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EL TEATRO EN EL IMPARCIAL

En el oscuro corazón del bosque, de José Luis Alonso de Santos: la dimensión mágica de la vida

(Autor: Sergio Parra)
(Autor: Sergio Parra)

El prestigioso dramaturgo nos regala una brillante pieza revestida de fábula, que esconde sorpresas en su trama, a la par que nos va descubriendo una honda reflexión a través de dos historias paralelas. La primera protagonizada por unos singulares felinos, magníficamente interpretados por Manuel Galiana y Luisa Martín.

En el oscuro corazón del bosque, de José Luis Alonso de Santos

Director de escena: José Luis Alonso de Santos

Intérpretes: Luisa Martín, Manuel Galiana, Marta Guerras, Mariano Estudillo y Pedro Miguel Martínez

Lugar de representación: Matadero /Naves del Español (Madrid)

Por Rafael Fuentes

José Luis Alonso de Santos ha dotado a En el oscuro corazón del bosque del semblante de una fábula, de un apólogo, de un cuento de hadas. Pero de un cuento de hadas con una honda reflexión para adultos en la que se muestran dos ritos de iniciación entrelazados en dos historias paralelas. Una la de la pareja de gatos que han vivido toda su vida en una casa de campo declarada ahora en ruinas y en vías de demolición, y la otra la de dos jovencísimos humanos encargados de recoger y trasladar los muebles de la mansión. El tono naíf de ambas parejas es solo un recurso del dramaturgo para introducir su mirada humanitaria, compasiva y fraternal ante los dos ritos de iniciación contrapuestos que vamos a presenciar.

La pareja del Gato Viejo y la Gata Vieja está formada por animales con características, como es obvio, eminentemente humanas, con arreglo a ese modelo de animales antropomórficos que transgreden las fronteras entre los real-verosímil y lo fantástico-ficticio, mezclando ambas universos en una aleación mágica que se remonta a las parábolas más antiguas, modernizadas genialmente por Cervantes en su Coloquio de perros, quien abrió camino al animal antropomórfico contemporáneo de Kafka o Kipling, o bien a los más próximos en nuestro idioma de Borges, Cortázar, Monterroso, Reinaldo Arenas, o Roberto Bolaño. En el oscuro corazón del bosque estamos, pues, en un cervantino “coloquio de gatos” que nos permitirá ver más verdades sobre el alma de los hombres que si los protagonistas fueran estrictamente personas.

Si nos centramos en la pareja de gatos, veremos de inmediato que, pese a su nombre genérico -Gato Viejo, Gata Vieja-, ambos trascienden el prototipo de animales con una unívoca personalidad plana, como en otras obras del pasado en que encarnaban virtudes o defectos globales: la astucia, la avaricia, la arrogancia. O tipos sociales, como cerdos equivalentes a políticos corruptos, ratas consideradas obreras explotadas, o perros haciendo de individuos ingenuos. Ahora, en cambio, en esta pieza de Alonso de Santos, los gatos han vivido como sirvientes de los humanos y pueden representar, en términos amplios, a las capas humildes frente a los poderosos. Pero más allá de este paradigma, los dos protagonistas tienen una personalidad propia, una historia particular, unas expectativas singulares. Para dejar este punto claro, el dramaturgo muestra desde el inicio de la obra al Gato Viejo sentado bajo un árbol cargado de flores -importante factor del decorado escénico-, deleitándose con las más altas cimas del pensamiento y el arte humanos, escuchando un adagio de Mozart y absorto en la lectura de las Meditaciones, de Marco Aurelio, dos referentes de José Luis Alonso de Santos, quien nos avisa de que ambos autores estarán indirectamente presentes en la pieza como dos personajes más.


El pensamiento estoico de Marco Aurelio será, en efecto, una valiosa guía para conocer y valorar la vida interior del Gato Viejo, su drama interno y su notable evolución sentimental e ideológica en el transcurso de la trama. Mozart ocupa un lugar no menos significativo. Los compases de su música se van escuchando en instantes estratégicos del drama, insinuando claves de su sentido y alcance. Oímos acordes de Don Giovanni, de Zaida, y sobre todo irrumpen tácticamente fragmentos de La flauta mágica. Algo sustancial, ya que conforme avanza la obra se va presintiendo que En el oscuro corazón del bosque se desarrolla precisamente como un contrapunto de La flauta mágica, de Mozart, una melodía paralela y armónica con la genial creación del músico austriaco. Si seguimos con atención las intersecciones de la ópera de Mozart en la pieza de Alonso de Santos (junto a las reflexiones de Marco Aurelio), obtendremos una más clara percepción interior del desarrollo del conflicto dramático.

En un primer instante, Mozart y Marco Aurelio son solo el motivo circunstancial de una viva disputa entre la Gata Vieja y el Gato Viejo, un móvil a través del cual se muestran sus contrapuestas cosmovisiones ante los acontecimientos. La casa donde viven va a ser destruida. A la Gata le enerva la parálisis de su pareja y le enfurece que tanto el estoicismo de Marco Aurelio como la belleza melódica de Mozart le sirvan a su pareja para pertrecharse en una fría y despectiva serenidad. Que una casa vaya a ser derribada -más aún a partir de 2008, cuando se escribió la pieza-, evoca simbólicamente muchas cosas: una vida que se acaba, un ciclo vital o social que se consume, un orden político en ruinas, una época que llega a si fin, otras numerosísimas cuestiones análogas y quizá todas ellas juntas. La Gata exige una reacción, una rebelión, una resolución. Obviamente no se trata de una discusión ideológica, y la obra nos irá desvelando en su avance la lucha vital que subyace en esa disputa. Por primera vez, el Gato, frente al hostigamiento de la Gata recurrirá a Marco Aurelio y sus sabias sentencias como escudo protector de su aparente indiferencia, leyendo en las Meditaciones: “Marco Aurelio dice «cumple cada acto de tu vida como si fuese el último de tu existencia: sin precipitación, sin pasión que te impida escuchar la razón, sin hipocresía, sin amor propio y sin indignación contra el destino.»”

Parece, a primera vista, que se tratase de un discípulo aventajado del programa estoico de Zenón, Séneca y Marco Aurelio, basado en el “soporta y renuncia”, y en la aceptación imperturbable del destino. Pero la acción nos revelará que esas palabras están recitadas, pero no son auténticamente sentidas, con lo que el combate en el corazón de este felino ya adquiere un carácter humano que rebasa la simple alegoría de una fábula para orientarse a un caso individual, singular, único. Quizá por ello el actor Manuel Galiana interpreta sin ningún rasgo esperpéntico a este Gato Viejo. Si el texto del diálogo no nos lo indicase, nada nos haría adivinar que es un felino. La interpretación de Galiana es soberbia, barajando magistralmente el doble plano de la aparente impasibilidad externa y la tormenta -y el tormento- interior de su personaje.


Le da la réplica Luisa Martín, con una actuación no menos sólida desde el interior femenino de su personaje, aquí sí adornado con leves pinceladas de gestos felinos. Su Gata encarna la persistencia, la intuición sentimental, la compasión, las dotes para la empatía y la gestión de las heridas pasionales, y pese a sus impaciencias, también personifica una inquebrantable lealtad. Esta se pone a prueba con la irrupción del Gato Azul -¿quizá bautizado así por el “Gato Azul de la Rusia”, felino casero inusualmente dócil en la convivencia con los humanos?-, zalamero, adulador, obsequioso. El actor Pedro Miguel Martínez extrae de él toda su carga cómica y esperpéntica en un espléndido trabajo gestual. Tal como se insinúa sentimentalmente a la Gata y le invita a dar un placentero paseo, escuchamos la melodía del quinteto “Hm, hm, hm” de La flauta mágica. No es una elección azarosa. Estos “hms”, que indican palabras masculladas, o, mejor aún, pensamientos vehementes ante los que es preferible mantener la boca cerrada, apuntan en primer término a los celos del gato protagonista por la llegada del Gato Azul. Pero más allá de este sentimiento puntual, los “hms” indican algo más sustancial que un despecho transitorio. En La flauta mágica, que oímos en escena, este pasaje relata cómo el príncipe Tamino descubre de qué modo Papageno ha sido castigado a no hablar, con un candado en la boca, por orden de la Reina de la Noche a través de sus Tres Damas, quizá las tres mensajeras de la muerte clásicas. Papageno no puede comunicarse, solo gruñe: “Hm, hm, hm.” De igual modo que el Gato no consigue, no tiene la destreza o no se atreve, a revelar sus secretos más profundos, que permanecen sepultados torturándolo en secreto. Vive otro autocastigo que le obliga a llevar un candado psicológico en su boca.

Es bueno prestar atención a este paralelismo, pues no es un adorno, pese a la belleza de las melodías de Mozart, sino una indicación que desvela un trasfondo insospechado. En el transcurso del drama iremos descubriendo cómo las relaciones de los gatos -las clases humildes- con los dueños de la casa, las clases dominantes, no han sido precisamente idílicas. Han tratado con desprecio vejatorio a los sometidos y estos, especialmente el Gato, han buscado una venganza indirecta, que trae la desgracia y la ruina de la casa. La parábola social y moral se va completando, conforme constatamos la soberbia y los ultrajes de unos hacia los otros, incluyendo también los del Gato hacia el Ratón. El Gato Viejo arrastra esa carga de heridas y culpas que convierten su corazón en un lugar peligroso. En su lectura constante de las Meditaciones, de Marco Aurelio, parece haberse saltado pasajes, no por casualidad, tan relevantes como este: “En el pensamiento de una hombre disciplinado y purificado a fondo no podría haber nada purulento, ni manchado, ni supurando bajo la costra.” Y en efecto, habrá un fondo infectado en su alma, un desequilibrio tortuoso que la armonía deslumbrante del músico de Salzsburgo no conjura, sino que más bien encubre.

Bajo la persona enmascarada tras el Gato, hay recuerdos ponzoñosos, úlceras hirientes, ofensas infames, virulentas culpas. La obra sorprende al espectador según se van mostrando esas insospechadas llagas amordazadas. El título de la obra se vincula a ese universo oculto que se desvela. Desde los cuentos infantiles, desde el teatro de Séneca o de William Shakespeare, el “bosque” se liga a los peligros de las pasiones descontroladas. Y esas pasiones peligrosas se hallan en primer lugar enterradas en las entrañas del protagonista, constituyendo ese amenazador bosque de pasiones.Es en su propio interior donde está inicialmente el “oscuro corazón del bosque” al que alude el título. De nuevo, la correspondencia con La flauta mágica resulta esclarecedora. Es conveniente recordar que en esta última, los protagonistas se encuentran en un nocturno y siniestro paraje dominado por la Reina de la Noche y su propósito es alcanzar el reino de la luz haciendo uso de herramientas sobrenaturales. Es el mismo recorrido que habrá de realizar el protagonista de En el oscuro corazón del bosque, situándose ambas obras en lo que en la cultura vienesa de la época de Mozart se conocía como Zanberstück (traducible como “pieza mágica”). Así, las dos se inscriben por igual en ese ámbito de lo mágico teatral.

Cuando la Gata se marcha con el Gato Azul, y se cierne la amenaza de una infidelidad, oímos las palabras germanas de La flauta mágica: “¡Solo Pamina no aparece! ¡Pamina! ¡Pamina! ¡Escucha, escúchame! ¡Es inútil!” Y cuando el proceso de iniciación al reconocimiento de la verdad interior, que la Gata ha propiciado en su pareja, se consuma y se reconocen los sentimientos que lo envenenaban interiormente, oímos estas otras de la misma ópera: “El brillo del Sol expulsa a la sombría noche. / Pronto el noble joven sentirá una vida nueva. / Su espíritu es audaz, su corazón es puro, / pronto será digno de nosotros.” Parece que la doble iniciación para acceder a la luz y a la verdad ha acompasado en ambas obras sus tiempos. Solo cuando su corazón se ha purgado, pueden afrontar los peligros del “bosque exterior”. Y dejar, en una deliciosa imagen, las Meditaciones, de Marco Aurelio, en un banco, con una irreal iluminación y un paraguas trasparente que protege al libro de la lluvia, listo para el próximo lector que necesite su sabiduría. Ahora sí se han cumplido sus máximas y el rencor, el resentimiento y el odio han sido expiados.

Al final del trayecto, sí parece confirmarse que la música y la filosofía estoica se habían empleado de forma errónea como un parapeto artificial. El gran árbol, y el gran banco bajo las ramas de ese árbol, en torno a los que gira la acción, dejan de tener sentido. El banco con el irónico aspecto de una poltrona de emperador romano -como Marco Aurelio- ya no es útil cuando el ego inflamado del protagonista deja paso a una auténtica reconciliación consigo mismo. Del mismo modo se alejará del frondoso árbol cuajado, no de hojas, sino de flores rosa, con un desproporcionado tamaño, que siembran el suelo por donde caminan de quiméricos pétalos. El protagonista se había envuelto en un universo color de rosa, para no admitir sus verdaderas emociones, y cuando las reconoce y emprende un camino de autenticidad, debe abandonar ese ilusorio árbol de flores sonrosadas.


Al igual que La flauta mágica, que basa su estructura en los populares singspiel o spieloper, es decir, operetas cómicas en la tradición germana, En el oscuro corazón del bosque presenta también una segunda acción festiva análoga a la que protagoniza Papageno en la ópera de Mozart. Ahora ese rol se le otorga a “Cara triste”, que en el desarrollo de la trama se transformará en “Cara alegre”, junto a su compañero “Cara de ángel”. Esta pareja esconde otro misterio cuya revelación da paso a otro aprendizaje y ritual de iniciación. En este caso se juega con el tradicional esquema circense del “Payaso listo” frente al “Payaso tonto”. Aquí la pieza de Alonso de Santos se torna bufa, ocurrente, chispeante, llevándonos a una hilaridad cruzada de lirismo. Donde acaba la historia de una pareja, se inicia la trayectoria de la otra, vinculándose a través de esta circularidad. Ambas juntas configuran una ceremonia del ocaso y la inmediata renovación del mundo, conectando con los rituales más primitivos de la humanidad. Algo que se reitera, también, en el ámbito de los intérpretes. José Luis Alonso de Santos ha dado, en su vida teatral, la alternativa a numerosos actores jóvenes que se consagraron al interpretar sus textos. Este es el camino que parece seguir Mariano Estudillo -que ya ha trabajado a las órdenes de Darío Facal, Magüi Mira y Julián Fuentes Reta-, quien lleva a cabo un espléndido trabajo gestual, y Marta Guerras, que despliega un amplio abanico de aptitudes y registros para consolidar una brillante trayectoria como actriz.

Con En el oscuro corazón del bosque se viene a completar un puzle.En los últimos años, los escenarios han permitido disfrutar de un retrato más íntegro de los perfiles menos conocidos de un autor ya tan reconocido y prestigioso como José Luis Alonso de Santos. Para un público no muy atento está básicamente vinculado a la brillantez de la comedia y sus inigualables diálogos populares. Así en La estanquera de Vallecas, Bajarse al moro, Dígaselo con valium, o las obras cortas de Cuadros de humor y amor al fresco, piezas todas memorables pero que no agotan la heterogeneidad de su teatro, al que no cabe medirlo solo con el paradigma de lo cómico.

En la última década, por el contrario, las puestas en escena de sus obras han dibujado mucho mejor la diversidad real de su teatro: la mezcla de géneros en La cena de los generales, la tragicomedia carnavalesca en Los conserjes de San Felipe (Cádiz 1812), el teatro realista en En manos del enemigo, el lírico drama simbólico en En el oscuro corazón del bosque… Toda la polifonía teatral de Alonso de Santos vista en un corto periodo de tiempo, rompiendo cualquier estereotipo. Como afirmó el dramaturgo la noche del estreno en Madrid de En el oscuro corazón del bosque, tras subir al escenario a instancias de los aplausos del público: “No hay mayor felicidad para un autor que ver sus sueños hechos realidad.” Un placer compartido con los espectadores. Pero quedan pendientes otros sueños. Otras muchas piezas con abundantes facetas, tonalidades y matices teatrales aguardan todavía pasar del estado sonámbulo del texto a la mágica vida real sobre las tablas: no esperemos una década más.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2633 | Quique - 07/04/2016 @ 09:35:23 (GMT+1)
    Si maravillosa es la obra, no menos son sus reflexiones por debajo de los matices que aparentemente comenta en su crítica.
    Gracias por iluminarnos aún más los que hemos tenido la suerte de ver esta propuesta escénica
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