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    19 de septiembre de 2014

Círculo Cívico de Opinión

[i]Desafección política y sociedad civil[/i]: los expertos diseccionan la crisis de valores española

Apenas un año después de su fundación, el Círculo Cívico de Opinión se ha convertido en uno de los foros más interesantes y respetados para saber qué pasa en la política, la economía y la sociedad españolas. Este lunes, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la institución ha organizado la presentación de la conferencia "Desafección política y sociedad civil", una interesante disertación que ha contado con la participación de Andrés Ortega, Javier Rupérez, José Ignacio Torreblanca y Fernando Vallespín.
Ante una abarrotada sala María Zambrano de la sede madrileña del Círculo de Bellas Artes, el Círculo Cívico de Opinión, que cuenta con apenas un año de andadura, organizó este lunes la conferencia "Desafección política y sociedad civil".

Enmarcado dentro de un periódico ciclo de conferencias, el acto contó con la presencia, además de la periodista Victoria Prego en el papel de moderadora, de cuatro expertos en materia política y social. Andrés Ortega, escritor y periodista; Javier Rupérez, reputado diplomático y ex embajador de España en Washington; José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política de la UNED; y Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

Los mencionados conferenciantes abordaron las diferentes causas y consecuencias de este distanciamiento entre la clase política y el resto de la ciudadanía, así como las diferentes vías para acabar con este desapego.

El primero en intervenir fue el escritor y periodista Andrés Ortega, que comenzó su participación señalando que la actual crisis que padecemos "ha puesto de manifiesto el fallo de España como país, el fallo de todo el sistema", al tiempo que apuntó que el fracaso no se debe a un sólo sector o a un único motivo, sino a muchos.



En este sentido, Ortega señaló como culpables "a varios gobiernos por impulsar y no frenar la burbuja inmobiliaria y por no haber puesto en marcha las reformas necesarias en los años de bonanza". El escritor y periodista cargó contra la clase política al hacer especial hincapié en que es, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, "la tercera preocupación de los españoles, lo que la sitúa más como un problema que como una posible solución".

Sin embargo, Ortega no acusó sólo a los políticos, sino que también asignó su parte de culpa a las diferentes instituciones públicas y sociales, como el Gobierno, el Banco de España, el G20, el FMI, las Comunidades Autónomas, las empresas o los medios de comunicación, al tiempo que también señalaba a la sociedad civil como cómplice de la situación actual por no cumplir con sus responsabilidades y agravar el problema (economía sumergida, impago del IVA, etc). Asimismo, "alertó sobre el empobrecimiento de la sociedad, las crecientes desigualdades y la preocupante caída de la clase media española".

Ortega también arrojó algo de optimismo al identificar algunas de las posibles vías para solucionar la actual crisis general que padece España. "En primer lugar hay que hacer reformas para liberalizar España, que tiene una economía bloqueada, hay que cambiar sin miedo la Constitución en pos de un federalismo y hay que reformar la política con unos criterios exigentes de selección de personal y una modificación de la ley electoral y la de partidos".

Como conclusión, el periodista y escritor quiso dejar claro que "Europa no nos sacará las castañas del fuego, no digo que sea el problema, pero tampoco va a ser la solución únicamente".

En segundo lugar tomó la palabra Javier Rupérez, que llamó la atención sobre la preocupante "pérdida de desconfianza de los españoles en el país, el peor índice desde la Transición". Este descontento, a juicio del diplomático, "empujó a la sociedad a buscar un único y universal culpable, los políticos, sin distinción de color o ideología".



En este sentido, Rupérez admitió que la clase política española contaba con cierto grado de culpabilidad en el actual panorama de desafección civil, que achacó a la lejanía con el ciudadano y a la rigidez en la disciplina de partido, "aunque no se puede generalizar y meter a todo el mundo en el mismo saco".

Como solución, Rupérez cree que es imprescindible que los distintos partidos sean, en primer lugar, conscientes del divorcio existente con la sociedad y, más tarde, tomen medidas de urgencia, como una modificación de comportamiento generalizado que tenga como objetivo la transformación del político en un agente social del cambio, un representante de la sociedad civil "y no un número más en el Congreso que aprieta un botón al dictado del portavoz de turno".

El diplomático también denunció que "llamamos a nuestro sistema parlamentario aunque, todo lo contrario, es el sistema más presidencialista que hay; el parlamento debe ser el epicentro de la vida política y para ello es necesaria una reforma electoral e implementar otras medidas, como la limitación a tres mandatos de los cargos públicos".

El siguiente en tomar la palabra fue José Ignacio Torreblanca que, además de refrendar lo expuesto por los anteriores interlocutores, puso sobre la mesa el intenso debate que rodea a las aspiraciones secesionistas del presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, En este sentido, el académico señaló que "nadie ganará con la independencia y sí con el reformismo constitucional, que está en el ADN de nuestro país".



Torreblanca instó a los defensores de una Cataluña fuera del Estado español a que valorasen los pros y los contras de una decisión de tal magnitud y sostuvo que un referéndum independentista debería ser sólo el último paso de un proceso basado en el diálogo y el consenso, a modo de refrendo de lo ya pactado.

De este modo, el académico abogó por que Gobierno y oposición lleguen a un acuerdo y piensen en una solución a la permanencia de Cataluña dentro de España y no sólo se centren en la negativa a conversar.

Por último, intervino Fernando Vallespín que expuso, con mayor vehemencia que sus predecesores, sus puntos de vista, empezando por calificar a la sociedad española de reactiva y no de participativa. "El español sólo reacciona cuando le tocan sus intereses, nada más", afirmó el académico de la UAM, que añadió que "ser ciudadano consiste en algo más que en ir a votar cada cuatro años.



Además, Vallespín alertó sobre una desafección de nosotros mismos como ciudadanos como procesos paralelo y complementario a la desafección que vive la sociedad con la política y puso de manifiesto que se dan otras crisis además de la económica: "de liderazgo, ya que de esta no salimos tomando las decisiones un único partido, de legitimidad institucional y de territorio".

Como conclusión Vallespín apuntó que "España no se puede permitir dejar a los jóvenes, en sector más politizado de nuestra sociedad, fuera del proceso de regeneración y permitir que se vayan en masa al extranjero, necesitamos que se impliquen en las políticas del cambio".
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