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    20 de septiembre de 2014

Por Libre

[i]El drama de Cataluña[/i]

Se han confirmado las peores previsiones para los catalanes y para el resto de los españoles. Artur Mas gana, pero ha hecho el ridículo al adelantar unas elecciones para perder un porrón de escaños, hasta 12 (lejos de la mayoría absoluta que pretendía), ha dado alas a los más extremistas, radicales e independentistas, pues ERC dobla sus diputados y a los aún más de extrema izquierda y soberanistas, pues el CUP entra con fuerza en el Parlamento. Mientras, el PSOE se hunde de nuevo. Y el PP gana un diputado. Que menos da una piedra.

La cuestión ahora es, ¿qué va a hacer el reelegido presidente de la Generalidad? ¿Tendrá los bemoles de poner en marcha el cacareado referéndum sobre el cursi eslogan del “Derecho a decidir”? ¿Y seguirá dejando de lado los intereses y el bienestar de los ciudadanos? Lo más probable es que no tenga más remedio que aliarse con ERC, por lo que la deriva independentista, a buen seguro, se agudizará. Porque lo que debería hacer, pero no hará, es dimitir. Por hacer el memo.

Porque en los dos años que ha presidido la Comunidad, Cataluña se ha arruinado con sus pamplinas y sus torpezas y todos sus esfuerzos y sus dineros los ha empleado en convencer a los catalanes de que había que independizarse de España. Y, según las investigaciones policiales conocidas recientemente, llenarse los bolsillos con suculentas comisiones colocadas en paraísos fiscales. Presuntamente, claro.

Pero hasta los catalanes saben, que esa soberanía no les traería más que problemas. Han votado mayoritariamente a CiU, es verdad, pero el subidón de ERC es la mejor prueba de que el independentismo ha tomado Cataluña.

Aunque, como ya hemos comentado hasta la saciedad, en el supuesto de que se celebrara el referéndum sobre la secesión y obtuviera mayoría de apoyos, luego, deberían votar las Cámaras (tanto el Congreso de los Diputados como el Senado) y apoyar esa independencia con dos tercios de los parlamentarios. Lo que, si el PSOE no se vuelve loco, jamás ocurrirá. Y, además, también deberían de participar en un referéndum a escala nacional todos los españoles. Y tampoco parece que el resultado saliera positivo para la chifladura del independentismo. Y Europa los tacharía del mapa. Y se quedarían solos, arruinados y desquiciados. Y la región que en su momento presumía, y con razón, de ser la más próspera, moderna, liberal y vanguardista de España se convertiría en todo lo contrario. De momento, ya se encamina hacia ello. Ellos solitos se han metido en un callejón sin salida.

El descalabro del PSOE es otra pésima noticia. Las veleidades de Rubalcaba y compañía, la mediocridad del candidato y la ambigüedad de sus mensajes han vuelto a llevar al PSOE a las cloacas. Y para que España mantenga cierto equilibrio político necesita un PSOE fuerte, precisamente, para frenar chorradas como las de Artur Mas. Porque luego vendrán Urkullu y el alcalde de Zarzalejos de Arriba con el mismo propósito.

La propuesta del federalismo que un buen día se le ocurrió a Rubalcaba es como bailar entre dos aguas. En querer quedar bien con todos y hacer el ridículo estratosférico. Alemania y Estados Unidos, por ejemplo, son países federales. Y no tienen ni la mitad de competencias que Cataluña. Es posible que lo sepa Rubalcaba. O no. En cualquier caso, lo que ya ha logrado es partir al PSOE en dos en Cataluña y dejarlo a los pies de los caballos. Y, o rectifica esta postura sinsentido y se alía con el PP para que España defienda la Constitución y la unidad, o el futuro de nuestra nación dependerá de partiditos dispersos, que se arriman al sol que más calienta; esto es, al que más les subvenciona, y, sobre todo, de los nacionalistas con el colmillo retorcido y el odio a España circulando por sus venas. Pues ése es su único principio. En eso se resume toda su ideología. Y Cataluña, está claro, lo que quiere es la independencia. Un drama y un imposible.
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