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ENTREVISTA

Juan José Alonso Millán: “Hay que subvencionar las obras que den dinero”

¿Qué diferencia “Mentiras, mentiras” de sus muchas otras criaturas cómicas?

Políticamente, cuando se estrenó, casi fue lo que pudiéramos llamar arriesgada. La censura seguía vigente y tuve que hacer los milagros que se hacían para estar al límite. La versión revisada que he llevado a cabo me ha parecido oportuno, respetando el argumento y a los personajes, que se podían actualizar, poner al día. He cortado la parte de comedia, y he introducido dos números musicales.

¿Se apunta también al tirón del musical de Gran Vía?

Hombre, aquello ya lo pusimos nosotros de moda, con las canciones satíricas que llevábamos a escena. Pero aquí las canciones se incluyen para dar un aire moderno, pero respetando los personajes y las situaciones.

¿Cuáles son las fortalezas de este montaje, que le ha llevado a sacarla del cajón?

En general, nunca he sabido cuáles eran las claves del éxito o del fracaso de mis comedias. Cuando veo las obras que se representan en distintos países del mundo, me sorprendo de por qué unas se repiten y otras no. Ésta no es de las que más se ha vuelto a programar, quizá porque es muy localista, como he comprobado las veces que se ha hecho fuera de Madrid. Algo que me extraña que me digan, porque yo nunca he notado que existan autores “parisinos”, “londinenses” o “neoyorquinos”. El autor es francés, inglés, norteamericano... Pero de pronto, me encuentro con que la gente me dice que es una obra muy madrileña. Claro que las cosas ocurren en Madrid, y se habla de Madrid, pero este localismo que de pronto nos achacan me sorprende. Siempre me he considerado un autor español, sin entrar a madrileño, como se dice francés, no parisino. De Jardiel Poncela, Arniches o Mihura no se dice que son de Madrid.

¿Se tiende siempre a encasillar?

Como ahora está tan en auge la cuestión de las autonomías, el ser catalán, vasco... Ahora noto que se tiende a localizar, a encajar a cada autor con los territorios, cosa que antes no se tenía en cuenta. Nadie dice “Calderón, este autor de Madrid” (risas). No reniego de nada, pero el encasillamiento tampoco lo entiendo. De todas formas, sí es verdad que cuando empecé me llamaban “joven conformista”, lo que querían decir es que escribía como los de antes. Bueno, pues tampoco me importaba. Arrabal estrenaba al tiempo que yo, pero éramos, lógicamente, diferentes.

No todo en el teatro es transgresión, innovación, ruptura, experimentación...

Claro. A mí se me llegó a decir “autor del régimen”, pero es que, a todos lo que eramos consentidos por Franco, como los Casona, Buero, Mihura, yo mismo, no nos quedaba otra que escribir con quien estuviera allí. Yo hacía un teatro “del que se llevaba”, y ese fue mi terreno. Y todavía funciona.

¿Recuerda algún altercado, o escena truculenta, en alguna de sus representaciones?

Las seis o siete veces que me he encontrado al Rey, que vio la obra siendo aún Príncipe, siempre me pregunta por un “gag” en concreto. A uno de los personajes, que está amnésico, le ponen una grabación falsa, simulando que está en plena Guerra Civil, cuando han pasado una cuantas décadas y se oye con voz metálica: “Las fuerzas nacionales acaban de cruzar el Ebro”. Entonces levanta la cabeza de la manta y dice: “¿¡¡Otra veeeeez?!”, y claro, el pitorreo es general.

Ha cambiado el título de “Se vuelve a llevar la guerra larga” a “Mentiras, mentiras”. ¿Por qué razón?

Ha habido tal avalancha de obras de teatro y películas con respecto a la Guerra Civil, de un bando o de otro, que el público está un poco harto de Guerra Civil. Me daba miedo provocar ese rechazo, así que he preferido buscar un título más general.




¿Contento con el equipo actoral?

Silvia Tortosa ha hecho muy buenos papeles dramáticos, pero en la comedia está estupenda, lo aborda de una manera muy inteligente en un papel de mucho peso, con presencia prácticamente total a lo largo de la obra. Paco Hernández ha sido un primerísimo actor del María Guerrero, y luego vivió una larga etapa como director de doblaje, y ha hecho prácticamente todos los grandes personajes. Es un actor maravilloso. Perla Cristal ha trabajado en muchas comedias mías, y tiene esas dotes innatas para el humor. Eva Raboso es un gran acierto, una chica guapísima, y Susana Lois, que es un gran descubrimiento. Todo el proceso de selección de los actores ha sido responsabilidad mía, y lo he hecho con mucho celo.

Como todos sus proyectos, es una obra 100 por cien privada, ¿no?

Totalmente. A mí me llamaron para que llevara esta sala, y pensé que se podía aprovechar sus características, en la línea del Muñoz Seca, o el Reina Victoria, un teatro absolutamente comercial. Les sugerí a los empresarios representar esta obra, y me encargaron la labor de la dirección de la sala, y que la convierta en un teatro al uso, con autores españoles, un teatro de cara al público, con distintas exigencias a la sala alternativa, que tiene otras servidumbres. Ramón Cantero y Julián González son los verdaderos artífices de este proyecto. Han sido audaces y han sabido crear en un teatro, con dos salas, en plena Puerta del Sol. Siempre es motivo de celebración que el capital entre en el teatro. Es cierto que el teatro ha tenido subvenciones en su gestación, pero el capital que entra es enteramente privado, y eso siempre es un riesgo y digno de admirar. Además, han sabido crear un espacio idóneo para la comedia, como los que se construyen en el resto del mundo, con pocas filas, buena acústica y cercanía con los actores. Ves la cara, se oye perfectamente, y se disfruta mucho y se disfruta más.
Los mayores se benefician de la promoción de la Comunidad de Madrid de “Teatro para mayores” y pueden ir un día a la semana por tres euros.

¿No debería inventarse un "Teatro para jóvenes”?

Por supuesto, yo soy muy partidario de subvencionar en taquilla, porque dar 20 millones así porque sí, para que vayan cuatro espectadores, no es ayuda al teatro. Es lo que hacen con el cine, por eso se la han cargado. “Usted haga la película, y luego ya se verá”, dicen, y luego claro, se ve a las cuatro de la mañana por un canal temático. Hay que subvencionar las cosas que dan dinero. Aunque esto sea una herejía para los puristas del espectáculo, hay espectáculos que dan taquilla, y que es buena idea promocionar y ayudar, para fortalecer al teatro.