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    24 de octubre de 2014

PASO CAMBIADO

[i]Artur Mas, tras el ridículo, el ajuste de cuentas[/i]

La lección de estrategia de Mas se estudiará en los libros de Historia. Anticipar las eleccionas para lograr la mayoría absoluta y ceder doce escaños. Un genio. Y aunque en este caso no ha perdido todo su patrimonio de partido, porque algo siempre queda guardado en alguna caja numerada, sí es cierto que ha dilapidado todo su prestigio personal. Como él mismo dijo, se ha “autoinmolado”.

El ludópata Mas ha hecho tanto esfuerzo por confundir deseos con realidades que ha llegado a hacer dudar. Si alguien convoca elecciones en el segundo año de una Legislatura parlamentariamente cómoda, es porque tiene datos de que le serán útiles, se supone. Incluso se puede pensar que es una jugada brillante, para regatear los efectos de desgaste de una crisis, para patrimonializar sentimientos de nuevo cuño y para lograr la hegemonía política y quién sabe qué brillante futuro nacional. Pues bien, todo lo contrario. Mas ha salido literalmente escabechado de estas elecciones y cualquier persona, en su caso, dimitiría.

La aventura equinoccial del Honorable en funciones (empezó a poner su título en funciones el mismo día que dijo que no le pararían leyes ni tribunales) ha terminado de la forma más triste: perder ganando. Y aún apurará más ese cáliz si insiste en la matraca del independentismo, pues eso prolongaría el patetismo con el que ya empieza a ser visto por sus conciudadanos. Y es que Mas está a punto de ser el cachondeo de Cataluña: como dijo Rajoy, el problema para un gobernante es que dejen de tomarle en serio. A Zapatero le pasó, sin ir más lejos.

Mas ha parecido sorprendido por los resultados y ha dicho que éstos requieren un periodo de reflexión. Pues a buenas horas, porque lo que le hubiera convenido es reflexionar antes de actuar. ¿Qué sueños le habrán alimentado en su entorno? Porque yo, de ser Mas, me empezaría a preguntar por qué me animaron tanto a una aventura tan incierta. ¿Qué le aconsejó Oriol Pujol, ya saben, el hijo de su padre? ¿Qué le dijo este genio de Felip Puig, el jefe de los Mossos a quienes presentó como su ejército sin recordar que eran la Policía que tenía los papeles del Palau? Y es que ahora se puede pensar que ha habido intereses en CiU para poner a Mas por delante de la manifestación para que le partieran la cara.

Y no sólo a él, porque el ridículo también lo ha hecho palmariamente su socio de coalición, este independentista de nuevo cuño llamado Duran i Lleida, el presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso que se niega a ir a una Cumbre Iberoamericana, el portavoz con pasaporte diplomático español que se descubre oprimido por España después de vivir a cuenta del Estado en un hotel de cinco estrellas en Madrid durante décadas.

Mas y Duran han sacado los colores a quienes creyeron en ellos, a sus propios militantes y votantes, a quienes obligaron a perder su antigua y muy sobrevalorada imagen de sensatez. Pues no sólo no han alcanzado su objetivo de hegemonía en el nacionalismo catalán, sino que han alimentado a sus mayores competidores dentro de él, los genuinamente independentistas de ERC. Exactamente igual que en el País Vasco, y parece increíble que Mas no sopesara esa posibilidad.

Técnicamente, Mas podrá gobernar, pero políticamente su gobierno es inviable. Su alianza “natural” en lo soberanista con ERC tropieza con el pequeño problema de que el Gobierno catalán tiene que gestionar una crisis con medidas sociales que nunca tendrán el aval de los izquierdistas. Y que quienes podrían avalar esas medidas (el PP, por ejemplo) no podrá ocultar nunca su desconfianza ante este antiguo señor de orden de la derecha catalana que repentinamente puede transfigurarse en Ché Guevara con traje de Armani.

En mi último artículo en El Imparcial escribí que Mas le había hecho un gran favor a España, pues había recordado a los españoles que nada le deben a la oligarquía política nacionalista, cuya vocación traicionera ha tardado en mostrarse, hasta que lo ha hecho con estrépito. Con el resultado electoral, el favor ha sido doble. Porque éste ha mostrado varias cosas muy positivas para nuestra Nación. La primera de ellas es que merece la pena siempre seguir luchando en su defensa, porque en Cataluña también hay muchos que luchan, frente a los derrotistas españoles que siguen con su mantra de “que se vayan”. Que sigue valiendo lo que se ha dicho durante la campaña: Cataluña sin España sería un desastre, y España sin Cataluña una catástrofe.

Esa reflexión puede llevar al Gobieno de España a una cierta generosidad, aunque Rajoy tendrá que saber que aunque la estabilidad conviene siempre, él mismo va a estar muy vigilado por la opinión pública si se muestra demasiado condescendiente con un político tan desleal como Mas. Aunque éste complete el camino que le llevó de la retórica a la épica, y vuelva otra vez sus pasos a la retórica nacionalista, ésa que habla de banderas y pueblos en los días pares, y de la cartera los impares. Pues que mire los números Mas. Uno de cada siete catalanes le ha votado. Y medio más a ERC, si es que quiere sumar en uno dos proyectos tan antitéticos como el izquierdista y el conservador. Es decir, una minoría excepcional.

La definitiva contribución de Mas a la causa soberanista ha sido dejar al independentismo sin líder, y dejar congelada por lustros la propia idea independentista. Efectivamente, Moisés Mas no verá la Tierra Prometida, ni aunque quiera reparar con superglue las Tablas de la Ley que ha roto. Y si su liderazgo se ha resquebrajado en Cataluña, no digamos cómo se queda su imagen en el conjunto de España, donde no parece que vaya a ser demasiado bien recibido, pese a las enseñanzas de perdón hacia los hijos pródigos. Por eso, va a dejar de ser útil hasta para sus antiguos leales, que son los primeros que le van a correr a gorrazos. Empezando por su prensa adicta, La Vanguardia, y continuando por los dubitativos empresarios que se han callado como muertos por si les caían migajas fiscales a cuenta del alboroto. Pese a lo cual, Mas igual va y no dimite, que peores cosas se han visto. Es posible, incluso, que intente otra convocatoria electoral anticipada, tal vez hasta que consiga que su partido se quede como extraparlamentario. Lo que no logrará, porque antes habrán ajustado las cuentas a Mas, especialmente quienes más le adularon.

En fin, como este artículo vale de personal balance de la jornada, hay que resaltar que el PSOE sigue en el purgatorio, pero sin un paso decisivo al infierno; que Alicia Sánchez Camacho ha aguantado el tipo para el PP, al que aún le queda mucho para ser una alternativa homologable en Cataluña, donde ha sido una formación injustamente apestada; y que la frescura irreverente de Ciudadanos es recompensada con un voto de verdadera vanguardia de la convivencia española en Cataluña, con gran mérito de Albert Rivera. Y que los comunistas verdes ahí siguen, impertérritos, con una nueva compañía a la izquierda, una cosa que se llama Unidad Popular. Un dibujo, en suma, que demuestra que la sociedad catalana ha entrado en proceso de fragmentación política gracias a la inestimable labor de zapa anticatalana de CiU, a la que, suponemos, habrá también que empezar a pedir cuentas en los tribunales, que ésa es otra que no se nos tiene que olvidar.
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