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DESDE ULTRAMAR

América Latina impasible frente a Trump

Peligrosamente impasible, cabe decir, y sin la esperanza de contar siquiera con un plan B hacia Trump. Así diviso a la región latinoamericana frente al mandatario yanqui. Mientras Europa o Japón reaccionan ante Trump, la región aparece calladita. Deplorable, más que desconcertante. Porque se juega su futuro más callando que actuando, por si se mal piensa que más vale no actuar o pronunciarse.

Acaso no sé si va impasible o indiferente. Ambas posturas son inadecuadas y riesgosas. Dudo mucho que la región vaya expectante y desde luego sí que va a la saga de Trump, como esperando a que ruja para moverse. Los países de la región latinoamericana –digamos, sus gobiernos– parecen absortos y muy tibiamente vigilantes de los pasos de Trump. No sé si no se han despabilado y aún no se enteran de que se acabó la fiesta de Obama y de que estamos ante una gravedad mayúscula, nada comparable con los aturdidos años de Bush. Pero sería conveniente que reaccionara. Y tal vez ya no estemos en esos años en que Estados Unidos al meterse en Oriente Medio, dejó en paz al vecindario.

Sería un error garrafal suponer que es solo México el que tiene un problema con Trump y no merece atenderse el asunto. Cuidado, porque no es así. En México, y como nunca, nuestras calles están atiborradas de migrantes limosneando ayudas mientras atraviesan el país, en tanto sus países de origen miran hacia otro lado, externan tibias preocupaciones por un muro que taponearía el traslado de su excedentes poblacionales y además, sostienen un discurso de que ya todo está bien en ellos y no hay motivos para migrar. La realidad es terca y los desmiente. Más valdría cerrar filas y plantarle cara a Trump, que amenaza a la migración y al comercio regionales y no solo de México.

Lo cierto es que la región latinoamericana ha sido tibia frente a Trump, perdiendo la ocasión de mostrarse más firme frente a un Trump que tampoco parece haber mostrado mayores cartas hacia nosotros. Ni siquiera con Cuba. No ha expulsado al embajador cubano, cosa que yo pensaba que sucedería en el primer minuto de su gobierno, dadas las frecuentes advertencias de exigir los cambios en derechos humanos que a juicio de Trump, Cuba no ha efectuado. Tampoco anda en escarceos buscando ya aliados en la región, como lo hizo Estados Unidos con Argentina en los años de Menem y con Brasil en la década pasada.

Cuando hace unas semanas se reunió el mecanismo de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) a la que no acudió Peña Nieto por quedarse a esperar un primer golpe de Trump a México –que sucedió, pero no como se temía– la región hizo un pronunciamiento muy tibio, sin referirse en su declaración final a la pugna entre México y Estados Unidos ni fijando un posicionamiento claro frente al país del norte. Fue decepcionante, pero no sorpresivo.

Yo no espero un apoyo abierto y decidido a México. Sí apelaría a dos cosas: 1) a que se comprenda que un golpe a México lo será inevitablemente a todos y 2) que más les vale ver el tema de una confrontación con México tal como la que taponeará sus migrantes a Estados Unidos vía México, significando un problemón para sus economías, pudiendo anticipar una escalada de intervencionismo, contra el que no servirán mucho Correas, Ortegas y demás herederos de un chavismo que desde la murete de Chávez, perdió impulso y presencia. No sé si sería pertinente hoy un Chávez redivivo. Un dictador jamás es pertinente, pero desde luego que hoy no hay quien aquí plante cara a Estados Unidos.

El pasmo, acaso el impase con el que la región ha recibido a Trump, es llamativo. Sí, en efecto, Trump no ha venido a posicionarse como dueño de las Américas –de momento– ni ha lanzado como tal una amenaza continental. Pero la candidez o la indiferencia de los vecinos del sur no es una respuesta adecuada y por mucho. Más firmeza hubiera sido lo pertinente. Tanta tibieza solo demuestra su vulnerabilidad y lo que siempre sospechamos muchos: elegir gobiernos de izquierda jamás supuso crear ni un frente anti Estados Unidos ni se trabajó por independizar aun más a la región frente a tales. A lo más, algunos apostaron por China. Hoy está en crisis. Menuda forma de concebir quitarse a los yanquis de encima para arrojarse a los brazos de los chinos. En su choque con EE.UU., China ha dicho que apoyará a México, pero usándolo como moneda de cambio por Taiwán. Mal hará el gobierno Peña Nieto si permite que nos usen cual piezas desechables de ajedrez.

Finalmente, lo reitero: desconozco qué espera la región, pero desde luego, no tomar la iniciativa es dejar la cancha libre a Trump y ha perdido una oportunidad de órdago de sentar las bases de una nueva relación, esperando a que Washington marque la pauta ante la ausencia de su iniciativa, que deja por los suelos los vociferantes discursos de unidad e integración de la década pasada, que a la hora de la verdad quedan en nada.

Regresando a la CELAC, sus miembros siquiera en la Declaración de Punta Cana de 2017 se han referido a Guantánamo en su punto 11, al tiempo que aplaudían el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos:

“Reiteramos nuestro compromiso con el fortalecimiento de mecanismos que permitan prevenir, detectar, sancionar y combatir la corrupción, mejorar la eficiencia y la transparencia en la gestión pública, promover la rendición de cuentas en todos los niveles, así como la participación ciudadana en la fiscalización de asuntos públicos y el acceso a la información conforme a las legislaciones nacionales y convenios internacionales suscritos por los Estados”

Y en el punto 50 precisaron:

“Saludamos la decisión de algunos gobiernos de eliminar políticas migratorias discriminatorias y selectivas que afectan los flujos migratorios en la región, así como insta a la eliminación de mecanismos de esta naturaleza en concordancia con la declaración Especial sobre Migración y Desarrollo.”

Y pare usted de contar. Ya le digo: la CELAC como expresión colectiva de la región latinoamericana fue algo timorata frente a la llegada de Trump, expresando en el discurso de sus asistentes la viva preocupación por frenarse a los migrantes, pero absteniéndose de asentarlo en su declaratoria final. Yo no puedo más que recordar aquí nuevamente las palabras del prócer cubano José Martí, sentenciando: “(Si frente al irrefrenable empuje de los EE.UU.) caen México y Cuba, el resto caerá como naipes por carecer de medios para afrontarlos”. De manera tal que los demás países del continente más vale que se pongan a hacer los deberes y cierren filas de manera contundente e indubitable. O vamos juntos o nos colgarán por separado. Así de fácil como de sencillo y de cierto. Hay Historia como para afirmarlo.

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