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POCO A POCO

Rusia y los hechos alternativos

El cerco sobre el presidente Trump empieza a ser cada vez más estrecho. Las sospechas de que la victoria del magnate en las pasadas elecciones del 8 de noviembre se pudo haber logrado gracias a injerencias del Kremlin se van tornando cada vez más en sólidos indicios y la sombra de un proceso judicial se cierne sobre el Despacho Oval.

En lo que puede ser el mayor escándalo político desde el caso 'Lewinsky', a la altura del mismísimo Watergate y, de encontrar evidencias, motivo de sobra para un impeachment, el director del FBI ha hecho oficial este mismo lunes el inicio de una investigación para esclarecer dichas acusaciones.

La sola idea de que una potencia extranjera, en colaboración con ciudadanos estadounidenses, ni que decir si uno de ellos es el actual presidente del país, haya podido meter mano en unos resultados tan polémicos dan buena cuenta de la gravedad del asunto. Y como la historia nos ha demostrado, a la hora de hacer justicia, al otro lado del charco, no les duelen prendas en encausar incluso al más ilustre de sus ciudadanos.

No sólo estamos hablando de manipulación electoral. Es que la cosa no queda en una mayúscula mentira. Hablamos de alta traición. Hablamos de poner la democracia de la primera potencia mundial en manos de un rival directo por la supremacía geopolítica mundial. Hablamos de vender la esencia sobre la que se construye la identidad nacional.

Trump y su camarilla de iluminados se esconden tras los tristemente famosos "hechos alternativos" para acusar a fantasmas y tejer una madeja de paranoia alrededor de sus propios pecados. Es inadmisible la situación, por más que el presidente considere que son los medios de comunicación no afines o sus propios servicios de inteligencia los que le quieren hacer la cama. La cama se la han hecho ellos mismos al traicionar todo aquello sobre lo que se asienta Estados Unidos.

Ya tuvo que dimitir a mediados del pasado mes de febrero el asesor de Seguridad Michael Flynn después de que esos medios de comunicación "antipatriotas" lograran certificar los sobornos rusos a los que se prestaba a cambio de susurrar al oído del presidente. Habida cuenta del papel que jugaba Flynn en el estrecho círculo de colaboradores de Trump ya da para, como mínimo, pensar mal.

Pero es que tanto la NSA como el FBI y la CIA, tres agencias de recorrido y peso, señalan a la candidatura de Trump como una mera marioneta del Kremlin, que también habría tenido algo (mucho) que ver en el espionaje que sufrió la candidata demócrata, Hillary Clinton.

Mientras, la actual administración se enfrasca en mentir y mentir y mentir. La mentira como arma política, da igual si está más o menos sustentada porque con los "hechos alternativos" todo vale. La última en venirse abajo, si es que cogió algún vuelo, es la de que Obama puso escuchas telefónicas durante la campaña para espiar al magnate valiéndose de Reino Unido.

Sin embargo, ya puede venir el mismísimo Sursum corda a decir lo contrario que Trump y su horda de fanáticos seguirán en sus trece y rajando la democracia estadounidense en canal. Seguirán iniciando fuegos dentro y fuera de Estados Unidos y arrasando con todo a base de pervertir la realidad. Y es que no hay nada más peligroso que alguien que se cree sus propias mentiras. Bueno, sí, un inconsciente incapaz de calibrar el terrible daño que hacen las mismas. Ese es Donald Trump.

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