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Crónica económica

Unión bancaria, viejos y nuevos problemas

Pero finalmente, como señala un incisivo artículo de European Voice, “el problema ahora en Europa es el contrario: los bancos son ‘nacionales en vida, pero europeos en la muerte’”. Y se refiere en concreto a las cajas españolas. Españolísimas en vida, sí, y no sólo porque apenas saliesen de nuestras fronteras, sino por esa combinación de localismo y ventajismo político que es tan propio de la democracia española, así llamada. Lo que ha ocurrido con ellas es que “cuando el boom se convirtió en crisis, las pérdidas amenazaron con superar la capacidad del Estado español, y devino en un problema europeo, ya que amenazaba la misma subsistencia del euro”.

Daniel Gros, autor del artículo, señala que hay un problema con los bancos centrales nacionales. Tienden a “echar la vista gorda” para defender, dice, a sus campeones nacionales. Difícilmente podría ser ese el caso de España, donde nuestros “campeones nacionales” no tienen mayor problema: BBVA, Santander y CaixaBank. El problema, al menos en España, ha sido otro. No los grandes bancos, sino aquéllos que estaban siendo gestionados por políticos y con criterios políticos más que económicos. E incluso otros bancos puramente privados.

Ya hemos contado que cuando un banco ha cometido algunos errores que pueden llevarse por delante los beneficios de uno o dos años, ese banco tiene un problema. Pero cuando sus errores lo convierten en un banco quebrado, a la espera de que alguien decida reconocerlo, el problema es también del Banco de España. Nadie quiere problemas. De modo que una opción es ocultarlos mientras se hace lo posible para que mejoren. Esta crisis, al fin y al cabo, en algún momento tiene que terminar. Pero el Banco de España no valoró el tipo de crisis a la que nos enfrentamos. Y se encontró agrandando un problema ya muy grave, en lugar de reconocerlo y tomar, hace tres años, las medidas que se están adoptando ahora.

Sean cuales fueren los distintos caminos nacionales en el fallo en la regulación del mercado financiero, lo cierto es que los bancos centrales europeos han fracasado en varios países. Y se hará algo muy característico cuando un órgano público fracasa (lo hace siempre, bien antes, bien después, bien en todo momento): Se le dan más poderes, se le dan más medios o se doblan sus funciones. En este caso la opción elegida ha sido esta última: Habrá un regulador europeo que controlará a los bancos centrales, que controlarán los bancos nacionales. Y el regulador europeo también regulará los bancos nacionales.

Problema solucionado, pues. Pero el autor entonces apunta algo muy interesante: “Pero, aunque colocar al BCE al cargo de la supervisión bancaria resuelve un problema, también crea otro: ¿Pueden considerarse responsables las autoridades nacionales” de evitar quiebras de los bancos del país “si ya no son las supervisoras?”.
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