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Manuel Chaves Nogales: un filón inagotable

Famoso en su día por ser un periodista de patas (en expresión de Pío Baroja), abandonado durante su exilio en Londres, donde murió en 1944 a la edad de 46 años lejos de su familia, y olvidado hasta los años 90, la reputación y popularidad de Manuel Chaves Nogales va en aumento.

Hace poco salió la definitiva y primera edición completa e ilustrada de su A sangre y fuego, su clásico libro de cuentos sobre la Guerra Civil en una bella edición de Renacimiento, con dos relatos nuevos nunca publicados en España, y casi simultáneamente la nueva versión de su Obra Periodística (Diputación de Sevilla) en tres tomos, que incluye numeroso material desconocido.

Como bien dice Antonio Muñoz Molina en su prólogo a otro libro de Chaves Nogales, La defensa de Madrid, una joya descubierta por María Isabel Cintas y publicada en 2011 por Renacimiento, “en una época en la que casi todo el mundo da por supuesto que solo se puede agitar el puño cerrado o levantar la mano abierta, vestir camisa despechugada de nazi o mono postizo de obrero, Chaves Nogales vindica su apostura no heroica de pequeñoburgués, de hombre con camisa y corbata.”

En las ya famosas palabras de Chaves Nogales en su prólogo a A sangre y fuego: héroes, bestias y mártires de España (el subtítulo explica muy bien el contenido del libro), “yo era eso que los sociólogos llaman un ‘pequeño burgués liberal’, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.”

Era uno de los pocos intelectuales españoles que no cerró sus ojos a lo que estaba pasando en su país y en Europa. Había viajado por la Unión Soviética comunista y la Europa nazi y fascista. A la altura de Chaves Nogales solo están unos pocos, como George Orwell o Stefan Zweig. Se exilió en Paris a finales de 1936. “La crueldad y la estupidez se enseñoreaba entonces de toda España,” que él atribuyó “a la peste del comunismo y del fascismo.” En 1940 se fue a Londres, por el avance de las tropas nazis.

Las nuevas ediciones de A sangre y fuego y de la Obra Periodística son de Cintas, autora de una biografía de Chaves Nogales, que lleva dos décadas reconstruyendo su trayectoria y tanto ha hecho para dar a conocer las obras del autor. Sin embargo, por razones que desconozco, su nombre no figura en la portada de A sangre y fuego, a diferencia de las portadas de los otros dos libros de Chaves Nogales publicados por Renacimiento en donde ella fue responsable de las ediciones, La defensa de Madrid y Crónicas de la guerra civil.

Además, no es cierto que Andrés Trapiello, prologuista de la nueva edición de A sangre y fuego, fue como se dice en la contraportada “el primero en señalar la verdadera importancia de esta obra” en su libro, Las armas y las letras publicado en 1994, un año después de la primera edición de la Obra Narrativa de Chaves Nogales publicada por la Diputación de Sevilla a cargo de Cintas.

Trapiello cuenta en el prólogo que vino a Sevilla en el otoño de 1993 a buscar material para su obra en la biblioteca personal de Abelardo Linares o en los estantes de su librería. La Diputación acababa de publicar la Obra Narrativa. Allí aparecía publicado A Sangre y Fuego. Trapiello lo lee y advierte el valor del periodista. Decide incluir a Chaves Nogales en la relación de su libro. Es de suponer que llegó a la conclusión de que los libros publicados por instituciones no tienen divulgación y lamentó no haber sido él el que descubriera a Chaves. Tan interesante considera la edición de la Obra Narrativa, que incluso le hace en Babelia de El País una reseña a página completa. En ella ni siquiera se molesta en citar a Cintas, la recopiladora. ¡Qué injusticia con alguien que ha hecho justicia a Chaves Nogales!

La nueva y más amplia edición de la Obra Periodística viene motivada por el añadido de una producción recientemente hallada en revistas y periódicos nacionales, periódicos franceses y revistas latinoamericanos.

Ha desaparecido de la nueva edición el amplio estudio introductorio de Cintas porque considera que los datos que entonces aportó, que podían en aquel momento llenar el desconocimiento en que se tenía al periodista, han sido ya presentados en su biografía. Así que lo nuevos lectores de Chaves Nogales no tendrán más remedio que leer la biografía.

Quedan todavía textos de Chaves Nogales por recuperar, escritos para la prensa francesa, inglesa y sudamericana desde su exilio inglés y distribuidos a través de la agencia de Chaves en Londres, la Atlantic Pacific o la Atlas Despatches Limited, de Fleet Street, también bajo la dirección del periodista.

En agosto, un grupo de admiradores de Arturo Barea, otro escritor español que murió en el exilio en Inglaterra, inauguraremos una placa en su honor en la fachada de su pub favorito en Faringdon en el condado de Oxford. Ya hemos restaurado su lápida funeraria conmemorativa. Chaves Nogales está enterrado en el cementerio de East Sheen y no hay nada que indique que allí reposan sus restos. Algo habrá que hacer para conmemorarle.


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