cabecera
    23 de noviembre de 2014

De vacaciones

Ahora en vacaciones, en un sitio distinto, haciendo cosas distintas con gente distinta, se comprende lo que ya han visto y escrito muchos hace mucho: que el exterior no existe; que el exterior, y parece mentira con lo evidente que se nos aparece, es propia creación. Esto se comprueba al vivir en este submundo veraniego una especie de vida en pequeño con los mismos gustos y disgustos que en la vida grande.

Una, sin darse cuenta, se ha traído sus viejas creencias con las que interpreta cuanto collar distinto se le pone por delante, y así no pueden resultar mas que también viejas conocidas situaciones y sensaciones. Y es que en el plano material, todo se aparece polarizado en bueno y malo, y de ahí los gustos y disgustos. Sin embargo, desde el plano espiritual, todo es perfecto tal como es, pues por un lado no somos más que conciencia; y, por otro, las experiencias son estupendas oportunidades de aprendizaje. De ahí que se repitan una y otra vez hasta que las superamos, esto es, hasta que tomamos conciencia de ellas.

Todo es perfecto, pues. Bien tranquilos podemos estar. En primer lugar siendo tal cual somos, que es cosa que concierne a Dios o a quien nos hiciera que así lo quiso; y en segundo lugar, con las circunstancias que nos salen en el camino, pues sean las que sean son ayudas para ser el que somos: conciencia. Así, se nos recomienda pensar en la naturaleza, pensar en que a ninguna rosa se le ocurre querer ser flor de loto ni tampoco echarse a correr.

De modo que si dejarnos ser y dejar que pase lo que tenga que pasar es la única posibilidad, cuanto antes lo permitamos mejor, pues más esfuerzos, idas y venidas, si no vidas –como se cree por aquí-, nos ahorraremos.
Compartir en Meneame