cabecera
    23 de octubre de 2014

Javier Arenas y María Dolores de Cospedal esperan al anuncio de relevos

Rajoy mantiene la alineación: un año después, no se plantea cambiar su Gobierno

Se habla de Javier Arenas y María Dolores de Cospedal para entrar, mientras que las salidas están menos claras. Sólo un año después de arrancar, el Gobierno es preguntado por una crisis para renovar rostros y carteras. Mariano Rajoy no lo contempla por el momento. Se apoya tanto en hechos como en previsiones para determinar que no toca.


El 21 de diciembre de 2011, Mariano Rajoy anunció el nombre de los ministros de su Gobierno. Mucho ha llovido sólo trescientos sesenta y algunos días después. Aunque el presidente dice estar satisfecho de sus reformas, como sostiene en público y reconoce también en privado, sabe del desgaste de algunos de los principales miembros de su equipo. Sin embargo, lejos de reflexionar acerca de una crisis para remodelar su gabinete, entiende que ahora no toca.

El Ejecutivo maneja previsiones que avanzan un 2013 de mejoría dentro de la gravedad y en un marco europeo en el que potencias como Alemania se verán obligadas a rebajar el tono con los más débiles. Su pronóstico, como el de Francia, empieza a preocupar en la Unión Europea, mientras que el español, según fuentes próximas a Luis de Guindos, mejora en la medida en que acata los dictados de Bruselas. La confianza en nuestro país, defienden estas voces, ha crecido sobremanera.

Con menos presión exterior para el estricto cumplimiento del objetivo déficit, que no obstante ha de perseguirse, con una no óptima pero sí mejor colocación de deuda que meses atrás y con la prima de riesgo en torno a los 400 puntos, Rajoy se da por contento. El principal quebradero de cabeza es la financiación, insisten desde Moncloa; la mayor amenaza para la imagen del Gobierno, el paro. En este terreno, las expectativas no son tan halagüeñas ni 2013 se postula como fecha final de la caída libre.

Uno de los principales trabajos de comunicación del Ejecutivo en las próximas fechas consistirá en manejar el desencanto y en asegurar que los efectos positivos de las medidas se encuentran en fase incipiente pero que en el medio plazo asentarán la anhelada estabilidad presupuestaria que España necesita para comenzar a crecer. El mensaje no es sólo consigna de cara a la opinión pública sino también un convencimiento del Gobierno, según ha podido saber este periódico. Pero, ¿sabrá convencer a la ciudadanía?

Los ministros gozan de una pobre valoración, pero este hecho, al menos de momento, no inquieta al presidente, que siempre tuvo en mente un primer grupo de colaboradores para dar la cara por las grandes reformas de la legislatura y un segundo que gestionara una etapa de recogida de frutos y de cara a las próximas generales. Alberto Ruiz-Gallardón es el mejor valorado por los españoles, según el más reciente estudio del CIS y pese a la feroz oposición especialmente por la subida de tasas judiciales.

A la cola, José Ignacio Wert y Fátima Báñez. Sus casos son muy distintos. Wert sí figura en el borrador de descartes -distintas voces próximas al Gobierno denuncian que actúa por libre en demasiadas ocasiones-, mientras que Báñez, en la medida en que el desempleo no tiene solución en los próximos meses, no es en principio candidata a ser sustituida pues su relevo se quemaría en un muy breve espacio de tiempo. Luis de Guindos se siente tentado por el Banco Central Europeo (BCE) y muy cansado al frente de Economía. Se trataría de una baja voluntaria que ya ni siquiera es secreto fuera de sus círculos más próximos. Cristóbal Montoro se ve con fuerzas para continuar y también opina que lo peor, al menos para su imagen, ha pasado.

Para entrar en el Consejo de Ministros hay dos nombres bien visibles. Desde su victoria con sabor a derrota en Andalucía, Javier Arenas, en quien Rajoy ve un buen gestor en Administraciones Públicas. De un breve tiempo a esta parte, María Dolores de Cospedal, que exhibe con especial interés y alaba en las últimas semanas a su mano derecha en Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz, consejero de Sanidad y Asuntos Sociales, ante la posibilidad de hacerse un hueco en el Gobierno.

Pero, de vuelta casi al comienzo, y al menos de momento, el cambio no se contempla. La crisis, que aún promete coletazos, castigaría desde el comienzo toda renovación y volaría por los aires un lavado de cara. Rajoy quiere aguantar su alineación inicial hasta que no le quede otro remedio y, como viene siendo habitual en él en particular y en estos procesos en general, sin previo aviso. No suelta prenda cuando es preguntado al respecto. Arranca el año dos con los mismos protagonistas y con el alivio de haber superado lo peor -o eso interpretan- sin haber dejado de ser primera opción política. El presidente no desea hacer ver con destituciones que la política emprendida y aplicada no es la que cree mejor para los intereses de España o que su elección de personal no fue acertada.






Compartir en Meneame