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    24 de noviembre de 2014

La fuente de don José

No sé si ustedes sabrán que al filósofo José Ortega y Gasset, pese a que por ser español le va a costar bastante más que a algún coetáneo suyo francés o alemán aun de obra menor ocupar su sitio en la historia del pensamiento, algún ángel también se le aparece; y se ha hecho con la calle de Madrid donde se han ido estableciendo las tiendas de moda internacionales. Con lo que, a propósito de Dolce y Gabana, suena por el mundo Ortega y Gasset. Así es la vida y bien está lo que es.

Antes de esta afortunada coincidencia, su hija Soledad hace casi treinta años consiguió reunir el archivo y la biblioteca de su padre y que el Ministerio de Educación cediera un bonito edificio con jardín en el centro de Madrid para cobijarlos. Y así se establecieron la Fundación y el Instituto Universitario José Ortega y Gasset, puntos de encuentro desde entonces de estudiantes e investigadores.

Con todo, el jardín tenía una fuente sin funcionar que, pese a su belleza decadente y no es por lo que digan los chinos y su feng shui, le privaba del aire vital propio de su titular. La fuente se ha arreglado, el jardín ha despertado y a los trabajadores nos da por pensar con alegría, al toparnos con este símbolo de vida, que oportunidades nuevas están viniendo para don José, la casa y todos los que la miramos.

De momento, don José va por su tomo VIII de Obras Completas, está proyectada la rehabilitación de la casa y la copa de fin de curso del jueves se ha celebrado con unas pantallas de televisión para que los fieles invitados no se perdieran el fútbol. La moral del futbolista tan puesta de ejemplo por Ortega para hacernos entender la vida de temple ascendente, el esfuerzo con gusto por el puro lujo de disfrutar en el propio ejercicio, ha entrado en su jardín mientras la fuente corría patriota y universal.
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