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    22 de octubre de 2014

crítica de cine

Ayer no termina nunca: o el pasado que siempre vuelve

Isabel Coixet relata en su octavo filme la trágica historia de amor de una pareja que se reencuentra cinco años después de haberse separado.
Javier Cámara y Candela Peña son los protagonistas únicos del nuevo trabajo de Isabel Coixet, galardonado con el premio especial del jurado en la reciente edición del Festival de Málaga. A través de la conversación que ambos mantienen y de los flashbacks, o imágenes instantáneas en las que escuchamos lo que piensan realmente a pesar de que sus palabras sean muy distintas, la directora catalana nos introduce en las vidas de unos personajes que sufrieron la trágica pérdida de su hijo y de la distinta forma en la que cada uno de ellos pudo o supo afrontarla. Inspirada en Gif, de la dramaturga holandesa Lot Vekemans, quien obtuvo el premio a la mejor obra en su país en la temporada 2009-2010, el mayor acierto de “Ayer no termina nunca” es la capacidad para expresar lo que siente cada uno de los personajes sin mediar juicios de ningún tipo. Ambos han sufrido y aunque el espectador se sienta inclinado a “defender” más a uno que a otro, con el transcurso de este especial “viaje al pasado” cada vez estará más abierto a aceptar que ninguno obró para hacer más daño al otro, sino todo lo contrario. Se puede hablar, sí, de cobardía, de egoísmo y hasta de crueldad en la forma en la que el marido se marchó dejando atrás el dolor que había tomado posesión de su esposa a la que ya no lograba reconocer, pero la sensación irá dándose la vuelta ante una mujer a la que, al final, sólo queremos ver reaccionar porque aún no es tarde para que siga adelante.

A pesar de la herida terrible y, sobre todo, porque por fin ha podido mantener la conversación pendiente con su marido, que él le negó, desapareciendo una noche tan especial como la de fin de año. La veterana directora vuelve a explorar con precisión y realidad los sentimientos más profundos de quien sufre y sigue sufriendo, ya que el pasado puede dejarse atrás pero nunca olvidarse. Con esos primeros planos que fijan una mirada, una lágrima, un pensamiento, Coixet ha creado, además, un escenario que oprime, capaz de aumentar, aún más, la sensación de pérdida, de absoluta desolación. Corre el año 2017 y la crisis en nuestro país no sólo no ha terminado, sino que ha ido a peor. Las noticias que se escuchan en los primeros minutos de metraje, mientras los protagonistas se preparan para acudir a su crucial encuentro, anuncian que el FMI ha denegado a España su tercer rescate.

Las imágenes muestran la degradación de todo aquello que se construyó a lo grande antes de que estallara la burbuja de la especulación, acabando con muchos sueños. Quienes pudieron se marcharon a otros lugares más prósperos, como el caso del personaje protagonizado por Javier Cámara en la que es su tercera colaboración con Coixet, quien, cuando dejó todo atrás, emigró a Alemania para construir una nueva vida. Mientras que los que se quedaron, como la madre destrozada a quien da vida Candela Peña en su primer trabajo a las órdenes de la directora catalana, han seguido perdiendo y malviven el día a día entre los escombros abandonados de las mega construcciones impagadas con el coche como única vivienda, en el mejor de los casos. Versión, por tanto, apocalíptica no sólo en relación a los sentimientos, sino también en lo referente a una sociedad que literalmente se ha venido abajo.
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