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    25 de octubre de 2014

Amigos del poder

En el fondo se sabe que no hay más que un paso del éxito al ridículo, del halago a la crítica o de la amistad a la enemistad; pero no se acaba de recordar a tiempo estos vaivenes de la vida, cosa beneficiosa que amplía y modera, y se cae en halagar y criticar lo halagado y lo criticado.

Esto se ve con claridad pasadas unas elecciones, con sus correspondientes triunfador y perdedor. Mientras alrededor del triunfador se agolpa el personal en vistas de ser parte del rebaño más fiel, los hombres de confianza del perdedor procuran su más provechosa huida. Sin duda, uno está en su derecho de cambiar su rumbo con la mayor prontitud, pero no deja de resultar el espectáculo un tanto desolador.

Hace poco más de cuatro años, veíamos las dificultades que tenía el actual presidente para formar sus listas; tanto fue así que se ofreció el nº 2 hasta a presentadora y a actriz, y ambas rehusaron; finalmente accedió con desinterés una catedrática, hoy, aunque sólo fuera por ello, merecidamente ministra. Se trataba de un partido escondido y de que diera la cara y de paso se quemara un hombre anodino los próximos años claros de oposición.

Al otro lado estaba entre halagos, con un rebosante partido de brillantes fieles, el claro futuro presidente. Contra todo pronóstico, el uno apareció presidente y el otro, ¡ay! que diría su admirador Umbral, se encontró lanzado y sin horizonte.

Pero la vida sigue inalterable su inesperado curso hacia sus nuevos cercas y lejos, altos y bajos, idas y venidas. Y “esto también pasará”.
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