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JORNADA 27: LEVANTE 1 REAL MADRID 3

Un Madrid de resaca encuentra motivación para ganar al Levante | 1-3

miércoles 02 de marzo de 2016, 22:49h
Actualizado el: 05 de marzo de 2016, 19:25h
Un Madrid de resaca encuentra motivación para ganar al Levante | 1-3
Ganó sin florituras un Madrid mejor conjuntado y con más hambre que de costumbre. Los goles de Ronaldo, Isco y Mariño en propia meta -chut de Mayoral- completaron un triunfo sólido que llega a tiempo para engrosar la legitimidad de los menos habituales pero tarde desde el prisma general. El Levante mostró su cara competitiva pero naufragó, impotente para generar peligro.

En Chamartín todavía se pestañea para aprehender y tragar la tesitura. El abrupto descenso de competitividad del coloso madrileño en el campeonato que define el rendimiento de un equipo, que le ha descartado desde febrero, recuerda a los olvidados valles tenebrosos de zozobra que expulsaban a pesos pesados de vestuario, técnicos y presidentes de sus escaños de mando en al entidad. La anacrónica naturalidad con que la plantilla se disculpa ante su tribuna, con tanta periodicidad y sin aplicar compromiso para arrinconar vicios heredados -ya denunciados por Zidane-, dirige ya el discurso hacia la Liga de Campeones. El entorno elitista donde, según susurran propios y extraños, la motivación y solidaridad rebosará en la sospechosa plantilla merengue. Pues bien, en el entretanto, el doliente tercer clasificado visitaba la casa del urgido colista. Se cruzó ante la impostada depresión capitalina el hambre y orgullo del Levante, que vislumbraba este hospedaje como la opción preclara para relanzar la inercia y acercar el horizonte de salvación. La necesidad de puntos, revestida de gesta, correspondía a los levantinos. La obligatoriedad de recuperar legitimidad ante su hastiada tribuna, se alineaba con los visitantes. Por todo ello, como en aquellas ocasiones en que la visita de este miércoles ponía en liza el jugarse el título, el aristócrata volvía a ser objeto de lupa. Volvía a representar el papel del que más tenía que perder. Aunque ya haya proyectado su indolencia para con la Liga.

Joan Francesc Ferrer ‘Rubí’, que no contempla desconectar a los suyos de una competición en marzo como algo familiar al espíritu deportivo, padecía sólo dos ausencias –Pedro López y David Navarro-, por lo que edificó el sistema que entendió más ajustado a la empresa a enfrentar. Por delante de sus zagueros -Feddal y Medjani- y voluntariosos laterales -Orban y López- desplegó una medular de claro componente muscular. Simao ejercería como sostén, acompañado por el potente recorrido de Camarasa y Lerma. Sobre Morales recaería la responsabilidad de engrasar la vigencia de la argucia en transición, con Deyerson –adalid desequilibrante- y Rossi –el puntilloso delantero italiano, ex Villarreal, de regreso a España- trazando una ofensiva plena de movilidad, destinada a buscar las cosquillas al improvisado sistema madridista. La altura de esfuerzo físico, orden entre líneas y precisión en vuelo y en la fase de remate no perderían relevancia en el duelo de esta vigésimo séptima jornada. La idea de jugar con la presión y exhibir capacidad de sufrimiento en el repliegue, en busca de la consistencia perdida y evolucionar con el paso de los minutos, siguen representando el clavo ardiendo al que se aferra un Levante desconcertado a esta fecha del curso. La divergencia motivacional bien podría convertirse en aliado de una batalla en la que la conquista de un punto no se antojaba utópica.

Zinedine Zidane, que sigue apelando a la lucha en el frente como mantra perpetuo que no termina por encontrar refuerzo práctico sobre el verde, hubo de esquivar los infortunios de Modric, Bale, Marcelo y Benzema y la sanción de Ramos y Carvajal, esbozando un parte indigesto para la resaca del infausto derbi. A pesar del ramillete de bajas, eligió sacar de la fórmula a la intrascendencia continuada de Isco, salvando, por el contrario, a la de James. Casemiro, obviado único obrero en plantilla, volvió a la titularidad para abrigar a Kroos, que se disfrazaría de cerebro croata. Lucas Vázquez recuperó también pulso como variante de desborde exterior, con Borja Mayoral profundizando en su aterrizaje en la élite al lado del contrariado Ronaldo. Nacho y Pepe sustituyeron a los ausentes con Varane y Danilo en el papel de elementos preferenciales de salida de la pelota. Todo lo que no fuera ganar cada balón dividido, “cada duelo”, significaría para los nombres de regalada alternativa un desafío a su continuidad en este turbulento tramo. Dio marcha atrás a su idea el técnico galo y reforzó el equilibrio sacrificando calidad. Un matiz a su filosofía sobrevenido tarde, a todas luces, pero válido como campo de pruebas relativo al rendimiento colectivo. La fluidez con pelota, cohesión sin ella y actitud marcarían, con esclarecedora vehemencia, la salud madridista en el Ciutat de Valencia y hasta la vuelta del cruce romano.


Se alzó el telón con 10 minutos de desgobierno, de tensión e imprecisiones ante el intercambio de frenesí desprovisto de coherencia. La verticalidad nubló el primer impulso de una conversación que reseñaría con celeridad la tendencia propositiva madridista y de repliegue y salida levantina. Sin embargo, antes de que el paisaje de control del tempo capitalino tomara cuerpo, el intenso despliegue local atragantó la circulación terrestre y la calma de los visitantes, hasta el punto de llamar a la puerta de Navas en dos ocasiones. Abrió fuego Morales, el faro ofensivo decisivo de su esquema. Ganó la espalda en el minuto 4 a Danilo, encaró a Pepe y sacó un centro blando que la zaga no acertó a repeler. La fragilidad confluyó en la caída del cuero en el área de acción de un Rossi, demasiado acelerado, que acertó a cruzar para el lucimiento de Keylor. Intercaló un nuevo intento el transalpino, esta vez desde la frontal y producto de una combinación granota sin oposición, aunque su lanzamiento no significó consecuencias. El episodio que inauguró las hostilidades repitió en el 8 de juego, con similar aspecto y protagonistas. El centro emitido desde el perfil diestro, que a ese minutaje ya representaba un agujero por la soledad de Nacho y la falta de ayudas de James, se tradujo en el pobre despeje de la dubitativa zaga y el remate desviado, desde segunda línea y en soledad, de Rossi.

El repiqueteo de sustos valencianos activó la respuesta madridista, que se afanó en implementar de forma tangible su anhelo de ejercer como patrón y consiguió la exclusividad del balón. La circulación, plana por la ausencia de valores que exploten el rol de la mediapunta central, se veía amortiguada por el eficaz balance defensivo local, empeñado en digerir su encierro y bascular para conducir el avance oponente al centro lateral. La volea tras saque de esquina de Lucas Vázquez que no encontró palos –minuto 12- y el chut desatinado desde larga distancia de Ronaldo –minuto 16- actuaron como símbolo del cambio de guardia. Cedió metros el sistema de ‘Rubí’, alzó su presión el Madrid –notable diligencia sin pelota de buena parte de las piezas, empezando por Borja Mayoral- y ganó peso en la trama Kroos. En consecuencia, a partir del primer cuarto de hora, la posesión horizontal conectó con el mando merengue, también posicional. La pugna se dirigió hacia las superioridades laterales de Danilo –sobre todo- y Nacho y la vigilancia tras pérdida visitante, o desconexión coyuntural en los costados que facilitaría el respiro de los locales. Éstos últimos, que yacían sin atisbo de respiro, avisaron con evoluciones por el perfil del desasistido Nacho sin arribar a cauces de remate. Pero el contrastado dominio de situación madridista no se tradujo en superación de la red de ayudas contrincante, por lo que la densidad y el descenso del ritmo global protagonizó el intervalo central de primer acto. No obstante, tan sólo un balón largo de Navas, que superó la primera línea local, y cayó en las botas de Danilo, ya en cancha ajena, rompió la pauta. El brasileño cedió para el desborde de Lucas Vázquez –tan esforzado como iluminado- que envió un balón raso rematado por Ronaldo y despejado por Mariño -minuto 18-. El luso también compareció en un cabezazo dirigido hacia las nubes cuando permanecía sólo en el segundo poste –en otra acción lateral, en el minuto 26-.

Morales, pieza nuclear de la creatividad levantina, se desperezó al borde de la media hora, cuando el Madrid aflojó el nudo en que había convertido el centro del campo. El soliloquio contemplativo amainó y los pupilos de ‘Rubi’ detectaron un paréntesis de descenso de revoluciones que le permitió, no sólo tomar oxígeno en su arrinconamiento, sino animarse a apostar posicionalmente. El chut posterior del atacante, que amortizó una superioridad en banda derecha para plantarse con perspectiva de disparo desde el pico del área -minuto 31-, dibujó el parámetro optimista del movimiento. La vertiente negativa, la del riesgo inherente al regalo de metros a la espalda de la retaguardia propia, no tardaría en aparecer, para convulsionar la recta final antes del descanso.

Respondió el Madrid a la directriz oponente con una circulación ciertamente más vertical que el compás marcado hasta entonces. Al galope de la intercalación de la perspectiva de las asociaciones arribó el primer modisco. Una parábola lateral propició el endeble despeje que tocó las botas de Ronaldo, que ajustó de volea un lanzamiento que Mariño sacó de la cepa del poste con una estirada de foto. Había alzado líneas el club valenciano como afiance del refresco de su sensación de amenaza, pero pagó el riesgo de la cesión de metros con creces: un contragolpe frenético fue interpretado por Lucas Vázquez en el enésimo número de fintas y cambios de ritmo, en una baldosa, que, esta vez sí, fructificó en algo positivo. El penalti cometido por el engatusado Orbán engrosó la mochila goleadora de Ronaldo -minuto 34-. Con más grietas y menos repliegue de la acción, Kroos chutó muy alejado desde media distancia y James buscó en el cambio de banda algo más de participación en la dinámica, y, de paso, de motivación. El Madrid no viró su hoja de ruta y trató de mantener su rol controlador por la vía de la asociación sostenida. El 0-1, que pilló inmerso en un movimiento ambicioso de ascenso táctico a los levantinos, tampoco evocó una modificación de estilo a los granotas. Y el espacio tras de sí, de la presión intensa pretendida que incomodara la placidez medular madrileña, volvió a significar una penalización instantánea. La contra madridista, que se descubrió en plena deflagración antes del desenlace del primer acto, cayó en la pieza centrada, en Mayoral, que no pensó más allá de su esencia y disparó, raso, y pegado al poste. El cuero topó en la madera y golpeó en Mariño para colarse, mansamente, en la red -minuto 37-.

La llamarada en transición de un Madrid pragmático en el uso de la pelota y serio en la activación sin ella, condicionó, como no puede ser de otra manera, el cariz de la trama. Y el apagón inmediatamente posterior, tan acostumbrado en el presente ejercicio, salpicó con un punto de inflexión el cómodo escenario dibujado casi desde el comienzo del enfrentamiento. Un balón aéreo y frontal, en el subsiguiente acercamiento, desempolvó la calamitosa concentración defensiva del seno de la retaguardia merengue. Deyverson ganó el pelotazo a Pepe, Casemiro no acertó a despejar –se limitó a lanzarse a la hierba y reclamar una infracción no pitada que desnudó a los suyos- y Rossi devolvió el esférico al extremo brasileño, que batió con clase a Navas. La enmienda levantinista interpuesta a la pegada del gigante no sólo conllevó el renacer de la igualdad desde el prisma estadístico, sino que reviró la inercia de un partido desmantelado en cinco minutos de frugalidad. Tras la apnea táctica recompuso la figura el Levante, forzando a los pupilos de Zidane a reducir su producción atacante –tan sólo un chut muy alejado de Danilo en el 42- y cerrar el trecho hasta el intermedio con una gestión templada de la posesión. Repartió el primer tiempo sensaciones positivas de camino a los vestuarios, pero el trueque de llegadas favorecía al mayor presupuesto, por argumento metafísico.




Sin embargo, no leyó ‘Rubí’ la necesidad de solidificar su intentona progresiva de crecimiento y el Levante se asomó al segundo tiempo con una disposición de presión elevada, en busca de sacar rédito del desconcierto y al recorte de distancias. El resultado fue la confección espectacular de una tormenta dispar de llegadas, de toma y daca, que quedó sin fruto. James, Nacho, Mayoral y Casemiro probaron suerte en la incipiente reanudación a través de disparos que se toparon con la zaga, con Mariño o con el desatino direccional. Deyverson, en el minuto 60, estableció la contra levantina al rematar un centro desde la cal que lamió el arco de Navas. La negación al encierro local y una mayor celeridad combinativa visitante se aliaron para componer el cúmulo de chispazos que no se extendería más en el tiempo por decisión del técnico valenciano. Casadesús y Verza entraron en escena -por un desasistido Rossi y Simao, en un intento por discutir la pelota- y el colista optó por cohesionar sus líneas de cara al último esfuerzo en pos de arrancar las tablas.

El compacto repliegue recién adoptado por el bloque local matizó la verticalidad merengue, que comenzó a disponer de menos fuelle y más paciencia creativa en estático. Trataba de constatar su dominio en la aplicación de anestesia y la espera de la aparición de la oquedad definitiva. Para eliminar el riesgo del vaivén y elevar la percepción controladora del recorrido. El movimiento elegido por Zizou confirmó su validez en dos acercamientos puntiagudos de Ronaldo. El primero, en el 65, fue gestado por la imaginación de un James ajustado a su zona de influencia. El colombiano dibujó un envío aéreo que cazó el luso para encontrar la madera, en una escena de bella factura. El segundo intento, con el Levante apostado en su tercio de cancha, culminó una circulación sosegada con un disparo terso desde la frontal que no hizo diana por poco -minuto 75-. Rubén y Kovacic saltaron al césped por razones opuestas –el levantino sentó a un vaciado Camarasa en un cambio de cariz ofensivo y el croata reforzó los pulmones de la medular visitante y tomó el relevo de un Casemiro cumplidor- y el último clasificado alcanzó dos disparos propios del agónico respingo postrero: Verza y Lerma chutaron fuera de palos y en vuelo.

La indecisión del partido con que se disparó hacia el epílogo trasladó los nervios a un Madrid que cambió a James –que sigue sin despertar- por Isco y se vio constreñido a la cesión de metros ante el decisivo ascenso de intensidad local. Quería más balón Zidane, pero la ideada claridad horizontal con pelota que permitiría al tercer clasificado cerrar el envite desapareció ante la tensión competitiva del necesitado farolillo rojo. Se granjeó una mayor jerarquía posicional el Levante por mor del mencionado repunte y las ocasiones llegaron en lógica derivación. Rubén, de portentoso disparo desde media distancia, y Medjani, que no remató cuando estaba en soledad a la salida de una jugada de pizarra, recalcaron el cariz del colofón. Navas emergió para deshacer el empuje que mermaba la resistencia de sus compañeros mientras que Jesé sustituyó a un Mayoral fundido. Dispuso el canario de un lanzamiento claro, ejecutado sin éxito, para sentenciar al pundonor granota, que detectó en Rubén a la herramienta de desatasco ofensivo.

El cansancio terminó por decantar la suerte de la solidaridad levantinista. Las fuerzas remitieron y condenaron a un club que no llegó a la orilla, impotente para argumentar una intranquilidad verdadera al meta tico. Salió a flote de su resaca un Madrid más lento en su circulación de lo deseable y mejor situado desde la perspectiva del banquillo. El gol de Isco sobre la hora, cumbre de una contra vertiginosa promocionada por la falta de fuelle local, completó una victoria práctica, que susurró un salto de página, que concluyó con molestias musculares por doquier, en cuanto a compromiso. Se complica el viaje el Levante, que sigue sin sumar de manera sólida a pesar de haber cultivado un derroche considerable, y naufraga de nuevo para condenarse a una huida a contrarreoj. Las soluciones aportadas cimentaron el serio triunfo capitalino. Ronaldo, que persiguió el gol con ahínco, carece en esta ocasión de alimento para apuñalar el nivel físico de su vestuario. Los menos habituales, con mención especial para Lucas Vázquez, sonrojaron el desempeño de algunas vacas sagradas el sábado pretérito. "La gente pide trabajo y es lo que hemos hecho", proclamó Pepe, el veterano reserva que desgasta la garganta reclamando atención partido tras partido. El sudor y los pinchazos en los gemelos, anacrónicos hasta hace dos días, se entremezclan con el hambre de los canteraros que contaminó de pasión una resaca de tolerancia prohibida. Ganó con justicia un mejor Madrid, más plomizo que cuando acumula talento pero menos retratado como equipo. Aún así, no cupieron sonrisas en este estreno de marzo.



Ficha técnica:
Levante: Mariño; Orban, Feddal, Medjani, Iván López; Simao (Verza, m.67), Lerma, Camarasa (Rubén, m.72); Morales, Deyverson y Rossi (Casadesus, m.63).
Real Madrid:
Keylor Navas; Varane, Pepe, Nacho, Danilo; Casemiro (Kovacic, m.73), Kroos, Lucas, James (Isco, m.80), Cristiano y Mayoral (Jesé, m.85).
Goles:
0-1, m.34: Cristiano Ronaldo, de penalti. 0-2, m.38: Borja Mayoral. 1-2, m.39: Deyverson. 1-3, m.91: Isco.
Árbitro:
De Burgos Bengoetxea. Mostró tarjeta amarilla a los locales Simao y Rubén García y al visitante Lucas Vázquez.
Incidencias:
19.725 espectadoresacudieron al partido correspondiente a la vigésimo séptima jornada de la Liga BBVA, disputado en el estadio Ciutat de Valencia.
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