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    20 de diciembre de 2014

En taparrabos…o quemando herejes

Con ocasión del estudio de Paul Preston sobre un supuesto holocausto español desencadenado por Franco, Timothy Snyder, un profesor de Yale experto en verdaderos holocaustos (Bloodlands, Basic Books, 2010), acaba de señalar (The New Republic, March 29, 2012) lo equivocado que es el uso de la palabra “holocausto” para describir la violenta represión realizada por Franco durante la guerra civil, muy superior en número de víctimas a la que se produjo en la zona controlada por el Gobierno de la República.

Tal vez setenta mil asesinados por Franco frente a cincuenta mil por los republicanos, según un comentario reciente del profesor Payne (Wall Street Journal, April 13th, 2012) aunque es posible que la represión del bando franquista llegase a los cien mil. Por el contrario Payne estima que Preston ha podido quedarse corto al evaluar el número de las víctimas tras el final de la guerra civil. Treinta mil, estima Payne, en vez de las veinte mil que sugiere el historiador británico. Tampoco falta quien la eleva a cincuenta mil.

Pero habría sido conveniente también que el profesor Snyder hubiese reparado en la intención que pudiera haber en los cambios introducidos en el subtítulo de la edición inglesa de esta obra de Preston con repecto a la edición española . La palabra “odio” ha sido sustituida, sin que entendamos bien por qué, por “Inquisition” y el periodo de la guerra civil se ha extendido a todo el siglo veinte. Cambios muy adecuados para confirmar cualquier previa imagen de que los españoles somos unos seres crueles y violentos, y que no tenemos remedio.

Por lo demas, la reseña del profesor Snyder consagra la imagen -fruto de la inercia historiográfica- de una España feudal y dominada por los curas que no habría empezado a cambiar hasta que llegó la segunda República.

Y tampoco ahorra los detalles truculentos. Por ejemplo, las circunstancias de la muerte del Padre Fernando Huidobro que toma de Preston -sin negar que puedan ser ciertas- me parece que están muy lejos de haber sido documentadas fehacientemente y, en nota a pie de página, Preston se remite en la información que le ha brindado otro historiador.

Pero este tipo de historias causan mucho efecto, como relato que abre la reseña de Snyder.
Por otra parte los mineros de Asturias no fueron a una simple huelga laboral en 1934, como dice Snyder. Se trató de una Huelga General -de carácter político y revolucionario, como todas- en la que hubo centenares de muertos y asaltos con dinamita a bancos y edificios de valor histórico antes de que interviniera el Ejército.

¿Qué Gobierno democrático no habría recurrido al Ejército para restablecer el orden y el respeto a la vida de sus ciudadanos? ¿Lo habrían permitido los gobiernos democráticos de Estados Unidos o el Reino Unido, por señalar los paises en donde viven los profesores Preston y Snyder?
Algunos historiadores estamos ya algo cansados de la aplicación de esta doble vara de medir en la explicación de los procesos históricos españoles. Es una especie de colonialismo historiográfico del que no parece que vaya a ser fácil librarse por el momento. Cuando leo estas cosas me da la impresión de que algunos colegas de por ahí piensan que aún andamos en taparrabos, ...o quemando herejes.
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