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    30 de octubre de 2014

El desencadenante del terror en Teherán

Desde comienzos del año, se ha llevado a cabo una campaña terrorista patrocinada por Irán en contra de objetivos israelíes. Varios ataques han sido frustrados hasta mediados de julio, cuando Irán y Hezbolá protagonizaron un golpe “coronado por el éxito” en la ciudad balnearia búlgara de Burgas, donde mataron a cinco turistas israelíes y a un ciudadano búlgaro e hirieron a unos 30 israelíes.

La actual oleada de atentados se inició en enero con un aluvión de ataques fallidos en Bulgaria, Azerbaiyán y Tailandia. En Bulgaria se descubrió un paquete sospechoso en un autobús cargado de turistas israelíes que iban a esquiar; en Azerbaiyán tres azeríes armados con armas de contrabando y equipamiento procedente de agentes iraníes planeaban atacar a los israelíes de una escuela judía en Bakú; y las autoridades tailandesas arrestaron a un ciudadano sueco vinculado a Hezbolá, lo que llevó al descubrimiento de cuatro toneladas de precursores de explosivos.

En febrero, siete ciudadanos iraníes resultaron involucrados en un plan para llevar a cabo ataques contra diplomáticos israelíes en Bangkok; tres miembros de una célula iraní de Hezbolá fueron detenidos en Singapur por conspirar para asesinar al ministro de defensa Ehud Barak, que se hallaba de visita; en la India, la policía arrestó a un periodista indio que trabajaba a tiempo parcial en una cadena de radiodifusión iraní, y un tribunal de la India emitió órdenes de detención contra tres miembros sospechosos de la Guardia Revolucionaría Iraní por su supuesta participación, el 13 de febrero, en el bombardeo de un coche de la embajada israelí, en el que resultó herida la mujer del agregado de defensa.

A mediados de marzo, los servicios de seguridad turcos frustraron un atentado de un comando terrorista iraní contra misiones diplomáticas israelíes, que incluía a cuatro miembros de la Fuerza al-Quds de la Guardia Revolucionaria. A mediados de junio, dos iraníes arrestados fueron acusados de planear bombardeos contra objetivos israelíes y occidentales en Kenia. Y en julio, las autoridades chipriotas arrestaron a un miembro libanés de Hezbolá, de 24 años, que tenía por objetivo vuelos y autobuses turísticos israelíes.

Algunos sostienen que, en su campaña global, los iraníes están tomando represalias por el supuesto asesinato israelí de científicos nucleares iraníes. Pero yo creo que tienen un objetivo estratégico mucho más siniestro: provocar un conflicto regional entre Israel y sus vecinos que desvíe la atención internacional del programa nuclear iraní.

A medida que aumenta la presión sobre los iraníes, éstos se ven obligados a tomar decisiones desesperadas. Además de las sanciones económicas internacionales, están perdiendo miembros de la coalición: Hamás ha desertado en favor de los Hermanos Musulmanes egipcios, y el régimen de Bashar Assad está en las últimas en Siria.

Parecen creer que un gran número de bajas podría provocar represalias militares israelíes contra Hezbolá en Líbano, o que un ataque masivo de misiles por la Yihad islámica palestina u otros grupos menores podría inducir a Israel a llevar a cabo una gran operación terrestre en Gaza y a una posible crisis con Egipto. También están intentando involucrar a los sirios: El 21 de julio, el diario iraní Kehyan, próximo al líder supremo Ali Khamenei, le pidió a Assad que combatiera a Israel “para liberar parte de los territorios sirios ocupados”, o que todo “el eje de la Resistencia” organizara “una guerra general sin una duración determinada”.

Los iraníes creen que tienen poco que perder. Basándose en experiencias del pasado, saben que los gobiernos de los países a los que se dirige la campaña terrorista tendrán que pagar sólo un precio político insignificante.

De hecho, pese a la involucración de siete ciudadanos iraníes en los atentados terroristas de Bangkok, no hubo una reacción diplomática por parte del gobierno tailandés; las autoridades indias se negaron a implicar a Irán en el ataque del 13 de febrero y se apresuraron a comprar más petróleo iraní; un juez keniano dejó en libertad bajo fianza a dos terroristas iraníes arrestados.

Es más, un reciente intento israelí por convencer a la Unión Europea de que colocara a Hezbolá en la lista negra del terrorismo también fracasó.

La detención de elementos terroristas de Hezbolá en tantos países, incluido Chipre, que desempeña la presidencia rotativa de la UE, no ha sido suficiente para satisfacer a los europeos. Tampoco lo ha sido la renovada acusación por el Tribunal Especial de la UE de cuatro miembros de Hezbolá por matar al ex primer ministro libanés Rafik Hariri.

La comunidad internacional no debería sorprenderse de que su continua debilidad y vacilación ayuden a convencer a Irán de que puede salirse con la suya desencadenando una guerra regional que desvíe la atención de las máquinas centrífugas de Natanz y de cualquier otra parte.

Publicado en The Jerusalem Report.
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