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    23 de octubre de 2014

el meteorólogo josé miguel viñas ha analizado un centenar de obras con este propósito

Los cuadros de Goya, Van Gogh o Munch como fuente de estudio de la evolución climática

Cinco años después de haber comenzado a estudiar la huella climática en las obras de arte de artistas como Van Gogh…., el meteorólogo y divulgador José Miguel Viñas celebra haber analizado por ahora un centenar de ellas, a través de las que ya es capaz de afirmar que gracias a estos cuadros es posible certificar la existencia de “determinados episodios meteorológicos o comportamientos que tuvo el clima en otras épocas y que conocemos por otras fuentes”.
El estudio de las pinturas de reconocidos artistas como Van Gogh, Constable, Goya o Rubens como fuente de análisis de la evolución climática es una de las investigaciones en las que se encuentra inmerso el meteorólogo José Miguel Viñas, quien ha analizado un centenar de obras de arte con el propósito de certificar en ellas la existencia de determinados episodios meteorológicos acaecidos en el pasado.

Así, cuenta Viñas que el intenso color naranja del firmamento de El grito, de Munch, muestra "el efecto que tuvo en los cielos de Europa la erupción del volcán Krakatoa”, ya que fue de tal magnitud que “lanzó a la atmósfera una cantidad enorme de materiales volcánicos inyectándolos a grandes latitudes, lo que provocó espectaculares puestas de Sol en el norte de Europa durante varios meses después de la erupción”. La presencia de aerosoles en el aire, explica, “provocó una dispersión de la luz diferente –en mayores longitudes de onda– que cuando el aire está más limpio, lo que se tradujo en unos cielos más rojizos y encendidos durante los atardeceres y amaneceres”.

La noche estrellada, de Van Gogh.


La noche estrellada, de Van Gogh, también forma parte de la pinacoteca meteorológica de Viñas. Sobre este lienzo comenta en su página web divulgameteo.es que “las dos grandes espirales nebulosas entrelazadas entre sí bien podrían estar sugiriéndonos el carácter turbulento de la atmósfera”, a lo que añade que “la Luna, pintada de un color naranja irreal, que nos recuerda más al Sol que a nuestro satélite natural, está rodeada de una brillante aureola, lo mismo que el lucero del alba –Venus–, representado sobre el horizonte junto al ciprés, en este caso de intenso color blanco”. El ancho sendero luminoso que recorre la línea del horizonte “sugiere un luz crepuscular que deja sumido en la oscuridad al pueblo representado en la parte inferior del óleo”.

En La cometa, de Goya, Viñas identifica una gran nube blanca con un cumulonimbo, que el pintor español incluyó “en todos los cartones de su primera etapa”. Sobre este fenómeno atmosférico distingue una veladura nubosa “como consecuencia del súbito enfriamiento que sufren las corrientes de aire húmedo y cálido que alimentan esos grandes colosos atmosféricos”.

La cometa, de Francisco de Goya.


De la pintura Paisaje con Psique y el águila de Júpiter, de Bril y Rubens, este meteorólogo destaca la visión de un arco iris en una cascada, “un fenómeno óptico relativamente frecuente y fácil de ver, que tiene lugar cuando la luz del sol incide sobre la nube de gotas generada por el agua en su caída”. En el cuadro, detalla, “se aprecian varios haces en el cielo que permiten deducir que el Sol está situado fuera de los límites del lienzo, por encima del árbol situado en el borde izquierdo". Sin embargo, considera que Rubens cometió un error al representar el arco iris superior –arco iris secundario–, “cuya formación es consecuencia del segundo rebote interno que sufre la luz al atravesar las gotitas de agua ya que, si bien aparece representado más tenue que el arco iris inferior o principal, mantiene los colores en idéntico orden, cuando deberían aparecer invertidos”. En el arco iris secundario, “la franja de color rojo no es la más externa sino justamente la interior, por lo que ese segundo arco iris resulta antinatural”, añade.

Viñas dice que durante su investigación le ha surgido la duda de si los pintores “retrataron fielmente el tiempo atmosférico que les tocó vivir o si, por el contrario, evitaron reflejar en su obra la verdadera realidad climática de su época”. Se trata de una cuestión que ya fue abordada por Hans Neuberger a finales de los años 60 cuando, recuerda este experto, después de analizar los cielos de miles de cuadros pintados entre los siglos XV y XX llegó a la conclusión de que una vez estudiada la trayectoria pictórica de cada artista en su conjunto "es posible afirmar que refleja su vivencia climática, por lo que podemos aproximarnos al clima a través de la pintura".

Paisaje con Psique y el águila de Júpiter, de Bril y Rubens


El centenar de obras que lleva estudiado le ha permitido descubrir “lo mucho que influyó la visión del cielo y lo que en él acontece en pintores como Munch o Van Gogh”, además de constatar que “los paisajes de los cuadros permiten viajar en el tiempo (cronológico) y conocer detalles del tiempo (atmosférico) del pasado”, ya sea a través de las cambiantes nubes, el estado del mar o el aspecto del firmamento. "El análisis del paisaje permite un acercamiento distinto a las obras mejorando e, incluso, completando nuestra comprensión de ellas”, afirma.

En palabras de Viñas, el arte pictórico puede ser considerado como un testigo mudo de la evolución climática: “Los cuadros que he estudiado colocados en orden cronológico no representan en sí mismos un archivo meteorológico, pero sí ayudan a comprender mejor qué cambios se sucedieron en el pasado. De esta forma he constatado, por ejemplo, que la presencia de nieve y de ríos helados son motivos recurrentes en etapas en las que rigores invernales fueron la norma y no la excepción".

Pero, ¿qué hay del arte contemporáneo? ¿También refleja la evolución del clima? “Con determinados movimientos pictóricos resulta algo más difícil saberlo”, dice Viñas, al tiempo que afirma que el deterioro medioambiental sí ha sido abordado por los artistas actuales, para quienes las nubes, los cielos o las tormentas siguen siendo, a su juicio, “motivo de inspiración”.
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