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    23 de octubre de 2014

Crónica económica

¿Tiene superpoderes Mario Draghi?

De modo que hará lo que sea necesario y “créanme, será suficiente”. ¿Qué es lo necesario? Hurguemos en las posibilidades. Una de ellas es rebajar el tipo de interés de intervención del 0,75 por ciento, que es ya un mínimo histórico, a un 0,5 por ciento. En las condiciones actuales no está claro que la anterior rebaja desde el 1,0 por ciento vaya a tener mucho efecto, una nueva rebaja, sin que vaya a pasar inadvertida, tampoco tendría unas consecuencias (positivas, negativas) muy notables.

Desde el American Enterprise Institute nos advierten de que cualquier acción por parte del BCE, no importa lo contundente que sea, no será más que una enorme raya en el agua si no se toman decisiones que tengan efectos, contundentes también, sobre los problemas subyacentes.

Lo que se está debatiendo es, en realidad, otra cosa. Se trata de que el BCE retome su política de hacer compras masivas de deuda pública. El BCE no puede hacer eso; no, al menos, directamente. Pero lo que sí puede hacer, lo que hizo y puede volver a realizar, es otorgar grandes facilidades de endeudamiento a los bancos, ofreciendo la posibilidad (la condición, en realidad) de que utilicen como colateral títulos de deuda, aunque sean de baja calificación, como los de Italia y España.

Pero esto por sí solo tampoco tendría mucho sentido. Un artículo de EuropeanVoice (un medio, por lo demás, muy oficialista), hace un interesante análisis de en qué condiciones puede tener éxito. Dice que, en primer lugar, tiene que plantearse reducir sustancialmente los tipos a los que se financian España e Italia en al menos dos puntos (o 200 puntos básicos, que es lo mismo). Reducirlo hasta niveles “compatibles con los tipos esperados de inflación y crecimiento”. Y ese programa no debe quedarse en algo esporádico, sino en la promesa de mantenerlo durante un período de tiempo determinado. El autor, Norman Dervis, sugiere un plazo de nueve meses.

“Lo segundo que debe ocurrir”, continúa el autor, “es que los líderes y los parlamentos europeos” pongan en marcha no sólo el ESM, sino la unión bancaria y algo cercano a los eurobonos. La tercera condición es echar el freno a las políticas de ajuste, dice. La razón que aporta es que “el resultado está determinado a corto plazo por la demanda, y la demanda privada no puede remplazar la pública en la medida en que no se restituya la fe en el futuro”. Es el mismo análisis que se hace desde el Center for Economic and Policy Research, CEPR.

Pero esto es una jugada de póker. Draghi hace ver que tiene muy buenas cartas, pero no es el único sobre la mesa. En frente tiene al mercado. Draghi ha dicho: especulando contra la deuda española e italiana podéis ganar. Pero un movimiento mío y perderéis. No todos tienen porqué creer en eso. No todos lo hacen. No tenemos más que asomarnos a Market Oracle. Un artículo de Martin Hutchinson arranca así: “De los esquemas piramidales que han perpetrado gobiernos y bancos en la última década, la crisis de la deuda de la eurozona es el más dañino. Ninguna pose del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, puede cambiar ese hecho. Puede que al mercado le guste lo que ha dicho Draghi sobre el futuro del euro, pero la gran reunión de (este jueves) del BCE va a cambiar poco”. Y ofrece sus razones: “La masiva cantidad de dinero que necesitaría imprimir Draghi es demasiado importante tanto para el contribuyente alemán como para el balance del BCE. Al final, la eurozona se romperá y arrastrará a la economía global con ella”.

“En el largo plazo”, sigue, “eso marcará el comienzo de la recuperación; pero en el corto precipitará una crisis bancaria y económica que hará que la de 2008 parezca un juego de niños”. Habrá que estar preparado.
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