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Crónica económica

España: una visión optimista de la crisis

Dos autores de la London School of Economics, Alexandre Pérez y Manuel Muñiz, han publicado un artículo que trata de dar respuesta a cuáles son los verdaderos problemas subyacentes de la economía española y que se centra en la capacidad de España para remontar la crisis.
Un reciente artículo publicado por dos autores de la London School of Economics se centra en el valor de lo ya conseguido y en la capacidad de España de remontar esta perversa crisis.

Los autores han pasado por el Master en Public Administration en Harvard. Son Alexandre Pérez y Manuel Muñiz. Oiremos hablar de último abogado, llamado a ocupar puestos importantes en la política; en la europea, si no en la española.

El título original es muy largo. Quizás demasiado para captar por sí mismo la atención del lector pero al menos huye del recurso, ya trillado, del pain in spain. El artículo comienza por hacer un repaso de la situación actual. Y luego se plantea: “¿cuáles son los verdaderos problemas subyacentes de la economía española y, sobre todo, cuáles son las posibles soluciones a algunos de ellos?”. Y en este punto hace un repaso a los problemas, situándolos bajo un prisma tal que parecen en vías de solución o al menos le otorgan al Gobierno la capacidad de encauzarlos.

La productividad por trabajador ha subido en los últimos tres años, en los que ha recuperado la mitad del terreno perdido en la década previa. Es el resultado, dice, de dos factores. Por un lado “la contención salarial ha llevado a casi ninguna subida de sueldos en los últimos dos años, en contraposición a la media europea de una subida anual del 3,7 por ciento”. El segundo motivo es, claro, el aumento del desempleo, que ha hecho que el ratio entre el producto y el trabajador haya subido “no sólo como PIB por trabajador (un 11 por ciento desde el comienzo de la crisis, la mayor subida de los países de la eurozona), sino también en términos de PIB por hora trabajada (un 8 por ciento desde 2008)”. De modo que “la tasa real de intercambio se ha depreciado cerca de un 7 por ciento desde 2008”. Es la “devaluación interna” que, como señalan los autores, es importante en un país que, como España, no puede devaluar su moneda.

En consecuencia, el desplome de la demanda interna se está compensando, aunque de forma insuficiente, con una mejora del sector exterior gracias a la mayor competitividad. Muñiz y Pérez señalan que “España ha sido uno de los países de la OCDE más exitosos en mantener su peso en las exportaciones globales, a pesar de la competencia de los países emergentes”. Ha perdido 0,2 puntos porcentuales, por los 2,4 puntos que ha cedido Francia, o los 4,1 de los Estados Unidos.

Aunque el déficit es preocupante, los autores recuerdan que el nivel de endeudamiento todavía no lo es. Y, lo que es muy importante en el actual contexto: “Incluso en un escenario muy complicado, (en el que España se viera forzada a financiar los 200.000 a 220.000 millones de euros que necesita hasta 2014 a intereses del 8 al 9 por ciento), el efecto sobre el interés medio sería elevarlo del 4,1 al 5 por ciento”, lo que está muy lejos de “perder el acceso a los mercados”.

Recuerdan que el Estado tiene el control de las cuentas autonómicas, con la excepción de Navarra y el País Vasco, dado que en su mano está la financiación autonómica. Y señalan un dato muy importante respecto de la deuda privada. Las empresas españolas están, es cierto, muy endeudadas, pero también poseen muchos activos fuera, y el valor de esos activos (un 113 por ciento del PIB nacional) es superior al de la deuda externa que poseen (del 97 por ciento).

¿Cuáles son los problemas, entonces? En el lado de la economía real, ya lo hemos visto, España o se está recuperando o cuenta con medios para hacerlo. Los problemas, señalan Muñiz y Pérez, son otros. El Gobierno no ha sabido explicar todas las fortalezas de nuestra economía ni la medida real de nuestros desequilibrios. En segundo lugar, la UE no ha logrado fijar un mecanismo creíble que atienda el problema de la restructuración de nuestro sistema financiero.

El tercer problema es más complejo. Pasa por la reincorporación de los cinco millones largos de desempleados que tiene nuestro país. Para ello, señalan, el Gobierno tiene que reformar en profundidad los sectores secundario y terciario y darle una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral. Ya señalamos aquí, desde el comienzo, que la reforma laboral de Fátima Báñez estaba condenada a ser la penúltima.
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