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    21 de octubre de 2014

el historiador josé Luis Corral documenta en un libro la historia de estos templos medievales

¿Cómo se construyeron las catedrales góticas? ¿Qué enigmas encierran todavía?

La catedrales góticas todavía despiertan admiración por sus dimensiones, su calidad artística y su distribución espacial, pese a haber sido denostadas durante siglos por su distanciamiento de la cultura clásica. Con idea de abordar las cuestiones técnicas derivadas de su construcción entre los siglos XII y XIII y de analizar aquellos mitos y leyendas que les han sido atribuidos, el historiador José Luis Corral publica El enigma de las catedrales (Planeta) tras diez años de investigación sobre tan magnos edificios medievales.
El historiador José Luis Corral se ha embarcado en la tarea de poner por escrito en Los enigmas de las catedrales las claves de la construcción de las catedrales góticas tras diez años enfrascado en una ardua investigación. El resultado es un libro muy documentado en el que el autor desgrana los trabajos que llevaron a erigir tales edificios entre los siglos XII y XIII, además de analizar aquellos mitos y leyendas que han acompañado a la historia de estos templos medievales ubicados en Francia – Chartres, Amiens o Reims- o en España – León o Burgos-.

Pese a que el románico ha sido definido como el primer estilo internacional coincidiendo con el auge en Europa de las peregrinaciones a Santiago, el gótico fue igualmente una corriente artística que, aunque originada en Francia -en Saint Denis-, se hizo patente en otros países como España o Inglaterra gracias a los viajes emprendidos por los artistas, así como por cuestiones históricas y religiosas. “En estos años de estudio me he dado cuenta de que el estilo gótico dotó de unidad a toda Europa”, comenta Corral, a quien le impresiona de qué manera el sentimiento que transmite una catedral "puede percibirse de la misma manera en León, Sevilla, Gdansk o Lincoln”.

Aspecto interior de la catedral de Saint Denis, en Francia. (Foto: Flickr - Frozenchipmunk)


Sin embargo, el gótico no gozó de aceptación por parte de artistas venideros, como los renacentistas. Así, fueron los propios maestros del Renacimiento, como Vasari o Rafael, los que lo bautizaron con tal nombre vinculándolo a los godos y, por tanto, al arte bárbaro. Por esta razón, hay historiadores que todavía hoy lo consideran un paréntesis en la evolución de la arquitectura por tratarse de un estilo enmarcado entre dos épocas clásicas, “la grecolatina y el Renacimiento”, explica Corral, quien no comparte dicha opinión: “Para mí, el arte gótico es una de las grandes aportaciones de Occidente”.

Hubo que esperar hasta el siglo XIX para que fuera de nuevo valorado por la comunidad artística: "El parlamento inglés y la catedral de San Patricio en Nueva York son obras neogóticas, por lo que es posible hablar de un renacimiento".

Aspecto exterior de la catedral de León. (Foto: Flickr - Kike & Laura)


Hasta entonces, Amiens, Reims, Notre-Dame o Santiago de Compostela no fueron valoradas en toda su grandeza. Tampoco Chartres, una de las más significativas del estilo gótico, por haber introducido novedades constructivas como la eliminación de las tribunas de las naves laterales, lo que suponía tomar distancia del templo como lugar de peregrinaje, ganando en altura y en luminosidad, aligerando su estructura y, por tanto, permitiendo crear un efecto más armonioso y dinámico, más allá de la austeridad de las iglesias románicas.

“Chartres no es la primera catedral gótica ni tampoco la más grande”, comenta Corral, quien la considera “especial” porque es la que conserva un mayor número de vidrieras originales. “Cuando entras en ella te encuentras envuelto en la luz de la Edad Media gracias a que esos vidrios han sido conservados”, dice este historiador, quien no duda en afirmar que pasear por su interior es como trasladarse a la época medieval porque la sensación que desprende es “mágica”.

Aunque las catedrales todavía en pie parecen estar completadas, lo cierto es que “casi ninguna está acabada”, matiza Corral. Un ejemplo es Chartres, cuyo proyecto contemplaba la inclusión de torres en todas las fachadas, es decir, en la principal y en la dos laterales.


Pero, ¿quiénes intervinieron en la construcción de estos templos y cómo se organizaron? Corral tiene la respuesta: “Una de las cuestiones que nos preguntamos cuando vemos una catedral es cómo pudo erigirse. Basta con tener en cuenta que la de Burgos o la de León son gigantescas, tienen 100 metros de longitud, 40-50 metros de anchura y 40 metros de altura, y que se construyeron en un tiempo relativamente rápido: la de Burgos en un siglo y la de León en 50 años. En aquella época, las dos ciudades no tenían más de 5.000 o 6.000 habitantes, es decir, vivía muy poca gente, lo que resulta sorprendente si se atiende a que probablemente sus ciudadanos se dedicaron por entero a tamaña tarea. Primero debía partir la idea de un obispo o arzobispo, a la que se sumaba la reunión de los técnicos y artesanos necesarios para erigir el edificio, entre los que se encontraba el maestro de obras, además de carpinteros, canteros, albañiles, vidrieros o herreros. A todos estos factores debía sumarse la disponibilidad de rentas para pagar el trabajo. Aquel sistema organizativo fue de una complejidad que para haber acontecido en el siglo XIII parece un milagro”.

Además de la arquitectura, la pintura y la escultura también gozaron de atención entre los artistas de la época. “Bartolomé Bermejo pintó unos paños con transparencias que, aunque parezca una barbaridad, Da Vinci no los superó”, dice Corral. “Cuando veo un retablo gótico me quedo entusiasmado porque me resulta más cercano y sensible que uno renacentista”, añade el historiador, quien destaca entre las piezas escultóricas más significativas el llamado 'ángel de la sonrisa' ubicado en la fachada occidental de la catedral de Reims, “de gran belleza y riqueza de formas”.

Aspecto interior de la catedral de Amiens, en Francia. (Foto: Flickr - Barnyz)


Entre los artífices de aquellas obras figuraron también mujeres. Se trata de una de las curiosidades que han sido reunidas en El enigma de las catedrales, en donde Corral desvela el nombre de la maestra de taller Sabine de Pierrefonds, “hija de un maestro que había trabajado en la de Estrasburgo”. Sin embargo, la escasez de referencias a estos artistas, que no firmaban sus obras, hace complicado identificarlos y conocer más sobre ellos. Así, por ejemplo, de Enrique, el maestro constructor de las de Burgos y León, sólo se conoce su nombre dada la escasa documentación que hay al respecto.

Otro tipo de material abordado en su libro tiene que ver con los mitos y leyendas con los que la literatura y el cine han contribuido a engrosar el misticismo en torno a estos edificios. Así, su construcción ha sido vinculada a los templarios, al Antiguo Egipto o a cuestiones esotéricas, teorías de las que Corral huye: “Quienes trabajaron en ellas pretendían plasmar el cosmos en la catedral, pero desvinculándola de toda concepción misteriosa”. Así pues, gracias a sus conocimientos de geometría, planimetría y astronomía fue posible su edificación, que sólo se comprende por la suma de tres factores: “La idea de la que parte el diseño, las técnicas que lo hacen posible y el dinero que lo culmina. El resto es accesorio”.
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