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    24 de octubre de 2014

BAILANDO CON LOCOS

No se sabe si el guru Osho era buen bailarín, pero en su centro de meditación de Puna, tiene al personal todo el día bailando. Desde la meditación de las 6 de la mañana que acaba con 15 minutos de baile de celebración, hasta la noche, toda ocasión se aparece propicia.

Todos los cursos empiezan por ahí. Antes de empezar a hablar, se baila en grupo a palo seco un rato, y luego se agrava la cuestión bailando de dos en dos mirándose a los ojos, cambiando de pareja, hasta haberse mirado todos. Por si fuera poco, en cuanto se sorprenda uno siguiendo un patrón, esto es, un pasito socorrido más o menos discreto, tiene que cambiarlo. Se trata de dejar el cuerpo libre y suelto para que haga lo que le apetezca. Y hay que ver al cuerpo del personal menos encorsetado lo mucho que se le antoja...Y ahí no acaba la cosa, porque también conviene relajar la cara con lo que se suma el poner “carituelas” al compañero a la par, claro es, de ver las suyas como si tal cosa.

La música es animosa, da para entonarse y cambia sutilmente con frecuencia de ritmo. Cabe hacer una improvisada teoría del buen “dj”, como aquel que sin cortes rompe el ritmo para que cada cual tenga que encontrar cada poco un movimiento distinto, frente al que pone un monótono “tuntun” diluyendo a cada cual en un compacto rebaño.

Esto, con el proposito de fondo de unirse, de hacerse un “Zorba el Buddha”, de ser a la vez el que actúa y el que medita; de actuar en el exterior desde el interior siendo espectador de los propios actos. Los resultados están, desde luego, por venir. Los que vienen de momento, y parece mentira, son unos cuantos miles de todo el mundo, edad y condición, que, por uno u otro motivo, le han visto las orejas al lobo y le han dado un alto a su vivir entre lobos para bailar entre locos.
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