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    22 de octubre de 2014

El presidente, tras recordarle a Bárcenas: "El PP no ha sido condenado, el PSOE sí"

Rajoy anuncia una segunda generación de reformas y Rubalcaba le acusa de estar deslegitimado

Mariano Rajoy no tenía el viento favorable en el contraprogramado debate sobre el estado de la nación. Sin embargo, la estrategia adoptada ha exhibido a un presidente convencido de que su intervención marcaba un antes y un después en el mandato y orgulloso de haber salvado un rescate con el que España ha coqueteado durante varios meses. Ha hablado de crecimiento y de empleo, nuevas prioridades del Gobierno una vez, considera, se han sentado las bases para rebajar la deuda y recuperar el crédito -en las dos principales acepciones del término- internacional.

Los jóvenes y las pymes centran la atención de la "segunda generación de reformas" -el gran anuncio de la jornada-, más próximas al programa con el que Rajoy se presentó a las elecciones. Reconoce que no lo ha cumplido, pero porque se debía al país y no a sus propios intereses, ha dicho. Como aval para confiar en él ha sacado músculo con el esperado dato de déficit de 2012, por debajo del 7 por ciento del PIB. Aunque triunfalista, adelantándose al discurso derrotista de la oposición ha puntualizado en todo momento que el Ejecutivo no bajará la guardia.

La corrupción ha ocupado una generosa porción de su ponencia, de 39 folios, pero en estas páginas no se encontraba Bárcenas. Sí figuraba la propuesta de un gran pacto al resto de formaciones por el que se endurecen las penas, se incluye a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales en la Ley de Transparencia, se refuerza el papel del Tribunal de Cuentas y se establece un estatuto del cargo público que implica mayor vigilancia y concreción tanto de los derechos como de los deberes.

Tras el optimismo y la retahíla de medidas, con descanso para comer entre medias, Rubalcaba. El socialista ha empleado su tiempo y algún minuto más en reivindicaciones que apenas han conquistado siquiera a su grupo, al menos en apariencia. Sus palabras perseguían echar abajo la legitimidad del Gobierno, que a su juicio se ha cargado 30 años de conquistas sociales en apenas uno. Ha denunciado el "desamparo" de los pacientes de la sanidad pública y de los trabajadores, dependientes de la "voluntad" del empresario con la nueva normativa laboral.

Ha recordado a las personas que buscan comida en los contenedores, algunas antes de clase media, o a la señora mayor que rechaza un tratamiento porque con ese dinero puede comprar comida para los nietos que tiene a su cargo. Ha invitado a Rajoy a pasarse por esos lugares en los que se hacía una foto para salir en las portadas cuando estaba en la oposición y a aceptar el reto de atajar la pobreza con un fondo de 1.000 millones de euros y mayor apoyo a las ONG.

Rajoy no se ha referido a los desahucios en su primer discurso y Rubalcaba ha aprovechado para afeárselo. Ha recordado el socialista que hace pocas semanas, cuando Gobierno y PSOE negociaban en La Moncloa un acuerdo en esta materia, los primeros rechazaron una reforma de la ley hipotecaria, mientras que la pasada semana votó favorablemente a debatir una iniciativa que va en ese camino. Ha llegado entonces una de las acusaciones más sonoras. Se ha preguntado Rubalcaba cuántas "desgracias" se habrían evitado -suicidios- si el Ejecutivo hubiera dado su brazo a torcer entonces y no ahora.

Los desahucios han sido motivo de rifirrafe, pues Rajoy ha contestado que se dispararon en 2007 y que Zapatero y su equipo "jamás" hicieron nada. "Maldita sea, por qué no arreglamos aquello", ha admitido Rubalcaba, que ha tomado la senda de reconocer errores, probablemente en un guiño a quienes, desde abajo, presionan a la cúpula. Lo mismo ha hecho sobre corrupción, al reconocer que el suyo es el único partido condenado por financiación hasta el momento, como le ha reprochado Rajoy. Pero el mea culpa no venía solo: a diferencia del PP, ha recalcado, ellos han "aprendido para toda la vida", al tiempo que considera que los de Génova se han escapado de una condena así por triquiñuelas judiciales.

Rajoy ha apoyado sus réplicas en el pasado. "Usted tiene historia", le ha indicado a Rubalcaba. El presidente no cree que su oponente esté en condiciones de darle lecciones dada su procedencia y su trayectoria y ha digerido con distancia y calma las críticas, al menos las no referidas al caso Bárcenas, contra las que se ha revuelto, y las no referidas a su dimisión, que han regresado al hemiciclo: "Yo no le voy a pedir la suya porque ya hay quien se la pide dentro", ha dicho a Rubalcaba.

El resto de munición del socialista iba dirigida a derribar los supuestos éxitos explicados en la sesión de mediodía: "La balanza comercial mejora porque no importamos y no importamos porque no crecemos", ha denunciado un Rubalcaba que también ha pedido a Rajoy que no comience con una "segunda generación de reformas" hasta que no "corrija los destrozos" de la primera, frase que ha alcanzado el mayor entusiasmo de sus diputados, visiblemente más apagados que una bancada 'popular' entregada a la ovación del presidente, que se jugaba mucho en este debate sobre el estado de la nación.

Ya cosa de pasillos, que no en el Pleno, con cámaras y gran iluminación, Rajoy y los suyos se han marchado satisfechos -sin hacer declaraciones, como de costumbre- y Rubalcaba y los suyos, especialmente su 'número dos', Soraya Rodríguez, con gesto de preocupación. A priori, ellos deberían haber vencido y convencido. Por la batería de medidas del oponente, por la falta de reflejos o por el no excesivo gancho del tradicionalmente buen orador socialista, la de este miércoles ha sido una ocasión perdida frente a un Gobierno que ha sacado fuerzas de flaqueza para sacar adelante un debate con promesas que sólo el tiempo, pues la cotización de la palabra está bajo mínimos, demostrará ciertas y efectivas. Por lo pronto, en el Parlamento ya se ha hablado al fin de crecimiento y empleo como prioridades.







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