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    28 de julio de 2014

LA ENÉSIMA “SEGUNDA MODERNIZACIÓN”

Recién reelegido secretario general de los socialistas gallegos, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, anunció el pasado fin de semana, en su poco original discurso de clausura del undécimo congreso del PSdeG-PSOE, una segunda modernización de Galicia como objetivo fundamental para un hipotético segundo mandato al frente del Gobierno autonómico tras las elecciones que, según los cada vez más crecientes rumores, podrían estar más próximas de lo previsto.

Dando la razón a los muchos que le achacan una evidente falta de gancho ilusionante, Touriño vino a prometer, en realidad, la enésima “segunda modernización” de Galicia, de la que ya se hablaba, y por la que ya se trabajaba, en las dos últimas legislaturas de la era Fraga. No sé qué maldición tenemos los gallegos que nos impide acelerar de una vez y pasar de la primera.

Cualquiera que haya conocido de cerca la evolución de esta tierra en la década de los noventa deberá reconocer que los “pilares cimentados” que, en su discurso congresual, atribuyó Pérez Touriño a su Gobierno, se pusieron en realidad en aquellos años en los que él y su partido estaban en la oposición. Autovías, autopistas, telefonía, electrificación, desarrollo del turismo… esos fueron los verdaderos pilares, la verdadera primera modernización de esta Comunidad, y su cimentación no fue, desde luego, obra de los socialistas, que pusieron contra ella toda la resistencia que fueron capaces. Ahora la resistencia es a reconocer la realidad. Para los socialistas, nada se hizo hasta que ellos llegaron al poder. Antes de ellos, el vacío. Y por ello, después de tres años de teórico progreso, retrocedemos unos cuantos más para situarnos, de nuevo, en la antesala de la “segunda modernización”. Vuelta a empezar.

Y es que, en realidad, ese no es el verdadero objetivo de Touriño y los suyos. Lo que de verdad les interesa, tal como dijo también el presidente de la Xunta en otro momento del congreso, es hacer del PSOE la primera fuerza de Galicia, o sea, “ganar al PP”, y qué mejor que empezar por hacer como si ese partido y su obra no hubieran existido nunca. No parece esa una estrategia muy acertada, teniendo en cuenta que la diferencia de apoyo ciudadano a una y otra formación es aún muy amplia a favor de los de la gaviota. Y sabiendo, como sabe muy bien Touriño, que las posibilidades que tiene de seguir sentado en la Presidencia de la Xunta se apoyan en una inmensa medida en volver a pactar con los nacionalistas del BNG. Esos compañeros de Gobierno y de conveniencia a los que el reelegido secretario general del PSdeG alabó en público en el congreso momentos después de que, a puerta cerrada, dijera de ellos que no trabajan para todos los gallegos, que “miran el carné” a la hora de gestionar los intereses públicos y que han establecido una “red clientelar” desde el poder. He ahí el verdadero reto de los socialistas: mantener el matrimonio con tan incómoda pareja. Menudas expectativas para afrontar una modernización de esta Comunidad, la segunda o la que sea.
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