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    21 de octubre de 2014

Monogamia antinatural

Ahora que anda de promoción Dustin viene a dar titulares diciendo lo que ya es un tópico: que “la monogamia es antinatural”; que en 27 años de feliz matrimonio ha tenido la tentación de ser infiel pero que “nada puede sustituir la honestidad en una relación”. Total, que cumple con lo antinatural como el primero, y tiene el mismo bollo que tenemos todos, confundiendo la honestidad con una abstención.

Si atendemos a la madre naturaleza, como parece que hace Dustin, nada más natural que economizar esfuerzos, esto es, que no cambiar lo que funciona; de hecho, desde los elefantes hasta los ratones de campo, que andan más naturales que nosotros, tienden a no cambiar de pareja. Antinatural, pues, no es tener pareja; pero sí contradictorio ser libre y que a la par se nos imponga renunciar a probar otra relación. Pero este entuerto es cuestión cultural que no natural.

Efectivamente, nada más contrario al espontáneo e ilimitado amor que la forzada miseria del sacrificio, en que en gran parte se nos ha educado. La fidelidad del amor, por suerte para quien la conozca, no es un intercambio de concesiones enajenantes sino la voluntad de aceptar y afirmar al otro tal cual es sin condiciones. Es decir, que, lejos de ser un no hacer nunca más, es la constancia de un hacer cotidiano.

Pretender controlar al otro viene de estar vendidos en la creencia de que la propia felicidad depende del comportamiento ajeno. Sin embargo, lo que haga o deje de hacer el otro no nos supone, a menos que lo consintamos, una diferencia. La felicidad es cosa que conviene tener a buen recaudo en las propias manos, y entonces, se comprende que nada más ventajoso que soltar al otro, alegrarse de que exista y desearle el bien le venga de donde le venga, sin abatirse si en un momento se va. Y esto parece tener más que ver con la honestidad.
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