cabecera
    24 de septiembre de 2014

crónica política

¿Hasta dónde llega el derecho a la huelga?

La sanidad madrileña arde por los cuatro costados por los planes de González de privatizar la gestión de los hospitales públicos. El metro para casi todos los días, y más que lo hará de aquí a Nochevieja , con interrupciones parciales del servicio hasta en el mismo día 31, y en las horas más críticas de esa jornada, desde las cinco de la tarde hasta las dos de la mañana del 1 de enero. Además 24 horas de huelga para los días 4 y 5 de enero, coincidiendo con la Cabalgata de Reyes y el final de las compras navideñas. Por su parte, Telemadrid, cuando se ve, sólo ofrece programas enlatados.

Ante esta situación, el máximo dirigente madrileño ha salido a la palestra para reclamar que “alguien, quien tenga la competencia, regule el uso abusivo que se hace del derecho a la huelga”. Y ha ido más lejos, al recordar que “los madrileños tienen derecho a ser atendidos por los profesionales sanitarios porque pagan sus impuestos. En este sentido, ha recalcado que respeta el derecho a la huelga pero “no se debe jugar con la salud de los ciudadanos, ni utilizar los servicios públicos de salud para reivindicaciones particulares, sindicales o profesionales, que son muy legítimas pero no a costa de los ciudadanos”.

En esta línea ha destacado que “no es aceptable” que se hayan suspendido 4.000 intervenciones quirúrgicas “y eliminado y retrasado más de 30.000 pruebas diagnósticas”. Los analistas políticos consultados por este diario subrayan que “efectivamente el clima de confrontación social en Madrid está muy por encima de lo que sucede en otras comunidades autónomas. Y al final, de una forma u otra, quien paga las consecuencias es el ciudadano de a pie, que se ve afectado en su atención sanitaria o en su posibilidades de movimiento, con paros en los transportes públicos como el metro o los autobuses. Evidentemente, a quien tiene una plaza de garaje en su trabajo no le afecta, pero a los centenares de miles de personas que no disfrutan de ese privilegio, estudiantes incluidos, se les ocasiona un tremendo trastorno”.

Las mismas fuentes subrayan que es el “eterno debate que se ha vivido en este país desde la llegada de la democracia: ¿Hasta dónde llega el derecho a la huelga y hasta dónde llega el derecho de los ciudadanos a poder usar los servicios públicos en medio de conflictos laborales o de protesta contra medidas adoptadas por las administraciones?”. Porque como señalan las mismas fuentes, “en Madrid, ahora mismo no hay quien viva”.
Compartir en Meneame