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CRÍTICA

María Isabel Cintas Guillén: Chaves Nogales. El oficio de contar

María Isabel Cintas Guillén: Chaves Nogales. El oficio de contar. Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2012. 383 páginas. 25 €
Han tenido que pasar muchos años y muchas cosas en España para que Manuel Chaves Nogales (1897-1944) fuera reconocido como un notable escritor, como un gran periodista y como un destacado personaje de la España de la primera mitad del siglo XX. Pero para quienes somos aficionados a los toros, su reciente “descubrimiento” no deja de ser un pequeño sarcasmo pues Chaves Nogales es, para quienes amamos el arte de Pedro Romero, el autor del libro de toros más conocido y elogiado: Juan Belmonte. Matador de toros, subtitulado Su vida y sus hazañas, y reeditado por Alianza en su versión de bolsillo hace ya muchos año, y título citado como referencia por aficionados y también por los propios toreros.

De este libro y de su vida trata la muy celebrada, y con razón, biografía que María Isabel Cintas Guillén ha escrito: Chaves Nogales. El oficio de contar, y que ha merecido el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografía, convocado por la Fundación José Manuel Lara. Cintas desvela en esta biografía que Chaves fue un tipo singular, no solo por su trayectoria profesional sino también por su visión de lo acontecido durante la guerra. Al sublevarse Franco y parte del ejército, Chaves entró al servicio de la República, en la que creía firmemente. Cuando el Gobierno abandonó Madrid por la presión de las tropas franquistas, emprendió con su familia el exilio a Francia en 1937, donde colaboró con la prensa francesa y latinoamericana. Fichado por la Gestapo, tuvo que volver a huir poco antes de la entrada de los alemanes en París, y se embarcó rumbo a Inglaterra, donde continuó ejerciendo su profesión hasta su prematura muerte a causa de una enfermedad en 1944.

Chaves fue periodista y acabó dirigiendo -aunque figuraba como subdirector- el diario Ahora, afín al que fue presidente de la República Manuel Azaña, y fue valiente al denunciar en plena vorágine de los totalitarismos, los crímenes de los dos enemigos de la democracia liberal: el fascismo y el comunismo, honradez intelectual que aún hoy extraña. Ya en el exilio, Chaves escribió La defensa de Madrid, publicado en su momento en la prensa de México, y en el que narra cómo se detuvo el avance de las tropas franquistas en su deseo de “tomar” Madrid en el otoño de 1936. Estos reportajes y artículos han sido hallados en hemerotecas mexicanas por la autora, Isabel Cintas, y la única hija viva de Chaves, Pilar, de 91 años, que vive cerca de Málaga, ha confesado que la familia del periodista ignoraba su existencia.

Cintas subraya la fidelidad y sinceridad con las que siempre escribió Chaves y, en ese sentido, destaca como en La agonía de Francia, ensayo político y periodístico aparecido en Uruguay en 1941, y reflejo de su conocimiento y contacto con franceses de todas las clases (comunistas y aristócratas, soldados y obreros, intelectuales y políticos), pudo relatar el derrumbe del país ante la embestida nazi.

Su obra está siendo ávidamente recuperada tras muchos años de olvido y editoriales como Libros del Asteroide y Renacimiento están reeditando su obra. Entre otros títulos, A sangre y fuego, serie de relatos sobre la Guerra Civil española y Lo que ha quedado del imperio de los zares, que reúne los reportajes y entrevistas que publicó en el diario Ahora en enero y febrero de 1931, centrados en los emigrantes de la Rusia zarista, huidos tras el triunfo definitivo de los bolcheviques. Chaves ya había publicado en 1929 Un pequeño burgués en la Rusia roja, un volumen de reportajes, fruto de sus viajes como enviado especial de El Heraldo de Madrid. Fue, por tanto, uno de los primeros occidentales en criticar los desmanes de la dictadura soviética (como ya había hecho con los zares). Chaves entrevistó en París, principal destino del exilio ruso, a figuras de todos los estratos y jerarquías sociales de aquella Rusia en miniatura, pues más de dos millones de personas –escritores, políticos, nobles, familias enteras-, completamente arruinadas, habían tenido que salir de su país para ganarse la vida como taxistas, camareros, obreros, etc. Y de esos encuentros dan fe las fotografías de Chaves junto a Kerenski y Miliukov en París en 1931, y que Cintas incluye en su magnifica biografía.

En sus libros, y especialmente en La agonía de Francia, Chaves señala que el hundimiento de los valores democráticos es una tragedia y por eso hace una defensa cerrada de una forma de gobierno que entonces parecía destinada a desaparecer. Andrés Trapiello en su excelente prólogo a El maestro Juan Martínez que estaba allí, que Chaves publicó en 1934, apunta que “Chaves Nogales perdió la guerra y la literatura, a diferencia de la mayoría de sus colegas, que o bien ganaron la guerra o bien ganaron los manuales de literatura”. En esa novela, Chaves Nogales cuenta la peripecia vital de un bailaor de flamenco al que sorprende en Moscú la toma del poder por los bolcheviques junto a Sole, su compañera. Sin lograr salir de Rusia, Juan Martínez pasará seis años terribles. Chaves Nogales conoció en París al verdadero Juan Martínez, al que escuchó contar sus andanzas en Rusia.

Chaves, insiste Cintas en su biografía, fue un periodista de talento, que viajó por toda Europa y que llegó a entrevistar al jefe de la Gestapo, y ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, que le pareció un tipo “grotesco e impresentable”. En resumen, Chaves fue un periodista de carácter, con un lema bien sencillo –“andar y contar es mi oficio”-, y cuyo testimonio han temido unos y otros. En su libro A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, publicado originariamente en Chile en 1937, rechazó la crueldad presente entonces en España, y de la que culpaba a partes iguales “a la peste del comunismo y del fascismo” y al “miedo de los sectarios al hombre libre e independiente”. Libro imprescindible para entender este último mensaje y que hubiera sido de obligada lectura para quienes desde el nacionalismo vasco y catalán y desde el rencor socialista y comunista han querido reescribir la historia de los años treinta y de la Guerra Civil y sus causas y orígenes.


Por Carlos Abella


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