cabecera
    21 de septiembre de 2014

hasta el 24 de noviembre en el teatro de la zarzuela

La CND contagia el gozo de bailar con un impactante programa contemporáneo

La CND vuelve a poner en pie al público del Teatro de la Zarzuela con un impactante programa contemporáneo que contagia las ganas y el gozo de bailar gracias a una iniciativa que invita a los espectadores a participar en el espectáculo, que pone en escena Sub, de Itzik Galili, Falling Angels, de Jirí Kylián, y Minus 16, de Ohad Naharin.
La Compañía Nacional de Danza consigue poner en pie a un abarrotado Teatro de la Zarzuela gracias a una puesta en escena que invita al público a subir al escenario y bailar. Hasta el 24 de noviembre presenta un programa intenso lleno de fuerza y picardía compuesto por piezas contemporáneas de tres de los más relevantes coreógrafos de la escena internacional: Itzik Galili, Jirí Kylián y Ohad Naharin.

Con un programa muy diferente al último presentado, en el que se ponían las zapatillas de puntas, la CND consigue arranca la ovación del público. A través de un recorrido por la coreografía internacional, José Carlos Martínez, bailarín estrella de la Ópera de París y actual director de la Compañía Nacional de Danza, se detiene en tres nombres claves para su nuevo programa: Itzik Galili, Jirí Kylián y Ohad Naharin. De estos tres coreógrafos ha elegido las coreografías Sub, Falling Angels y Minus 16, que conforman un conjunto potente e impactante.



Con formaciones de ocho chicos en Sub y ocho chicas en Falling Angels, el espectáculo muestra un contemporáneo puro y depurado. En la primera pieza, estrenada en 2009 en el Theater Bellevue de Amsterdam, ocho cuerpos masculinos, definidos y torneados a base de mucho plié, battement tendu y relevé, se mueven por el espacio con firmeza y actitud dando como resultado una pieza varonil y llena de fuerza en la que se asiste a un combate de testosterona sin descanso en un campo de batalla en forma de escenario, en el que como si de un espacio salvaje se tratara los bailarines se dejan la piel al compás de la música mientras respiran hondo, como la fiera delante del gladiador. Un derroche de energía y expresión en estado puro.

En esta pieza, la iluminación juega un papel importante. Itzik Galili cuenta con la ayuda de su actual escenógrafo y diseñador de luces, Yaron Abulafia, con quien crea un trabajo de vanguardia perfectamente reproducido por la Compañía Nacional de Danza. Según las críticas internacionales, el arte de este coreógrafo reside en su capacidad de realizar un equilibrio entre la abstracción y la narrativa, creando obras que impresionan por ellas mismas y que mezclan humor, agresividad, lirismo, sexo y elegancia.



En Falling Angels, la CND vuelve a sorprender con una formación en la que solo hay mujeres, de ahí el contraste que resulta de programar la pieza de Sub antes que esta. Las componentes de la compañía, que también poseen una forma física espectacular, lucen sus esculpidos cuerpos en una pieza donde la danza es la protagonista absoluta. Kylián considera que la música es la fuente primaria de sus composiciones, pero en Falling Angels hace una excepción al lograr que la danza brille por sí sola y excite al público con una estructura rítmica y veloz.

Últimamente todo lo que presenta la Compañía Nacional es garantía de éxito. En la buena acogida de sus propuestas tiene que ver las elecciones que hace Martínez, quien demuestra que sabe elegir las piezas y coreógrafos que mejores resultados dan como demuestra haberse decantado por Jirí Kylián, quien está considerado uno de los más relevantes coreógrafos de la escena contemporánea. Director artístico del Nederlands Dans Theater,creador de la compañía II, semillero de los talentos más incipientes, y III, para bailarines senior, de más de cuarenta años, es el padre de casi cien piezas representadas por todo el mundo y cuenta con numerosos galardones que avalan su intensa y gran carrera en el mundo de la danza. Con esto y un gran trabajo de repetidores, maestros y expertos de la CND, no extraña que la pieza Falling Angels deje impactado al público en cada actuación.



Pero si hay una coreografía que se mete al público en el bolsillo, esa es Minus 16. Con una ecléctica composición musical que va desde Dean Martin al mambo o del tecno a la música tradicional, Ohad Naharin deja volar los sentimientos, preocupaciones y formas de sentir la música y la danza de cada bailarín y espectador mediante la improvisación y su reconocido método Gaga, un lenguaje de movimiento que rompe y rasga y que empuja a los bailarines a desafiarse a sí mismos a través de maneras nuevas y diferentes. El público se queda impactado desde principio a fin de la pieza, dada su excentricidad y a que mayores y pequeños, bailarines o no, son invitados a dejar la vergüenza en la butaca y subir al escenario a compartir con la compañía el excitante gusto por bailar. Para los bailarines es un gran reto, pues cada actuación es única y diferente, ya que no cuentan con la reacción del público invitado, lo que hace que sea un rato divertido, pícaro e imprevisible para todos.

Con una estética cuidada y una composición intensa, esta pieza cierra el espectáculo y pone al público en pie, reconociendo el enorme trabajo que está haciendo la Compañía Nacional. Se trata, pues, de una gran campaña a favor de la danza, una invitación a bailar desde la alegría y la despreocupación dando como resultado un divertido encuentro con la danza, tanto para bailarines como para aficionados. La única condición que pone la Compañía Nacional de Danza es disfrutar. Y lo está consiguiendo.


Compartir en Meneame