los últimos años, y aún gozando de un mayor desarrollo económico y poderío militar, las autoridades Chinas son conscientes de que en un futuro no muy lejano, la India se convertirá en una de las grandes potencias del mundo multipolar.

También saben que, para Occidente (y más concretamente para la UE y EEUU), la India suma, a grandes trazos, cuatro ventajas respecto del dragón: sobre todo, (1) ser una democracia y (2) su destacado éxito en materia educativa y en I+D -con el consiguiente desarrollo del sector de nuevas tecnologías. Si a esto le sumamos (3) la mayor proporción de anglófonos del antiguo Raj y su (4) creciente apertura económica, los nervios que demuestra Beijing sobre sus planes de dominio regional a medio y largo plazo parecen estar justificados.

Sorprendentemente, un tercer invitado se ha sumado a la fiesta por la puerta de atrás: Pakistán. La diplomacia del Cricket –así llamada porque empezó, precisamente, durante un partido India-Pakistán, algo así como el clásico mundial del Cricket- parece estar dando sus frutos en aras de un acercamiento paulatino entre ambos vecinos, como se ha visto en la reciente visita del Presidente pakistaní a la India. Pakistán, que ha recurrido en numerosas ocasiones a la amenaza china para enfriar las espinosas relaciones con su vecino del este, parece haber cambiado de óptica respecto a la India. Éste movimiento estratégico no puede pasar desapercibido. Una posible alianza estable en el valle del Indo puede ser el contrapunto al establecimiento de un núcleo de poder global en el Extremo Oriente.

La India y Pakistán comparten una religión común: el Cricket. Éste deporte, con unos fundamentos basados en el juego colectivo y la planificación estratégica se contrapone a las tradicionales artes marciales chinas, de raíz individualista y espiritual. Veremos si las pasiones desatadas por once hombres armados de palas y pelotas de cuero son suficientes como para crear un cambio sustancial en los centros de gravedad de la gobernanza en Asia en un futuro próximo.
Compartir en Meneame